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¿Qué le hacen estas sustancias a su cuerpo?

02 de febrero 2013 , 07:17 p.m.

La mayoría de las drogas sintéticas incrementan en el cerebro la actividad de neurotransmisores como la serotonina, que regula el estado de ánimo, el sueño, las emociones y el apetito; la dopamina, responsable del placer, y la norepinefrina, potente estimulante cerebral y cardiaco.

Esto explica la estimulación mental, emocional y de movimiento que presentan los consumidores, y su sensación de bienestar y aumento de fuerza, mientras la droga está en la sangre. Los usuarios experimentan efectos inmediatos, como euforia, desinhibición e incremento de la autoestima, que, dependiendo de la sustancia y del individuo, también pueden ser de agobio, confusión, inquietud y malestar, y llevar al aumento exagerado de las percepciones, con desenlaces psicóticos, en muchos casos.

De estas drogas hacen parte las anfetaminas, el éxtasis, la marihuana sintética (o K2), el spice, el popper y las sales de baño (que contienen mefedrona, un estimulante parecido a la cocaína).

El psiquiatra Rodrigo Córdoba, asesor internacional en drogadicciones, explica que es casi imposible identificar su consumo clínicamente: "No hay pruebas de laboratorio específicas para detectar estas sustancias en el organismo", dice.

Si bien siempre hay taquicardia, aumento de la tensión arterial, resequedad en la boca, sudoración, deshidratación y escalofríos, en ocasiones, como efecto de la combinación de sustancias, puede haber depresión. En casos severos de consumo se presentan náuseas, vómito, arritmias cardiacas, infartos y muerte por sobredosis.

Estudios sugieren que las secuelas de estas drogas no desaparecen cuando se suspende el consumo, lo que puede terminar en desenlaces fatales.

Estos efectos dependen del tipo de sustancia, de la respuesta del individuo, de la cantidad y del tiempo de uso; sin embargo, en el caso de las metanfetaminas, que no están incluidas en la norma, sus efectos son tan severos y en ocasiones tan fatales que su consumo siempre se considera peligroso, incluso en dosis bajas.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO