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Morris y Londoño

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19 de febrero 2013 , 01:40 p.m.

Si hay dos personajes en quienes hay que admirar su temple, su firmeza de convicciones y su valentía para enfrentar los desarreglos del mundo son Hollman Morris, actual gerente de Canal Capital, y Julio César Londoño, escritor. Ambos en el cauce de un periodismo que permite, no solo contar lo que pasa, sino señalar lo que está sucediendo mal, en busca de enderezarlo o, por lo menos, que quede constancia. El que en ello se mete está sometido a que a veces el viento lo arrastre lejos. Defender los derechos humanos, y más aún ahondar en las fosas comunes, como lo ha hecho el primero, ha sido desde siempre asaz peligroso. No pocos de esos defensores de los derechos humanos terminan hechos unos desechos humanos en las cañadas y nadie supo quién fue.

El 19 de abril pasado -no sé por qué me suena esa fecha- se presentó el artista universal Paul McCartney en Bogotá. Su mánager, Fernán Martínez, ofreció la transmisión del concierto, ya a punto de realizarse, a Canal Capital. Hollman puso en movimiento a todo su equipo y logró la contratación. Pero a la Administración Distrital hay que buscarle caídas, por un mínimo descuido de sus entidades. Que faltó un estudio de factibilidad, dice el papelito. Y ahora resulta que nuestro querido beatle y Caballero del Imperio Británico Paul McCartney, a quien en confianza llamaré Polma, vino al país, no a fascinar al público bogotano, cundinamarqués y colombiano con sus legendarias canciones de amor y paz, sino a saquear el fisco del Distrito, enchufándole la transmisión de un concierto por la que cobró 402.000 dólares y la facturación comercial solo recuperó 733.000.000 de pesos, lo que se considera detrimento. Sin contar con que el contrato contemplaba una repetición y otras arandelas. Pero la Procuraduría reclama de las directivas de Canal Capital que les muestre los estudios de que esa transmisión tenía sentido y viabilidad. Siendo un evento que posicionó hasta la cumbre a esa canal público en todo el país y en el mundo. Alguien aventuró que la mortificación del Procurador fue que el liverputiense emitió con Lennon la frase de que los Beatles eran más famosos que Jesucristo. Qué tal cuando recuerde que ripostamos que los nadaístas seríamos más famosos que Jesucristo y los Beatles juntos. En próximos días habrá una decisión final, menos mal que a través de un procurador delegado, que debe sentir que lo pusieron a hacer el trabajo sucio o, por lo menos, el ridículo. ¡Te presento excusas, querido Polma, por las dos cosas!

Londoño es un analista provocador, pues mantiene la lengua bien afeitada. Recientemente se tomó la atribución, para lo cual lo tiene contratado El País, de criticar -hay que admitir que con términos un tanto ásperos- los manejos del señor gobernador Ubéimar Delgado -a quien llamaré cariñosamente Ube-, en especial la destitución, con aliento politiquero, de la excelente directora de la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero, Juliana Garcés -a quien ya había ratificado-, hija del exgobernador donante de la biblioteca personal de su padre para conformarla, lo que causó indignación nacional entre las multitudes de la cultura. Y quién dijo miedo. El señor mandatario, procurando intimidar a la prensa, impetró una tutela contra el columnista por vulneración del buen nombre. Cosa que podría arreglar más fácil en una notaría. El periódico salió en defensa de su colaborador alegando que, así como no censura a sus columnistas, tampoco tiene por qué responder por sus reales o presuntos excesivos cuestionamientos.
El fallo de la juez penal del circuito de Cali dejó a Ube con un palmo de narices, al expresar que no se le había violado al mandatario ningún derecho fundamental. Así se le hubiere criticado acérrimamente, con términos como "botín" y "atentado criminal", que la juez, haciendo gala de conocimiento de las figuras literarias, considera como "una hipérbole". Sube la juez, mejoró la imagen de la justicia. Baja Ube, empeoró la imagen de su administración.

jmarioster@gmail.com

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