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Concierto para delinquir...

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03 de mayo 2013 , 06:32 p.m.

No termina la lenta justicia colombiana de destapar los horrores cometidos contra Bogotá por una partida de delincuentes, liderados por el senador Iván Moreno Rojas, conocido de autos, quien luego de hacer de las suyas como alcalde de Bucaramanga y de hacerse elegir senador, ya instalado en Bogotá se apoderó de la administración del Distrito Capital, cuando su hermano Samuel fue elegido alcalde de la ciudad.

En vista de que Samuel, como alcalde, no daba pie con bola y puesto que empezaban a descubrirse en la ciudad malos manejos, el procurador Ordóñez lo destituyó. Acto seguido, la Fiscalía lo encarceló. Eso sucedió hace casi dos años. También están en la cárcel Iván Moreno y secretarios y contratistas de esa nefasta administración, donde el propósito no era trabajar, sino enriquecerse. Salvo pocos funcionarios valiosos, como Clara López, exsecretaria de Gobierno y luego alcaldesa encargada, en esa organización mafiosa, además de los hermanos Moreno, había secretarios y gerentes del Distrito, congresistas, concejales, contratistas, todos dedicados a robar y a manejar a su amaño los contratos para poder ganar millonadas. Tras una completa investigación hecha por Semana sobre lo que fue la nefasta alcaldía de Samuel Moreno, investigación que ocupó doce páginas de su edición del 15 de abril, la revista concluye: “Lo que se está descubriendo en el búnker de la Fiscalía es la más escalofriante operación de saqueo que se recuerde en Colombia”.

Uno de los zarpazos más lucrativos planeados por esa organización tenía que ver con el Sistema de Transporte Integrado. Se descubrió que los hermanos Moreno Rojas y el hábil contratista Emilio Tapia se embolsicarían 8 pesos por cada pasajero que usara transporte público. Se calcula que ese sube y baja del inocente pasajero le aportaría al trío dinámico nada menos que 54 millones de pesos diarios. Pero pasa el tiempo y las condenas no se dan. Algunos culpables están presos, pero ninguno ha sido juzgado.

Los Nule, famosos por la gran cantidad de contratos tramposos que lograron ganar, están detenidos, pero no asisten a las audiencias. Y, al igual que similares contratistas, continúan negociando su pena. Ese tire y afloje entre los delincuentes y la Fiscalía, que lleva muchos meses, empieza a desesperar a los sufridos bogotanos, que, además de padecer a diario las consecuencias de “la más escalofriante operación de saqueo”, deben soportar la pésima administración de Gustavo Petro. Quien, por mal gobernante, mal administrador, mal gerente, está ad portas de que el Procurador lo destituya, o de que surta efecto la revocatoria firmada por 600.000 ciudadanos y respaldada por unas mayorías de inconformes, que lo ven más bien como activo agitador político.

Porque Petro, como alcalde, no ha resultado. Comete errores tiro por tiro, no ha sido capaz de organizar su gabinete, armó un caos con las basuras, sus propuestas no las estudia y las justas críticas que le hacen los ciudadanos las asume como persecución política. Pues, como su intención es alcanzar más altas posiciones, para avanzar en esa dirección nada mejor que convertirse en víctima. Por eso azuza a sus seguidores para que lo defiendan y arenga al pueblo. En ese escenario, Bogotá y sus habitantes siguen perdiendo.

A estas alturas, la pobre capital va de mal en peor. Se encuentra en una encrucijada: o sigue con Petro dando tumbos, o halla el camino para empezar a ser lo que alcanzó a ser con anteriores alcaldes, como Mockus y Peñalosa. Lo que resulta insostenible es seguir como vamos. Sin esperanzas, sin que nada mejore ni nada cambie. Y todos atascados en devastadores trancones, que afectan la actividad pública y privada, el trabajo, la salud, el bolsillo y la paciencia de los ciudadanos. ¿Cómo podrá salir Bogotá de este atolladero? Se oyen sugerencias.

lucynds@gmail.com