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Mapa ficticio

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30 de abril 2013 , 07:40 p.m.

 El país sigue empeñado en llorar una pérdida de mar que nunca fue suyo y sus dirigentes persisten en buscar culpables como sea, donde sea y al costo que sea.

La sentencia de La Haya carece de legitimidad, razona Noemí Sanín, porque la juez china Xue Hanqin habría fallado en contra de Colombia para favorecer los intereses de su país en Nicaragua.
¿Resulta sensato concluir no solo que la magistrada hubiese prevaricado, sino que así lo hubiesen hecho los otros 16 jueces?

Lo publicado en los medios les permitiría a los libreros ubicar la obra de Sanín en los estantes de las novelas. Pero, para hablar de ficción en serio, conversemos de mapas. El mapa oficial de Colombia publicado en la página web de la Cancillería da cuenta de fronteras marítimas con siete países del Caribe (http://www.cancilleria.gov.co/sites/default/files/colombia_mapa_oficial.pdf). El límite con Honduras, el paralelo 15, incluido en el mapa citado, no existe.

Temerosa de las ambiciones de Nicaragua, Colombia buscó que terceros Estados le reiteraran su soberanía sobre el archipiélago de San Andrés y Providencia, pretendido por Nicaragua, y sobre sus áreas marítimas adyacentes.
En 1986, Honduras y Colombia firmaron el Tratado Ramírez-López. Entre el meridiano 82 y algo al oriente del meridiano 80, lo que estuviera al norte del paralelo 15 sería hondureño y al sur, colombiano. Honduras se demoró 13 años en ratificar el tratado y, cuando lo hizo, Nicaragua la demandó en La Haya.

“Pretenden imponerle a Nicaragua fronteras marítimas y repartirse extensas zonas que jurídicamente corresponden a la soberanía nicaragüense”, alegó Nicaragua en nota diplomática dirigida a Colombia.

Como se puede ver en la sentencia del 2007 (http://www.icj-cij.org/docket/files/120/14075.pdf), la CIJ trazó una línea fronteriza oblicua, que se proyecta al norte del paralelo 15. La zona de delimitación colombo-hondureña quedó al sur y del lado otorgado a Nicaragua. La frontera con Honduras nunca quedó en firme.

No existe tampoco un límite marítimo con Costa Rica, como lo pretende el mapa oficial. El Tratado Fernández-Facio, de 1977, no fue ratificado, pero la Armada colombiana patrulla como si lo hubiese sido, como, por más de una década, lo hizo con Honduras. La invención mayor consistió en convencer a los colombianos de que el meridiano 82 era un límite, ese que sigue delineado en el mapa. En 1930, el mismísimo gobierno de Colombia le especificó a Nicaragua que el texto acordado no establecía un límite internacional.

En 1967, Nicaragua otorgó una concesión petrolera al oriente del meridiano 82. Dos años después, Colombia se enteró. Conocedor de la fragilidad jurídica de su pronunciamiento, pero determinado a detener una incursión nicaragüense, López Michelsen alegó de manera algo velada la violación de una frontera. Nicaragua protestó y lo siguió haciendo.

Doce gobiernos fueron conscientes de que el meridiano 82 solo constituía una línea de referencia, pero continuaron alimentando el mito del límite internacional por razones legales y políticas. Aun así, tres presidencias se sentaron a negociar.

Varios límites marítimos de Colombia resultaron ficción y hoy pocos parecen dispuestos a asumir la realidad. Todos olvidan que Colombia sigue siendo “la reina del Caribe”: conserva hoy el 64 por ciento del Caribe occidental. Tanto mar colombiano no es más que el resultado de una agresiva estrategia de negociación: Colombia se convenció a sí misma y a algunos vecinos de que cualquier cayo que apenas emerge del mar crea tanta costa como si fuera Groenlandia.

No hay por qué convertir el fallo en un cuento chino; el cuento chino está en el mapa.