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Julio Flórez, una oda a la tristeza

Hace 90 años falleció en Usiacurí el poeta nacional nacido en Chiquinquirá

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06 de febrero 2013 , 08:54 p.m.

Todo llega tarde hasta la muerte, así, tal como tituló uno de sus poemas más profundos, vivió Julio Flórez Roa, el poeta nacional.

El 7 de febrero, se cumplen 90 años del fallecimiento en Usiacurí (Atlántico), del autor de Flores Negras, Resurrecciones, La araña, El cóndor, Idilio eterno, Silueta, Abstracción y otros tantos poemas que hacen parte de la literatura colombiana.

Julio Flórez nació en Chiquinquirá, el 22 de mayo de 1867 en una familia de filiación liberal, algo que lo marcaría toda la vida y lo llevaría a ser contestatario contra el estamento conservador y el clero, por lo cual pasaría años exiliados y sería considerado como un ‘poeta maldito’.

De Boyacá partió siendo un niño hacia Bogotá donde desarrollaría la mayor parte de su obra.

A los siete años comenzó a escribir sus primeros versos y en 1881 ya estudiaba literatura en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, carrera que no pudo culminar por el estallido de la primera de las guerras que marcaron su vida: la Guerra Civil de 1885.

Llevar la contraria hizo parte de su esencia. Rechazó cargos diplomáticos, fustigó a los conservadores desde la trinchera de sus versos y fue amigo de los proscritos, entre ellos Candelario Obeso, poeta de raza negra, y José Asunción Silva, quien se suicidó el 23 de mayo de 1896 y a quien, con tan solo 17 años, dedicó el poema El Cóndor en el que le daba la razón de su decisión, lo que le significó el desprecio de la Iglesia.

Flórez tuvo protagonismo en la Guerra de los Mil Días cuando el toque de queda a las 7:00 de la noche desesperó a los poetas que no podía realizar sus tertulias y en respuesta a ello creó ‘La gruta simbólica’, una tertulia errante y bohemia que reunió a personalidades de la época.

En 1905 salió del país ante los rumores que lo señalaban como sacrílego y blasfemo.

Viajó entonces hacia Caracas y luego a Centroamérica y México, donde su fama se hizo internacional y el peso de su figura en Colombia creció rápidamente, tanto, que el presidente Rafael Reyes tuvo que nombrarlo segundo secretario de la Legación de Colombia en España.

Fueron años en los que deambuló por la vida conquistando mujeres, llenando teatros, protagonizando escándalos nocturnos y haciendo tantos amigos como enemigos por el mundo.

En ‘la Madre Patria’ vivió entre Madrid y Barcelona hasta su regreso definitivo a Colombia en 1909, puntualmente a Usiacurí, atraído por las aguas medicinales de este municipio que lo ayudarían con sus quebrantos de salud.

Allí, a sus 42 años, se enamoró de una colegiala de 14 llamada Petrona, con quien se fue a vivir en un rancho de paja y tuvo cinco hijos: Cielo, León Julio, Divina, Lira y Hugo.

Junto a su familia el escritor pasó 14 años dedicado a labores de campo y a recopilar su obra, mientras comenzaba a sufrir un cáncer de pulmón que le deformaría el rostro y le dificultaría el habla hasta el final de sus días, a los 55 años.

Una casa de Chiquinquirá a un costado del parque que lleva su nombre, nació Julio Flórez.

Pronto será restaurada por sus dueños. La Casa Museo Julio Flórez en Usiacurí, Atlántico. En ella falleció el autor, tres días después de ser coronado como poeta nacional.

Sus poesías llegaban a todas las clases sociales

La poesía de Julio Flórez es universal. Sus versos llegaban con facilidad al pueblo raso y a la vez era ovacionado por las clases altas.

“Fue un poeta fácil de entender para todos. Tenía la virtud de tocar la fibra de los enamorados, los decepcionados y los hasta los ‘entusados’. Su verso era triste y profundo. Además, en aquella época la única diversión eran las tertulias, y en ellas, Flórez sobresalía por ser un excelente declamador, su don de gentes y galantería con las damas”, cuenta Raúl Ospina Ospina, periodista, escritor y presidente de la Fundación Cultural Jetón Ferro de Chiquinquirá sobre el éxito del poeta.

Su obra consta de 10 libros: Huyeron las golondrinas, Horas, cardos y lirios, Gotas de ajenjo, Cesta de lotos, Manojo de Zarzas, Haz de espinas, Flecha roja, De pie los muertos, Fronda lírica y Oro y ébano.

“Tenía la tendencia a hablar de la tristeza, del dolor del ser humano. La palabra fosa aparece mucho en sus obras. Hablaba más de la muerte que de la vida”, cuenta Ospina. “Después de su muerte, todos los poetas querían ser como Julio Flórez. Fue un ‘boom’, tal como ocurrió con Gabriel García Márquez, pero pronto la gente se dio cuenta que Flórez, al igual que Márquez, solo hubo uno”, indica Ospina.

A pesar del tamaño de la figura de Flórez en la historia colombiana, el autor poco y nada le dejó a su natal Chiquinquirá. No se conocen ningún poema, oda o soneto dedicado a la ciudad, no así a Bogotá, a la cual su pluma le dejó dos sonetos “La poesía colombiana ha crecido mucho, pero algunas de la creaciones de Flórez como Flores Negras, Abstracciones, Todo llega tarde hasta la muerte o La araña, son de una profundidad difícil de igualar”, dice el periodista. “Julio Flórez seguirá siendo un personaje polémico.

El desaparecido novelista y crítico literario Germán Espinosa en un Encuentro de Escritores de Chiquinquirá, públicamente dijo que Flórez era un ‘coplero’ sin mayor trascendencia cuyo lenguaje no llegaba a las 80 palabras.

Bueno… sea como sea, el poeta sigue campante y sus versos continúan volando de boca en boca, de corazón en corazón así algunos cronistas lo llamen ‘coplero’ o ‘el último poeta maldito’”, escribió sobre le vigencia de Julio Flórez, el historiador Víctor Raúl Rojas.

Julio Flórez, de brazos cruzados detrás de su padre Policarpo, junto a su madre Dolores Roa y algunos de sus hermanos y sobrinos.

El busto del poeta preside uno de los parques más importantes de su natal Chiquinquirá. Flórez recibió el título de poeta nacional antes de fallecer en una fiesta que reunió a todo Usiacurí. La obra de Julio Flórez está repartida en diez libros.

REDACCIÓN BOYACÁ 7 DÍAS