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Noticias que cambian el mundo / El otro lado

24 de febrero 2013 , 03:56 p.m.

“Anoche cuando me dormí, el mundo estaba más o menos bien; hoy cuando me levanté y vi la TV, leí la prensa, oí la radio, todo estaba en caos: ¿qué pasó?” Dicen que algo así dijo Pedro Saborido, libretista del mejor programa de humor sociopolítico en Argentina, Peter Causotto y sus videos (¡recomiendo verlo por YouTube!). El asunto es que cuando uno ve la tele en las mañanas siente que Colombia se acabó.

El otro día alcancé a contar 30 muertos e innumerables barbaries a las 6:30 a.m. Colombia amanecía mal de todo: a una señora le echaron ácido, carros chocones y muertos y heridos en las calles, las guerrillas tenían azotada a la población y volaban oleoductos, un señor violaba en serie, un marido golpeaba, a unos niños los habían humillado en el colegio, había mucha gente con apodos de televisión que mataban con emoción narco... Era preocupante.

Pero a los presentadores no les cambiaba el rostro con tanta barbarie: sonreían, y para que uno se sintiera más relajado se sentaban en un sofá, así nos contaban la barbarie colombiana con amabilidad de chisme. Y decían que eran “noticias en desarrollo”, luego todo podía ponerse peor, y entonces desarrollaban hipótesis de cada barbarie: todas, opiniones de café, sin argumentos, y lo peor en periodismo: sin datos, sin contextos. Como me quedé preocupado, fui a la radio y allí Colombia era otra: la violencia no había acabado con tanto, la guerrilla sí había volado un oleoducto, pero no era epidemia, sino un caso aislado.

Lo mismo pasaba con los muertos de ‘la inteligencia vial’, con las señoras del ácido y con los violadores. Descansé. Todos eran casos aislados que los de la tele habían convertido en “hechos estructurales del país”. Pero mi felicidad con la radio terminó rápido. El país se estaba acabando de verdad, lo anunciaba el expresidente. Y todos los repetían. Y nadie contextualizaba. Y, de verdad, el país ya no daba más: ¡se lo estaban robando! Todos los entrevistados habían robado y tenían el descaro de decir que no habían hecho nada. Cada ministro o funcionario de gobierno que hablaba no sabía o estaba confundido. Colombia es un país que en la noche se transforma: mientras uno duerme, se acaba. En la tele los colombianos se agreden y matan. En la radio se roban el país.

Termino con Saborido, quien dice: “Entendía que el periodismo estaba para decir las cosas como pasaban. Y no. Estaba para contar las cosas que pasaban según le convenía a la fuerza política o económica que está detrás”.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión