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Editorial: Obama en Latinoamérica

01 de mayo 2013 , 08:17 p.m.

El presidente Barack Obama inicia hoy una corta e importante gira por la región que lo llevará primero a México y luego a Costa Rica, donde se reunirá con cinco presidentes centroamericanos.

Se trata del sexto viaje de Obama a Latinoamérica desde que asumió la Casa Blanca, que ya lo ubica como el segundo presidente que más ha visitado la región, solo superado por George W. Bush. Así mismo, lo hace al inicio de su segundo período, lo cual indica el interés de Washington por profundizar los nexos con sus aliados naturales.

La Casa Blanca ha dicho que en esta ocasión el Presidente quiere hacer énfasis en el fortalecimiento de las relaciones comerciales. Es un cambio de tono bienvenido, especialmente en México, donde la nueva administración quiere tomar distancia del enfoque en la lucha contra el narcotráfico que caracterizaron los años de su antecesor, Felipe Calderón.

Y, de otro lado, también se acomoda a los intereses estratégicos de EE. UU. Ante un precario estado de su economía, una región como la latinoamericana, que en su conjunto crecerá un 3,4 por ciento, según los últimos pronósticos del Fondo Monetario Internacional, constituye un atractivo –y cercano– mercado. Más ahora que países como China han empezado a pisar fuerte.

Sin embargo, el tema de la seguridad y el tráfico de drogas será central. No podía ser de otro modo. Con todo y los avances, la violencia en México –que se ha cobrado 60.000 víctimas en esta última década– sigue siendo un lastre que genera tensión entre ambos países dado el tráfico ilegal de armas y drogas que permea la frontera. A Washington le preocupa que en aras del nacionalismo las nuevas autoridades mexicanas aflojen en su lucha contra el narco. Lo mismo sucede con Centroamérica, donde la tasa de homicidios, de acuerdo con la ONU, es la más alta del mundo (en promedio 44 muertos por 100.000 habitantes).

Los temas son puntuales y de sumo interés. Como sucedió en la pasada cumbre de las Américas, en Cartagena, lo más probable es que los países de la región le reclamen a Obama más cooperación y una política que contemple alternativas a la represión en la lucha contra el narcotráfico. Pero estos mismos países necesitan que Washington eleve la ayuda que le brinda a Centroamérica en seguridad, que hoy es una octava parte de lo que se ofreció a Colombia en la década pasada. El temor es que esa ayuda se siga reduciendo a causa de los recortes presupuestales a los que ha tenido que recurrir EE. UU. para frenar su creciente déficit fiscal.

Otro asunto que pesará es el de la reforma migratoria, que avanza en el Congreso y que es uno de los grandes reclamos de la región. Particularmente en México y Centroamérica, cuyos nacionales representan más del 70 por ciento entre los 11 millones de indocumentados que viven en EE. UU. Por primera vez en décadas, Obama podrá mirar de frente a sus aliados y decirles que la reforma va en serio y será una alta prioridad en su segundo período.

Un oportuno mensaje que también estará dirigido –y buscará generar presión– al legislativo de su país. Pues si bien la reforma arrancó el año con un fuerte respaldo tanto de demócratas como republicanos, ha perdido impulso en las últimas semanas a raíz de los atentados en Boston, perpetrados por dos inmigrantes. De hecho, muchos creen que empujar la reforma es propósito central de su viaje. Puede ser. Pero los líderes centroamericanos y mexicanos deben aprovechar el momento para comprometer a un Obama que también los necesita.

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