Archivo

Benedicto XVI y los judíos

notitle
22 de febrero 2013 , 04:17 p.m.

La historia entre la iglesia de Roma y el pueblo judío, que había estado escrita con torrentes de sangre, persecuciones, acusaciones pueriles y expulsiones, dio un giro significativo tras el Concilio Vaticano II, donde se desterró de la narrativa católica el deicidio por parte de los judíos, que había sido la causa raíz de todos los males; se prohibió la evangelización de los judíos y se conminó a la iglesia a mantener relaciones de respeto mutuo con los hijos de Israel.

Las cruzadas, que destruyeron comunidades judías enteras; la inquisición, que condujo a miles de judíos a las hogueras; los libelos que acusaban a los judíos de sacrificar bebés cristianos, de la peste negra y de otros males, y el holocausto, que exterminó en la Europa cristiana a un tercio del pueblo judío, son episodios que Vaticano II buscaba dejar atrás.

La mejora de las relaciones entre la iglesia católica y los judíos ha sido, por ende, un lento y complejo proceso, no exento de malentendidos, recriminaciones y sensibilidades heridas.
Fue en el papado de Juan Pablo II donde comenzaron a darse gestos de acercamiento real entre la iglesia y los judíos. Su simbólica visita a la sinagoga de Roma, la primera vez en la historia que un papa visitaba una sinagoga; sus declaraciones de que los judíos son "nuestros hermanos mayores" y la mejoría de las relaciones entre Israel y el Vaticano constituyen hitos en la senda de la reconciliación.

Benedicto XVI siguió el camino de su predecesor. Por primera vez fueron invitados dignatarios judíos, religiosos y laicos, al sepelio de Juan Pablo II, y, más importante aún, al acto de entronización de Joseph Ratzinger.

Una de las primeras visitas de su pontificado fue a Israel en el 2009, donde colocó una ofrenda en el museo del holocausto en Jerusalén y oró en el muro de los lamentos, en cuyas grietas introdujo una plegaria. El primer sitio de culto no católico que visitó fue la sinagoga de Colonia. Benedicto XVI se refiere a los judíos como "el pueblo elegido" y ha condenado reiteradamente la negación del holocausto y el creciente antisemitismo en países de Europa.

Sin embargo, no faltaron los temas sensibles comenzando por la canonización de Pío XII, a quien los judíos acusan de "silencio" durante el holocausto. El proceso de llevar a Pío XII al santoral fue finalmente bloqueado por Benedicto en su fase final, la beatificación, posiblemente por la gran sensibilidad que el tema despierta entre los judíos.

El retorno de la misa tridentina en latín, aprobado por el papa con la oración proselitista que llama a los judíos a "iluminarse con Jesús", produjo en judíos reacciones negativas.

Benedicto recibió en el Vaticano numerosas visitas de organizaciones judías. En mayo pasado tuve el honor de hacer parte de una delegación del Congreso Judío Latinoamericano que visitó al papa en Roma. A pesar de lo acartonado del protocolo, fuimos todos los delegados presa de una gran emoción en los momentos previos a nuestra partida al Vaticano y durante los pocos minutos que duró el encuentro con Benedicto XVI. Tras sendos y breves discursos en inglés, hicimos la ordenada fila para tomarnos la foto con el sumo pontífice, la cual exhibimos orgullosos en los anaqueles de nuestras casas.

El pueblo judío extrañará al pontífice alemán, quien, sin lugar a dudas, contribuyó enormemente a mejorar las relaciones judeocatólicas y espera que su sucesor siga por la misma senda.

*Académico y columnista. Director Ejecutivo de la Confederación de Comunidades Judías de Colombia