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Muerte en la vía

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14 de febrero 2013 , 03:40 p.m.

Las cifras sobre víctimas del tránsito que mueren atropelladas por vehículos es, sencillamente, aterradora. 'Un muerto cada 15 horas en accidente vial', según informa EL TIEMPO en su edición del jueves 14, es mucho más que los que produce el conflicto con la guerrilla, o la acción de las bandas criminales. Podría decirse que en Bogotá hay un "taxímetro de la muerte".

Este alto número de víctimas de accidentes de tránsito ocurre "pese a la gran cantidad de campañas de las autoridades de Bogotá". Peatón consuetudinario como soy, he observado que esas campañas son de elevada ineficiencia. Primero, parecen improvisadas. Y segundo, no son convincentes, ni adecuadas. La prueba la tenemos en las mismas cifras de origen oficial: un muerto promedio cada 15 horas entre peatones, motociclistas y ciclistas. Es triste decirlo, pero ver a un motociclista aplastado por un vehículo, se ha vuelto cosa rutinaria.

Sin embargo, no sería justo cargar con toda la culpa, y a veces ni siquiera con la culpa, a los conductores de vehículos. Si es cierto que algunos choferes estarían mejor tras las rejas que al volante, son más bien la excepción. La culpa de los accidentes la tiene en primera instancia la propia víctima. La imprudencia de los peatones, de los motociclistas y de los ciclistas en Bogotá es infinita. Está el semáforo en rojo para los peatones, y usted los ve que se tiran a cruzar la calzada, sin mirar si viene algún vehículo. Los motociclistas se atraviesan por donde sea con tal de adelantar. Y los ciclistas se han convertido en un peligro para los peatones y para ellos mismos. Va uno caminando tranquilamente por una acera y, cuando menos piensa, aparece un ciclista a toda velocidad (por el andén, claro) y sin fijarse en quién viene o en quién va. Apenas tiene usted tiempo de hacerle el quite.

Lo raro no es que haya un muerto por accidentes de tránsito cada 15 horas en Bogotá. Lo milagroso es que no sea más alto el promedio.

Aceptemos que la Secretaría de Movilidad no tiene el control del tránsito peatonal, ni puede tenerlo. Los cientos de agentes que uno ve por ahí regados, para regular la movilidad, lo hacen con absoluto desgano, si es que lo hacen. Y tienen razón. Lidiar con los bogotanos no es fácil. Somos groseros, maleducados y creemos que  las normas son para violarlas. En el tramo peatonal de la 7a. se estableció un carril para ciclorruta, y otros dos para peatones. Se supone que por la ciclorruta van las bicicletas, y por los peatonales se anda a pie. Pues no es así. Los ciclistas andan por los pasos peatonales, y los peatones se mueven por la ciclorruta. Agreguemos a esto el gran civismo de los bogotanos. Ya comenzó la destrucción salvaje de las materas que separan la supuesta ciclorruta del supuesto paso para caminantes.

¿En dónde está la falla? En la educación. No se les enseñan a los niños las nociones elementales de cívica y de convivencia ciudadana. No se les instruye en para qué son las normas de tránsito, ni en cómo ellas sirven para conservar la vida propia y la de los demás, etc. Mientras no se restaure en la educación, desde el primero de primaria hasta el 11º. de bachillerato, la cátedra de instrucción cívica, con intensidad horaria de por lo menos tres horas a la semana, no solo en el salón de clases sino con observación y práctica en las calles, todas las campañas que hagan las autoridades serán tiempo perdido. Sin educación cívica quizá mejoremos y dentro de un par de años el promedio de muertos en accidentes de transito no será de uno cada 15 horas, sino de dos o tres cada diez horas.