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Pornografía y series malosas

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03 de mayo 2013 , 06:15 p.m.

El encuentro reciente sobre medios y víctimas convocado por la ANTV, EL TIEMPO y el Externado dejó clara la disociación entre los objetivos de realizadores, libretistas, Gobierno y la crítica de medios o académica, pero también que se está iniciando una importante reacción cívica ante el exceso de violencia simbólica por la TV. Resultó casi patético ver cómo uno de los libretistas confesó que proponía varios guiones y solo los violentos eran aprobados, o también tierno que los anunciantes se declararan alarmados porque la gente se asocia para criticarlos por redes digitales (¿no son para eso?)

La serie que ha estimulado esta cierta euforia de cultura de resistencia contra la violencia de los medios, Los tres caínes, sobre el paramilitarismo de los hermanos Castaño, los bendice con violencia, sexo, poder y seducción. La ciudadanía y la sociedad civil han reaccionado clamando por una zona de paz para la TV y se ha pedido el retiro de anunciadores. Ante tal reacción, la programadora anunció un documental donde demostrará que nos cuenta la “pura realidad”, al menos “en un 80 por ciento”, asegura su libretista. Interesante, claro, que la realidad se pueda prorratear en una escala porcentual. Como el chiste de la joven que, al requerimiento del juez, responde: “Soy virgen casi un 50 por ciento”. De nuevo, la vieja discusión sobre realidad y ficción.

Un documental no es la realidad, sino un género literario para narrar y mostrar un hecho; y ese género permite hacer ficción, justo para producir un efecto de realidad. No hay pues una realidad pura; siempre es asunto de interpretaciones. Si hay un símil visual para estas series violentas, como lo dije en el evento, es la pornografía, la cual se satisface mostrando el sexo en primeros planos sin ningún recato, elegancia o sugerencia. A estas series de violencia les pasó lo mismo: exaltan el cadáver, las violaciones, las golpizas en primerísimos planos, sin pena ni gloria, y el malo surge como el gran justiciero. Luego nos consuelan diciendo que esa es la verdad y por eso la muestran. ¿Ocurre la realidad así en primeros planos? ¿No existen las víctimas en la realidad?

El misterio de estos seriados violentos es simple: el dios verdadero es el dinero. No está mal que se busque lucro en una sociedad capitalista. Lo malo es que canales privados se enriquezcan contando miserias de la vida nacional y que, de paso, reemplacen la historia con efectos espectaculares.

ciudadesimaginadas@gmail.com