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Disfrazados de mensajeros, apartamenteros roban en el norte de Bogotá

Con armas con silenciador intimidaron a residentes de un edificio. Víctima contó lo ocurrido.

22 de febrero 2013 , 11:42 a.m.

Isabel* fue víctima el pasado jueves, a plena luz del día (11:30 a.m.) de una banda de delincuentes, quienes mediante engaños entraron al edificio en el que vive, robaron pertenencias y dinero en dos apartamentos y se llevaron el vehículo de un residente que presenció cómo comenzaron a suceder los hechos. Lo que más le preocupa es que los atracadores fueron capaces de amordazar y encañonar a su hija, una pequeña de 7 años.

Esta mujer relata que dos hombres, vestidos de empleados de una empresa de envíos, se reportaron en la recepción del edificio –ubicado en cerca de la calle 100 con 15, norte de Bogotá- y solicitaron el ingreso al mostrar que traían una caja muy grande. Dieron los datos exactos (nombre, dirección, teléfonos) de una de las residentes para poder entrar. Una vez el celador abrió la puerta, los delincuentes le apuntaron con pistolas con silenciador, lo amordazaron, lo amarraron y lo dejaron encerrado en el baño de la recepción. Ya con el camino libre, cerca de 8 apartamenteros más entraron en escena. La misma mala suerte que el celador corrieron un residente, su pareja, su chofer y su escolta, quienes se disponían a salir en un carro, que al final del asalto también fue hurtado.

Los ladrones llegaron al segundo piso del edificio y timbraron en el apartamento de la vecina de Isabel, la misma mujer por la que habían preguntado en la recepción. Según la empleada del servicio de esa residencia, al momento de abrir la puerta los delincuentes la encañonaron y la amordazaron. Se robaron pertenencias personales que por su tamaño no implicaban un mayor esfuerzo.

El hijo del dueño de esa vivienda llegó en ese momento al edificio, y los ladrones tuvieron la frialdad de dejarlo entrar en su vehículo (él no podía ver quién estaba en la portería). Cuando el joven abrió la puerta de su casa se encontró a su empleada sentada en un sillón de la sala y a los delincuentes apuntándole. También fue amarrado.

El nuevo blanco fue la vivienda de Isabel. Su empleada cuenta que al escuchar el timbre se confió, pues siempre suele hablarse con compañeras de otros apartamentos a esa hora, y abrió la puerta. Dice que fue empujada, amordazada y amarrada junto con la hija de Isabel -quien fue amenazada todo el tiempo por los delincuentes- y con la bisabuela de la menor, quien ya tiene 84 años.

Los ladrones, además de llevarse objetos como joyas, cámaras fotográficas y de video, tabletas, teléfonos celulares y computadores, preguntaron con insistencia por una caja fuerte. La empleada desconocía de su existencia, pero ante la presión de la banda, la bisabuela tuvo que decirles en donde estaba. Cerca de 20 minutos se tomaron los apartamenteros para romperla. Se llevaron millones de pesos en efectivo y se escaparon después de que una mujer, con la que hablaba con frecuencia uno de ellos, los alertara de que había una patrulla de la Policía muy cerca del edificio.

Isabel, quien se encontraba a esa hora en su oficina, llamaba a casa con insistencia, pues era muy extraño que no le contestaran. Minutos después de que la banda emprendiera su huida, su hija logró liberar sus manos y liberar a la empleada y a su bisabuela. Según calcula esta mujer, el asalto duró cerca de 45 minutos.

Una vez conoció de boca de sus familiares lo ocurrido, Isabel llamó con insistencia a la línea de emergencias 123, pero, según asegura, no tuvo pronta respuesta. Su esposo y varios compañeros de trabajo la ayudaron a contactar a la Policía y cuando llegó a casa ya había una patrulla. Tiempo después, las autoridades realizaron las primeras labores de investigación.

Isabel decidió contar lo ocurrido para alertar a la ciudadanía sobre esta modalidad de robo.

*Nombre cambiado

 

REDACCIÓN ELTIEMPO.COM