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Historia de una foto de amor en el 'Bronx'

EL TIEMPO encontró a Hernán y Diana, la pareja que salió retratada en este diario dándose un beso.

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03 de mayo 2013 , 06:01 p.m.

Hernán y Diana se besaban con delirio. Se decían cosas al oído, se reían, se burlaban –tal vez– de esa vida desgraciada que soportan todos los días. (Vea galería: La historia de amor de Hernán y Diana en el 'Bronx')

La escena de amor se vivió en plena visita del presidente Santos a la calle del ‘Bronx’, el primero de abril. Ese día, mientras las 2.000 almas que habitan el temido sector se encontraban replegadas en una esquina, la pareja de enamorados daba rienda suelta a sus sentimientos.

Arriba, en una terraza custodiada por agentes de la Policía, fuertemente armados, Héctor Fabio Zamora, reportero gráfico de EL TIEMPO, disparaba su Canon sobre los hacinados habitantes del ‘Bronx’.

Al principio, el fotógrafo les apuntó a los retratos que se suelen tomar y que no van más allá de los adictos y sus generosas dosis de droga o de los ‘loquitos’ que hablan cosas raras y se ponen a bailar. Pero en este caso, Zamora encontró en su lente una escena tan conmovedora como triste: una parejita de habitantes de la calle, tirada en el suelo, se besaba sin control, como si les importara un carajo la presencia de Santos y de sus hombres de seguridad. La foto fue publicada por este diario y por ADN, en los días siguientes a la visita presidencial, y causó sensación entre lectores, fotógrafos, editores y periodistas por el contraste y el mensaje que refleja: amor en la calle más violenta de la ciudad.

Por intermedio de Mario, comprador frecuente de marihuana en el ‘Bronx’, se logró localizar, el martes pasado, a los protagonistas de la foto. “Sí ve que sí se los conseguí. Yo tengo palabra”, dijo el hombre, antes de presentarle al equipo de EL TIEMPO a Hernán y a Diana, los anónimos enamorados que quedaron inmortalizados por Zamora en su postal de papel.

“¿Hace cuánto se conocen?”, le pregunté a la pareja, en un sector del parque del Voto Nacional, lugar donde se dio el encuentro.

Como seis años. Nos distinguimos en ‘El Cartucho’, pero nos dejamos de ver como tres años. Nos volvimos a pillar porque ella entraba a comprar vicio en el ‘Bronx’. Nos reconocimos de una”, respondió Hernán, de 38 años y quien confiesa que llegó a la calle por su adicción al bazuco.

“Me fui a comprar una papeleta vestido de corbata porque ese día tenía que asistir a la ceremonia de los 1.000 mejores Icfes del país en 1992. Quedé en el puesto 37. Nunca regresé a casa”, agrega. La historia de Diana es parecida. Tiene 25 años y completa más de cinco años en el mundo de la droga. Se fue de su casa, en el barrio La Favorita, para continuar con el vicio sin la cantaleta de sus padres. Hace un año encontró refugio en los brazos de Hernán, y hoy en día son una pareja, a primera vista, amorosa y unida que se gana lo del diario con la fabricación de curiosas pipas para el consumo de droga. Para que la vida también se consuma...

“Nosotros las armamos con monedas, pedazos de esfero y cauchos. Las vendemos a 300 pesos y en el sector las conocen con el nombre de Warner”, afirma Hernán, quien vivió en Las Margaritas, norte de Bogotá, y estudió tres semestres de Comunicación Social en la Jorge Tadeo Lozano.

Como en cualquier noviazgo, Hernán saca tiempo para los detalles. “Cuando solo hay un pan, me lo pasa a mí. Eso enamora”, dice Diana, quien siempre trata de estar linda para su compañero. Esa tarde, por ejemplo, tenía envuelto el pelo en una pañoleta de Millonarios, y sus labios denotaban varios toques de colorete.

La noche la pasan en piezas de 8.000 pesos, pero cuando no ‘levantan’ el dinero para pagarlas, juntan sus cuerpos en cualquier esquina y esperan el amanecer. Coinciden en que el amor en el ‘Bronx’ transcurre como en cualquier zona de la ciudad, con la diferencia de que allí se consume de todas las drogas. De hecho, desde hace varios meses, Diana está preocupada por el nuevo y traicionero amigo que ronda a Hernán: el alcohol antiséptico (se usa para lavar heridas). “Me lo tomo puro. Dos o tres copitas al día me hacen bien”, confirma él, con los ojos inyectados de sangre. Diana le reprocha: “No me gusta que tomes”, le dice con ira.

Aunque ignoran si su amor perdurará o se fugará por los laberintos del ‘Bronx’, siguen con su estilo de vida, haciendo pipas y en el vicio, que no abandonan. 

FABIÁN FORERO BARÓN
Redactor de EL TIEMPO