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Muerte de patrullero, un desafío a la política de seguridad / Análisis

Con lo sucedido se le ha dado un duro golpe a la percepción de seguridad en Bogotá.

04 de febrero 2013 , 10:19 p.m.

Aunque es prematuro señalar las causas que llevaron a la muerte del patrullero Jairo Alberto Díaz, lo cierto es que con lo sucedido se le ha dado un duro golpe a la percepción de seguridad en Bogotá.

Si bien los principales índices de criminalidad, especialmente el de homicidio, muestran una franca mejoría (16 muertes por cada 100 mil habitantes), el hecho de que un policía desaparezca misteriosamente y que su cuerpo emerja a los 9 días a pocas calles de donde se perdió su rastro, con aparentes señas de tortura, genera un impacto en el ánimo de los ciudadanos que, a estas alturas, se plantean una pregunta simple: "si eso le pasó a un policía, ¿qué puede esperar uno?".

Tan aterradora como la aparición ayer del cuerpo, sigue siendo la manera como desa-pareció: durante una inspección de rutina, en compañía de varios colegas, en un barrio popular, a los ojos de decenas de vecinos. Más aún, el hecho se registró pocos días después de que el presidente Juan Manuel Santos y el alcalde Gustavo Petro hicieron presencia en el mismo sector para lanzar un ambicioso plan de seguridad.

¿Qué falló?, ¿qué tipo de criminales osarían secuestrar, torturar y asesinar a un policía bajo estas circunstancias?, ¿a quién le conviene esta muerte?, ¿por qué? Son preguntas que necesitan respuestas inmediatas para no caer en especulaciones, como aquella de que el patrullero pudo ser víctima de una celada.

Ahora bien, si se confirma que lo ocurrido fue obra de las temibles bandas que operan en el sector, conocidas como los 'Pascuales' o los 'Luisitos', el desafío que le han planteado a la autoridad es preocupante. ¿Será esta la forma como responderán a la acción policial? Porque una cosa es cierta: la seguidilla de golpes que la misma Policía ha propinado a las bandas del microtráfico, particularmente a las que se ubican en el sector del Bronx. El propio alcalde Petro aseguró anoche que se trata de una retaliación de tales mafias por la acción de las autoridades.

Otra cosa piensan analistas como Hugo Acero, experto en seguridad. Para él, el empoderamiento de los grupos criminales está alcanzando límites insospechados. "Está claro que las bandas ya no le tienen miedo a las utoridades, sino que las desafían con organización y recursos. Y el Estado no está organizado para enfrentarlas", a lo que contribuye la falta de justicia.

Como quiera que sea, lo que no se puede ignorar es que estos grupos se han convertido en un preocupante azote para la ciudad y en un dolor de cabeza para la Administración, para la misma Policía y, por supuesto, para los ciudadanos en general.

ERNESTO CORTÉS
EDITOR JEFE DE EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com