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Los secretos del libro rojo, el triste álbum de los niños de Armero

Sus páginas revelarán la verdad de 250 niños que sobrevivieron a la avalancha.

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05 de mayo 2013 , 11:12 p.m.

Guardado en un anaquel del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) en Ibagué ha reposado durante décadas un libro rojo, prácticamente olvidado, con las historias de 250 niños que lograron salvarse de la tragedia de Armero. Más que un simple registro de estos niños, su contenido se ha convertido en una obsesión para un grupo de padres que aún busca a sus hijos perdidos desde cuando un ‘tsunami’ de barro se tragó ese municipio tolimense en la noche del miércoles 13 de noviembre de 1985.

El libro, que ha estado bajo reserva legal y cuyo contenido está muy cerca de descubrirse, ha sido durante años una especie de ‘Santo Grial’ para estas familias. Con los nombres y la información que hay en cada folio se puede al menos cruzar datos, tirar de una pista o, incluso, algunos padres tienen la ilusión de encontrar a su niño perdido, quien, de ser así, tuvo que haber crecido en una familia que no era la suya. (Lea también: 'Se reabrirán los archivos para conocer qué pasó en Armero': Icbf )

Buena parte de las 250 hojas del libro fue escrita por Elsa, como se dice llamar esta mujer, quien trabajaba en ese entonces como defensora de familia del Icbf en Ibagué cuando el volcán del Nevado del Ruiz hizo erupción y olas de lodo y piedra bajaron por la montaña hasta sepultar -en un trozo de noche- a 25 mil almas. Del pueblo, a menos de una hora de Ibagué, pocas cosas quedaron en pie: solo un par de paredes y el segundo piso del hospital, que durante años se vio enterrado en el suelo, de medio lado, como si hubiera vivido un naufragio que nunca se consumió.

De lo poco que se sabe de este libro, cuya pasta es roja y que tiene una franja negra al costado, es que contiene decenas de formatos del Bienestar Familiar de la época llenados con esfero azul y negro. Algunas páginas están amarillentas, pero son legibles. En la mayoría de los casos aparecen fotos instantáneas de los menores, tomadas con polaroid, y pegadas en las páginas con cinta de enmascarar. Algunos aparecen sentados solos en butacos de madera mirando la cámara de frente o de medio lado. Otros, los más pequeños, aparecen acostados, con pañales y entre mantas. Este ‘álbum’ de los niños de Armero, el cual compiló Elsa, es, hoy, 27 años después, una de las claves para reconstruir la historia no contada de la tragedia. (Lea además: Francisco González, el hombre que 'reconstruye' Armero)

De fábulas y otras versiones

Elsa confiesa que la avalancha le dejó secuelas. Al ver la cantidad de niños rescatados que empezaban a llegar a Ibagué, solos, confundidos y algunos de brazos, que solo balbuceaban, lo primero que hizo al llegar a su casa fue ubicarles y contarles los lunares a su hija de pocos meses de nacida, pensando en el momento futuro e hipotético de que se perdiera.

Esta mujer, quien para esa época llevaba no menos de una década en el Instituto y aún hoy se reúne con sus compañeras para hablar de lo que fue la tragedia que sacudió al país, cuenta que durante varias semanas atendió todos los días en la sede del Icbf de Ibagué a una mujer que apenas podía caminar y que se recuperaba en el hospital de la ciudad de sus heridas, quien preguntó incesantemente si había llegado su hijo desde Armero, algo que nunca ocurrió. Recuerda, también, que en su despacho, meses después de la erupción, recibió la triste carta de una mujer que agonizaba. En ella le escribió como su último deseo que se encargara de su hijo que sí logró sobrevivir a los fuertes golpes que recibió cuando la fuerza del lodo la maniató y prácticamente la convirtió en una marioneta.

La reconstrucción de cada momento la hace sentada en una silla en el lobby de un hotel en Bogotá, porque no vive en la capital. Fueron semanas, meses y al menos dos años en los que anotaba los nombres de los pequeños que llegaban a la sede del Icbf en Ibagué, donde entre escritorios y armarios atendieron a los niños. La otra regional de recepción fue Bogotá. “El miércoles 13 en la noche nos enteramos de lo ocurrido; el 14, estábamos pasmados, y el viernes en la tarde nos empezaron a llegar los primeros menores desde Armero”, cuenta.

De ahí, su trabajo como el de otra decena de defensoras de menores y trabajadoras sociales tardó de cerrarse por lo menos dos años después, cuando Elsa cogió todos esos registros y los reunió en el libro rojo, que para las familias consultadas puede develar muchos secretos, pues allí queda consignados a quiénes fueron entregados los niños rescatados, con nombres y cédulas.

Elsa no lo cree así. Trata de atenuar las expectativas con explicaciones sencillas. De hecho, su relato sobre lo que ocurrió en las noches sucesivas a la tragedia de Armero parece una coraza con la que busca protegerse. Insiste en que todos los niños atendidos, que fueron los que no necesitaban atención médica, se entregaron a sus familiares y, de ellos, solamente ocho fueron entregados en adopción principalmente a familias colombianas.

“Muchas cosas que han dicho durante años han sido fábulas y especulaciones. La gente debe saber que ocurrió un maremágnum y que no solo llegaron damnificados a Ibagué, sino a muchas ciudades del país”, dice.

Elsa se refiere a las versiones de que los niños fueron vendidos, regalados o que, incluso, fueron llevados al exterior sin ningún control de las autoridades. De esto da fe una madre con la que habló este diario, quien casi tres décadas después sigue atada a la ilusión de encontrar a su hijo, que hoy debería tener 33 años, al tener indicios de que salió vivo de la tragedia por lo que ha exigido ver el libro rojo. De estas versiones también da cuenta un joven que, dice, varias personas intentaron llevárselo tras la avalancha. (Vea mañana martes las estremecedoras historias de la madre y el joven en ELTIEMPO.COM)

La exfuncionaria del Bienestar Familiar lo dice abiertamente: “En esa época nunca supimos de que esas cosas estuvieran pasando. Nosotros actuamos con responsabilidad con los niños que llegaron a nuestras oficinas. No sé qué pasaba afuera, era imposible saberlo. Siempre hay que recordar que la tragedia nos dejó secuelas a todos y por eso es importante hacer los duelos”, dice.

Así fue la verificación

En esos días aciagos, la exfuncionaria admite que los organismos de socorro que atendieron la emergencia en Armero cometieron algunos errores. Por ejemplo, manillas que llevaban escritos los nombres de los niños en algunos casos no correspondía con la realidad. En otro caso, un niño de unos 15 meses que no tenía nada que ver con la tragedia y que fue abandonado en el Hospital Federico Lleras, de Ibagué, llegó al Icbf trasladado de ese centro médico con un grupo de menores que sí había llegado de Armero. “Un padre, destrozado, que había perdido a su familia, lo reclamó como suyo. Tuvimos que hacer una prueba de ADN y se encontró que una mujer de muy bajos recursos era la madre y lo había dejado en el hospital semanas antes”, cuenta.

Elsa dice que solo en contados casos se pudieron hacer pruebas de ADN. Recuerda al menos la situación de un bebé que lo reclamaron seis familias que, al final, ninguna resultó compatible.

No obstante, en general, fueron procesos de verificación que no se compararon con investigaciones formales de paternidad, aunque la exfuncionaria cuenta que fueron suficientes para encontrar las familias de los menores. “En la mayoría de casos se exigió los registros civiles y las trabajadoras sociales hacían entrevistas a los reclamantes para determinar si eran o no familiares. En algunos casos, las guías fueron señas particulares que tenían los menores o simplemente fue un abrazo de reencuentro el que daba la certeza”, dice.

Elsa dice estar tranquila con lo que se hizo para enfrentar la tragedia. Mientras tanto, el Bienestar Familiar señaló que esta semana podría, por primera vez en 27 años, abrir cada una de las páginas a las familias para que se puedan cotejar nombres, fotos, fechas y firmas y así, como dice el Instituto, poder reconstruir lo que en realidad sucedió hace 27 años. En ese momento se comenzará a escribir otro libro con el que se empiece a dar claridad de lo que sucedió después del 13 de noviembre de 1985 en Armero.

Espere mañana martes en ELTIEMPO.COM la segunda parte de esta serie con las estremecedoras historias de una madre que aún sigue buscando a su hijo, y el de un joven armerita que fue reclamado por media docena de personas hasta que fue rescatado por su verdadera familia.

ANDRÉS GARIBELLO
REDACCIÓN ELTIEMPO.COM
garand@eltiempo.com