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Quindío: ¿un departamento en retroceso?

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22 de febrero 2013 , 12:04 p.m.

Bajo el título 'Algo hicimos mal, algo hacemos mal', Armando Rodríguez Jaramillo, un quindiano preocupado por lo que sucede en su región, ha sacado a la luz pública un documento impresionante sobre la realidad social del departamento del Quindío. Publicado en el portal www.eje21.com.co, el que podríamos llamar ensayo sociológico sobre la forma como este departamento ha perdido calidad de vida como consecuencia de la crisis del café es un texto que dimensiona lo que ocurre en el Quindío en materia de desarrollo. El escrito es una reflexión profunda sobre la forma como ha sido administrada una región que, gracias al cultivo del café, generó durante muchos años bienestar y prosperidad para cientos de colombianos.

Rodríguez Jaramillo inicia su estudio señalando que la región quindiana fue en las décadas del veinte y el treinta del siglo anterior un territorio generador de riqueza. Sustenta su afirmación en el hecho de que, para esa época, existían en Armenia una cantidad de trilladoras que generaban empleo. Agrega que esta ciudad se convirtió, gracias a las exportaciones de café, en un enclave industrial y comercial que generó bienestar. Afirma, igualmente, que la bonanza cafetera de finales de la década del setenta produjo en el departamento una dinámica comercial nunca antes vista. Sobre todo porque se incrementó el poder adquisitivo de la población. Así las cosas, la construcción se disparó. Y la demanda de bienes de consumo propició el surgimiento de empresas comerciales.

El terremoto que sacudió a toda la región cafetera el 25 de enero de 1999 vino a agudizar la desaceleración económica que venía sufriendo el departamento. No obstante las inversiones en infraestructura que por un billón 800 mil millones de pesos realizó el Gobierno Nacional a través del Forec, no se reconstruyó el tejido social ni se reactivó el aparato productivo. Como bien lo dice Armando Rodríguez Jaramillo, la reconstrucción privilegió la infraestructura sobre el desarrollo social. No hubo apoyo a los empresarios para recuperar la economía. Hasta la Ley Quimbaya, aprobada para atraer inversión, "se convirtió en una oportunidad perdida". Incluso, los índices de pobreza aumentaron como consecuencia del terremoto.

¿Está en decadencia el departamento del Quindío? Por lo que afirma en su documento Armando Rodríguez Jaramillo, podríamos decir que sí. Las razones son claras. Después de la caída, en 1989, del Pacto Internacional del Café, vino la debacle para una región que se preciaba de aportar a la economía nacional grandes recursos, gracias a las exportaciones cafeteras. Como en el Quindío todo olía a café, la economía empezó a resentirse. Los cafeteros se vieron, entonces, en la necesidad de diversificar su producción. Fue ahí cuando empezaron a manifestarse los problemas. Porque el departamento pasó a convertirse, en pocos años, en "un territorio deprimido, sin fuentes de trabajo, carcomido por la pobreza, sumido en la desesperanza".

Las estadísticas que cita el autor del estudio muestran la situación preocupante del Quindío. Mientras en el 2011 la variación porcentual del producto interno bruto en Risaralda fue del 5,1% y en Caldas del 3,7%, en el Quindío fue apenas del 0,9%. En el mismo año 2011 esta región registró la tasa más alta de desempleo: el 17,7%. Mientras Caldas registró exportaciones por 685 millones de dólares y Risaralda por 337 millones, el Quindío sólo exportó 180 millones de dólares. Estas cifras son diferentes de las que Armando Rodríguez indica en su estudio, donde dice que el Quindío exportó 9,6 millones de dólares. El analista se refiere, desde luego, a las exportaciones tradicionales. No hace mención de los ingresos por exportación de café, que fueron cercanos a los 170 millones de dólares.

El departamento del Quindío sufre las consecuencias de una crisis cafetera que cada día se acentúa más. En la época de las vacas gordas, el Comité Departamental de Cafeteros fue el artífice de su desarrollo social. Vías rurales pavimentadas, construcción de acueductos, electrificación rural, mejoramiento de escuelas y dotación de puestos de salud en veredas distantes fueron un indicativo de la calidad de vida de esta región. Ahora el comité no puede realizar este tipo de inversiones, simplemente porque su presupuesto no es el mismo de aquellas épocas. Lo único trascendente que ha hecho la Federación Nacional de Cafeteros para paliar la crisis fue crear el Parque Nacional del Café, un atractivo que le ha dado a la región una nueva vida, proyectándola como destino turístico.

¿Quiénes son los responsables de lo que ha ocurrido en el Quindío? La clase política, definitivamente. Según el autor del estudio, sus dirigentes descuidaron los resortes de la economía, de la planeación y del desarrollo social. Todo porque la generación de relevo, esa que asumió las riendas del departamento después de que desaparecieron los hombres que lideraron, en arduas batallas políticas contra el centralismo manizaleño, el movimiento separatista, no tuvieron la visión para proyectarlo como una región con otra fortaleza distinta de la cafetera. Sus gobernantes se preocuparon más por trabajar para sus partidos que por alcanzar el fortalecimiento industrial de la región. Y el departamento quedó huérfano de dirigentes que ejercieran liderazgo para superar las dificultades.