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La revocatoria es legítima y democrática

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09 de febrero 2013 , 08:18 p.m.

California es el estado más rico de la unión americana y un punto de referencia para la democracia moderna. Es, además, un lugar caracterizado por el civismo y sentido comunitario de sus habitantes. En este contexto, en el año 2003, el gobernador Gray Davis fue revocado de su posición por medio de un referendo, el primero en ser exitoso en dicho estado y el segundo en la historia del país del norte.

La revocatoria de Davis ocurrió tan solo un año después de haber sido reelegido gobernador y de haber disfrutado de altos índices de popularidad. Davis mejoró la calidad de la educación pública y logró aprobar la primera ley enfocada en limitar las emisiones de gases efecto invernadero y fue reconocido por su habilidad diplomática en la compleja relación California-México.

Sin embargo, iniciando su segundo período, enfrentó una de las peores crisis energéticas de la historia reciente de los Estados Unidos y falló en las negociaciones para que el legislativo de California aprobara el presupuesto estatal. A pesar de ser temas que no eran de su total control, los votantes californianos castigaron su limitada gestión en aquellos y optaron por revocar a un gobernante plenamente conocido por ellos.

Esta historia es un buen referente para el proceso de revocatoria del mandato del Alcalde Mayor de Bogotá, en donde se han utilizado argumentos tales como que serían peores las consecuencias de detener un gobierno en curso, o que hay que darle más tiempo para sacar adelante su plan de desarrollo. También se ha citado que los promotores del proceso podrían tener intereses oscuros y alejados del bienestar general.

Tal vez la moraleja más interesante del caso Davis es que, incluso, el gobernante de uno de los lugares más ricos del planeta, y no obstante su positiva gestión en el pasado, sigue siendo políticamente responsable de cada una de sus acciones. Ese es el concepto que debería resaltarse para el caso actual de nuestra ciudad.

Los problemas de Bogotá no se limitan a la inocua y autogenerada crisis en la recolección de basuras, sino a la falta de un modelo de ciudad coherente de quienes comandan nuestros destinos. Todo esto en conjunto con una carencia de capacidad gerencial y de planeación. Después de más de un año en el poder, la Administración Distrital no ha logrado avances en temas claves como la implementación del Sistema Integrado de Transporte Público y el montaje de la jornada única en las instituciones educativas del Distrito.

Durante el año de gobierno se han dado sendos traspiés para el futuro social y económico de la ciudad, incluyendo las rebajas de las tarifas de servicios públicos sin el correcto sustento financiero, y el pánico económico generado con los apresurados anuncios de fusionar las empresas de Energía y de Telecomunicaciones. Todo esto sin contar la antitécnica decisión de invertir más de un billón de pesos en un tranvía que no estará en capacidad de mover la demanda de pasajeros mientras se abandona la posibilidad de expandir el sistema TransMilenio, o el equivocado paradigma de continuar densificando el centro urbano con la mayor densidad poblacional del continente. Bogotá ya empezó su descenso en los indicadores y escalafones que hacen referencia a competitividad y sostenibilidad financiera por entidades como el Departamento Nacional de Planeación.

Estas son algunas de las razones por las cuales dos de cada tres bogotanos no apoyamos la gestión del Alcalde, y el eventual éxito de un proceso revocatorio se explicaría en esta realidad. Esto lo convierte en un proceso legítimo, en donde nuestra democracia avanzaría hacia lograr una mayor responsabilidad de quienes nos gobiernan.

Eduardo Behrentz
(@behrentz)