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'Los 'vatileaks' le abrieron los ojos al papa': Gerardo Remolina

El padre dice que la renuncia de Benedicto XVI es un gesto que le sirve a la iglesia.

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17 de febrero 2013 , 11:06 p.m.

¿Lo desconcertó la renuncia del papa Benedicto?

No. Me pareció un gesto extraordinariamente bello y sorpresivo en un sentido agradable. Indica una gran humildad y, sobre todo, un gran desprendimiento del poder, que es tan difícil cuando se llega a él. (Vea el especial multimedia de la renuncia de Benedicto XVI).

¿Como sacerdote, fue informado con anticipación, o se enteró como nosotros, los demás mortales, por los medios?

No. Fue una noticia totalmente inesperada.

¿Podría decirse que esta renuncia fue un acto de protesta?

Sí.

Su antecesor, Juan Pablo II, resistió hasta el día de su muerte, a pesar de su enfermedad. ¿No son contradictorias las dos conductas?

Hay un contraste entre los dos. En cierta forma, algunos esperábamos que ya cuando Juan Pablo II estaba tan sumamente enfermo hubiera dado este paso de la renuncia. Pero él asumió su enfermedad desde un punto de vista espiritual y muy respetable.

¿Cuál de las dos decisiones, irse o quedarse cuando el papa está cansado o enfermo, resulta mejor para la Iglesia?

Desde mi punto de vista personal, le sirve más el gesto que ha hecho Benedicto XVI.

¿Podría decirse que el gesto de Benedicto es el comienzo del fin de los papados vitalicios?

Sí. Es decir: ya había habido renuncias anteriores del papa. Los generales de la Compañía de Jesús eran vitalicios, desde San Ignacio de Loyola. Los dos últimos han renunciado: el padre Arrupe y, recientemente, el padre Kolvenbach. Y muy probablemente el actual general de los Jesuitas va a renunciar también, según lo ha insinuado. Yo creo que en este momento los problemas son tan difíciles, y exigen unas soluciones tan rápidas, que es necesario tener toda la fuerza, no solo física sino sicológica y espiritual, que exigen sus soluciones.

Las razones del papa no fueron solo físicas, sino claramente espirituales. Qué pudo llevarlo a decir ¿no puedo más con esta carga?

La evidencia de que realmente tenía una gran oposición en algunos medios vaticanos, que ya percibía de manera clara.

¿Los llamados 'vatileaks' influyeron?

Desde luego que sí. Sin duda alguna.

¿El papa no resistió la traición de su mayordomo más cercano?

Fue a través de los vatileaks que él se dio cuenta de que había una corriente en el Vaticano en su contra. Y de que no tenía la gobernabilidad suficiente.

El papa Benedicto reconoció la semana pasada la existencia de esa división, pero de inmediato el vocero del Vaticano salió a desmentirlo...

Una de las cosas que criticó el papa el miércoles de ceniza fue la hipocresía religiosa y la división de la Iglesia. Si lo dice un papa desde el puesto y por el conocimiento que tiene...

¿Esa división es entre los aperturistas y los que no?

Creo que en eso consiste la gran división.

¿Y el papa Benedicto, de qué lado estaba?

Tratando de hacer el equilibrio entre los dos. Desde un punto de vista doctrinal se opuso al relativismo, que es el "todo vale". No todo vale. Hay principios realmente universales para la humanidad.

Parece ser muy delicada esa división...

Todas las corrientes parten desde un punto de vista positivo de buscar el bien de la Iglesia. Pero una de las cosas que han cambiado en el mundo y en la Iglesia, en esta quizás de manera un poco retrasada, es la necesidad de asumir el tema de la transparencia en el gobierno, en todas las acciones. En un tiempo se consideró prioritario defender a la institución de los escándalos, tapar las cosas. El gran ejemplo que nos dio Gorbachov fue el del glasnost. Y ese paso le ha costado darlo a la Iglesia. Una de sus corrientes defiende la conveniencia de que seamos totalmente transparentes, para que podamos estar al ritmo de la sociedad de hoy.

¿El papa Benedicto era partidario de no tapar sino de destapar?

Es la impresión que tengo. Afrontó de una manera muy valiente todo el tema de la pederastia entre los sacerdotes.

Enfrentó el tema, es cierto. Algunos aún dicen que no con la suficiente contundencia, porque no pidió perdón público por esos abusos...

Benedicto quiso realmente destapar todo lo que hay. Pero quiso hacerlo con prudencia, de una manera progresiva y pedagógica, si se quiere. Esa fue una de sus grandes intenciones durante su pontificado y muy particularmente en el momento de la renuncia.

Los 'vatileaks' también revelaron sospechas de corrupción en las licitaciones inmobiliarias del Vaticano y manejos financieros irregulares en el Banco Vaticano....

Donde hay dinero hay corrupción, o por lo menos el gran peligro de que la haya. Como seres humanos todos tenemos esa tentación. Es de rechazarlo, pero no de extrañarse, que haya habido corrupción en el manejo de las finanzas vaticanas. Por eso las puso en manos de la Unión Europea.

¿La renuncia del papa podría ser resultado de que Benedicto fue un gran filósofo, un gran teólogo, pero un mal gerente?

Ciertamente lo primero es verdad. Pero eso no quiere decir que fuera necesariamente un buen gerente. Cada uno en lo que es.

¿Con tantos problemas de la Iglesia, qué necesidad tenía este papa de echar del pesebre a la mula y al buey?

Los medios de comunicación a nivel global tienen que ser mucho más responsables. Afirmaron que eso había dicho el papa en su último libro sobre la infancia de Jesús. Mi primera impresión también fue de indignación: de que con tantos problemas tan sumamente serios en el mundo, el papa se pusiera a ver si en el pesebre estaban el buey y la mula. Pues yo leí el libro, y hay tres párrafos donde se mencionan esos animales. En ninguno de ellos dice eso. La tercera mención incluso afirma que la tradición cristiana nunca prescindirá del buey y del asno en la representación del pesebre. Todo lo contrario de lo que dijeron.

El papa Celestino V también renunció hace 600 años. Su sucesor, Bonifacio XVIII, lo metió preso porque se le volvió un problema político. ¿Qué tan difícil será convivir con la figura de un papa renunciado?

Eran unos tiempos terribles que se dieron en la Edad Media, cuando había toda esa manera de proceder. En este caso ha habido una suficiente sabiduría para interpretar el gesto de Benedicto de una manera positiva.

¿Lo que pudo espantar al papa pudo ser la politiquería interna del Vaticano?

Creo que sí. El recientemente fallecido cardenal Carlo Maria Martini decía que unos de los pecados de la Iglesia, y concretamente del clero, son las envidias, la rivalidad, las intrigas, que es prácticamente lo que de una manera más velada dijo el papa Benedicto.

¿Las intrigas de hoy podrían ser comparables con las de la era de los Borgia?

La Iglesia es santa y pecadora. Santa, porque contamos con la presencia de Jesús, de su espíritu que ilumina. Pecadora porque somos hombres falibles y débiles. Cuando la Iglesia se pone en contacto con el poder mundano de un Estado, aunque muy reprobable, es fácil que eso ocurra.

¿Desde el punto de vista de la gobernabilidad de la Iglesia, influye la nacionalidad del próximo papa?

Creo que no. La figura del papa es tan respetada en toda la Iglesia que no importa que sea polaco, canadiense, africano, argentino.

Una posibilidad es que un círculo influyente del Vaticano termine imponiendo a un italiano...

Se debe buscar ante todo el bien común de la Iglesia. Elegir a una persona que pueda regirla en estos momentos tan sumamente difíciles.

¿Un papa negro enviaría un mensaje?

Desde luego que sí.

¿Y uno latinoamericano?

También. Es imposible prescindir de lo que cada uno representa, y que se reflejará de alguna manera en su forma de gobernar.

¿En definitiva, cómo debería ser el perfil del próximo papa?

Frente a todos estos problemas de la Iglesia, tiene que ser un papa profundamente cristiano, espiritual, evangélico. Y asumir muy en serio la puesta en práctica del Concilio Vaticano II. Lo dijo Benedicto el miércoles de ceniza.

¿Eso significa tomar la dirección de la apertura y del 'glasnost' de la Iglesia?

Sí. La Constitución del Concilio Vaticano II es dinámica y abierta, y no hemos estado a la altura de ese documento. En ese sentido, tiene que ser un papa muy abierto, muy sensible a los problemas de hoy, que son muy concretos, nuevos y distintos.

¿Cómo cuales?

Por ejemplo, el tema de la moral sexual en todas las dimensiones; el matrimonio; el divorcio; la homosexualidad; la contraconcepción. Me acuerdo de que hace unos 15 años tuve una conversación con uno de los asesores del Vaticano II, un sacerdote colombiano que me decía: padre, la Iglesia está en mora de convocar a un nuevo Concilio, única y exclusivamente para resolver estos temas que se refieren a la moral sexual.

¿La Iglesia está quedada frente a todos esos temas?

Yo no estoy diciendo que haya que hacer esto o aquello, sino plantearlos muy en serio y con una actitud de mucha sinceridad y apertura. En ese sentido, la Iglesia tiene mucho que aprender de la sociedad de hoy, y la sociedad, mucho que aprender de la Iglesia. Hoy hay una especie de cerrazón, mutua quizás. La sociedad contemporánea no quiere oír nada de la Iglesia, y algo por el estilo puede estarle ocurriendo a la Iglesia.

¿Podría decirse que ha habido una pérdida de influencia de la Iglesia sobre el tema del sexo?

Sí. Sin duda. La Iglesia a lo largo de la tradición ha tenido del sexo una concepción muy elevada, y ha buscado una gran pureza en relación con el ejercicio del sexo. Pero tiene que ir comprendiendo que esa concepción tan elevada y pura tiene una dimensión muy concreta en las relaciones de las personas.

En conclusión, ¿el acto de humildad del papa consiste en reconocer que no pudo más?

Sí, en que no pudo. En que quiso darle una apertura a la Iglesia que ya no alcanzaba a garantizar. Creo en los cambios; son importantes, llega un momento en que la persona que está al frente de una institución ha dado todo y se ha desgastado. Eso le pasó al papa. Muy bueno que venga otra persona con un perfil nuevo, nuevas ideas y entusiasmo, que abra nuevos caminos.

¿Desde el punto de vista de la misión profética del pontífice, qué significa su abdicación?

La misión profética de un papa no es anunciar el futuro, sino interpretar el presente, para responder a él de la mejor manera posible.

¿Si las profecías del papa son sobre el presente, su renuncia nos debe dejar muy preocupados?

Sí. Pero es una preocupación sana.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO