Archivo

Editorial: Intolerantes

05 de mayo 2013 , 08:16 p.m.

Un incidente menor, un reclamo de vecino –para ser exactos–, degeneró en un pleito que fue adquiriendo ribetes de tragedia, hasta que esta llegó. Nos referimos al caso del abogado Eduardo Calderón, asesinado a mediados de abril, presuntamente por dos hermanos con los que sostuvo más de un altercado, que muchas veces terminó a puños. Lo más sorprendente es que las rencillas no eran de ahora, sino que venían desde hacía 11 años.

Según lo que se ha establecido, las quejas de Calderón originaron la despedida de un vigilante del edificio donde residía porque el hombre no cumplía con su labor de guarda y de atención de los propietarios. No se sabe con exactitud cómo el problema se fue agravando y terminó por involucrar a los hermanos Mahecha, a quienes hoy se sindica de haber apuñalado al abogado el pasado 16 de abril durante otro altercado.

El caso, que indignó a la ciudadanía la semana pasada, ilustra el preocupante fenómeno que se ha venido incubando en la sociedad y que, dadas las circunstancias en que se produce, tiene sorprendidas a las mismas autoridades. Hablamos de la intolerancia y de las múltiples causas que la generan.

Está presente en todas partes: en la calle, el hogar, el colegio e, incluso, en los sitios en los que aparentemente se va a divertirse. El ruido excesivo, el uso de parqueaderos, las mascotas o la invasión de la propiedad privada aparecen en el escalafón de las autoridades como los motivos principales que llevan a acciones de intolerancia social, esto es, a la incapacidad de reaccionar de manera racional a hechos que no se aceptan o por los que alguien se siente agredido. Cualquier excusa sirve para responder con agresividad, con violencia. Y el licor suele ser un detonante de tales comportamientos.

De los 4.711 homicidios ocurridos en el país entre el primero de enero y el 2 de mayo de este año, 1.790 fueron atribuidos por la Policía a actos de intolerancia: 480 en Cali, 331 en Bogotá y 95 en Medellín, principalmente.

En el caso de la capital, de 280 asesinatos cometidos entre enero y marzo del 2013, el 41 por ciento ocurrió en riñas –una manifestación de intolerancia–, lo que las convirtió en la primera causa de homicidios en la ciudad, seguida por la venganza. Los crímenes se concentraron en localidades como Kennedy (16 por ciento), Ciudad Bolívar (11), Bosa (11), Suba (10), Rafael Uribe (7), Usaquén (7), San Cristóbal (6) y Engativá (6 por ciento).

Los expertos atribuyen este tipo de conductas a hábitos que no se construyen desde el hogar o la escuela, tales como el respeto a la hora de reclamar, el saber asimilar un problema o la disposición a discutirlo sin necesidad de agredir. Por el contrario, se apela a soluciones ‘a la brava’ antes que a la capacidad de detectar un conflicto.

Gestos de intransigencia suelen ser, asimismo, los mensajes y ataques personales que desde distintos escenarios suelen emitir aquellas personas que ejercen un reconocido liderazgo en el país. Y así como puede haber múltiples causas que lleven a comportamientos de esta naturaleza, la falta de justicia también termina incubando prácticas afines.

Una sociedad que no tolera, pero que, además, es bombardeada por mensajes que llaman a la confrontación, y que no obtiene pronta respuesta de su aparato judicial, no puede más que sentir frustración. De ahí la importante labor que desde todos los estamentos se puede emprender para hacer de nuestro tejido humano un campo de debate y no un tinglado de dolorosas rencillas.

editorial@eltiempo.com.co