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Editorial: Un día para reflexionar

30 de abril 2013 , 07:53 p.m.

La celebración del Día Internacional del Trabajo es un buen pretexto para pasarle revista a un asunto del cual depende el bienestar de cualquier sociedad. Y es que, más allá de la sentencia bíblica que condenó al ser humano a ganarse el pan con el sudor de su frente, es incuestionable que en el mundo moderno la cantidad y la calidad de los empleos disponibles hacen la diferencia entre el atraso y el desarrollo.

A este respecto, Colombia presenta un panorama de luces y sombras. Si bien es cierto que a lo largo de los años pasados el país ha registrado un descenso paulatino de sus tasas de desocupación, que ha sido fundamental para la disminución de la pobreza, aún nos queda un inmenso camino por recorrer. Una prueba de ello es que nuestros índices de desempleo superan el promedio latinoamericano y ocupamos en esta materia uno de los peores puestos de la región, por debajo de Jamaica o República Dominicana.

Adicionalmente, existe un problema de informalidad que viene desde hace tiempo. Según el Dane, algo más de la mitad de la fuerza laboral de las 13 áreas metropolitanas más grandes obtiene su sustento sin contar con los beneficios que prevé la ley. Y si en esas cuentas se incluyen las poblaciones pequeñas y las áreas rurales, dicha proporción se acerca al 70 por ciento.

En respuesta, no hay otro camino que preservar la buena salud de la economía con el fin de que aumenten las plazas de trabajo. En forma paralela, hay que flexibilizar las normas para disminuir las barreras orientadas a que centenares de miles de negocios y pequeñas empresas se formalicen, junto con sus empleados. Un esfuerzo en ese sentido surgió de la reforma tributaria aprobada en diciembre pasado, cuando disminuyó el peso de las cargas parafiscales. Dicho alivio empieza a operar desde hoy, pero todavía falta.

La necesidad de mejorar en esta materia se vuelve aún más imperiosa después de conocerse las cifras del mercado laboral en marzo. Aunque el Gobierno celebró que la tasa de desempleo a nivel nacional tuviera una ligera reducción, hasta el 10,2 por ciento, la verdad es que la desaceleración vista en ciertos sectores afecta de manera notoria la capacidad de creación de nuevas plazas. Al tiempo que ello sucede, un número menor de colombianos forma parte de la población económicamente activa.

Ese factor explica por qué, a pesar de que el total de personas ocupadas en el país bajó en 0,4 por ciento en el tercer mes del 2013, hasta 20,4 millones de ciudadanos, el desempleo también cayó. De hecho, el único grupo que creció fue el de los inactivos, que puede incluir a gente joven o muy mayor o, simplemente, a aquellos que se cansaron de buscar trabajo.

Como si lo anterior no fuera inquietante, hay que registrar que en las ciudades más grandes el desempleo subió, al pasar de 11 a 11,6 por ciento entre un año y otro. Las razones principales de ese incremento tienen que ver con ramos como la construcción y la industria, en donde el personal se redujo en más de 300.000 plazas.

Tales datos deberían ser motivo de preocupación, ante la posibilidad de que la tendencia positiva reciente se haya detenido. Por otra parte, estos justifican la toma de decisiones orientadas a impulsar la actividad económica, como es el caso del plan de choque, conocido como el Pipe. Así las cosas, este Primero de Mayo debería ser un espacio para la reflexión y el diseño de estrategias que les permitan a los trabajadores festejar su día y no simplemente cumplir con un feriado en el calendario.