Archivo

¿El derecho de secuestrar?

notitle
01 de febrero 2013 , 06:02 p.m.

El taxista -quién sabe si sería en chiste- me dijo que 'Iván Márquez' había leído ayer un duro comunicado sobre los Noés del Gobierno. ¿Estaría yo en peligro? "Pero si soy amigo de la paz negociada. Soy un optimista moderado del proceso en La Habana", me decía, atortolado. Por suerte el taxista había escuchado mal. Era sobre lo que 'la Far', como dice Uribe, denominó "los noes" del Gobierno. O sea, las negativas a peticiones de ellos, y, así mismo, que les ha caído como un cilindrazo que los llamen "cínicos".
Lo cierto es que el proceso enfrenta hoy una verdadera crisis, una prueba de fuego. De fuego cruzado, sobre todo. La más difícil desde que se sentaron en torno de una Cuba "libre". Tropiezos que son inevitables cuando se habla en medio del conflicto, como en los matrimonios en vías de separación.

Pero bien. O pero mal. Lo que pasó es muy grave y a vinagre sabe. Las Farc se equivocaron al secuestrar a dos policías, desarmados, en misión investigativa. Ahí, como el que toma agüita de tilo para los nervios, les salió el "tilo" por la culata. Porque el secuestro es el delito que más resiente a esta sociedad y el que más detesta. Sobre todo cuando es practicado por esa guerrilla, pues vuelve a la mente el horror vivido: los que no volvieron -civiles y militares-, o las indignantes imágenes de los uniformados en medio de alambrados de púas, que más parecían cocheras, inspeccionados por el 'Mono Jojoy', o con la cadena al cuello. Eso de inmediato trae un rechazo, nacional e internacional, y mina el proceso mismo.

Y se torna más indignante cuando, a pesar de que bajaron los delitos con la tregua decembrina de las Farc, se comienza a ver que no cumplieron la promesa de no secuestrar civiles. Antier la Sexta Brigada del Ejército les quitó de las manos a tres ingenieros en el Cauca. Pero aún tienen a cuatro profesionales, entre ellos tres extranjeros... Cuando habían dicho que no secuestrarían más civiles, estos actos dejan a la guerrilla como simples "pinochenkos".

Pero, además, a la gente le emberraca, o la empurra -como dicen en Honduras- que digan que "nos reservamos el derecho de secuestrar". ¿El secuestro es un derecho? Y le dan al Gobierno el "derecho" de bombardear. Anteayer mismo dejaron caer unas piñas sobre el campamento de 'Jacobo Arango', jefe del frente quinto de las Farc en Córdoba. Sí, se dialoga en medio del conflicto, pero hay actos que no se deben cometer y palabras que se tienen que cumplir.

Me las estoy dando de analista del conflicto. Las partes, si no estamos perdiendo el tiempo, deben cuidar el proceso. A la paz se llega sentados a la mesa de diálogo, tragando sapos, trabajando duro, siendo realistas, evitando darles munición a los enemigos del proceso, sin insultos públicos de ningún lado. Y escuchando observaciones. Por ejemplo las del exdirector de EL TIEMPO Enrique Santos Calderón, quien con razón cree que vamos a ritmo de vals, cuando debería ser al menos de puya vallenata, un poco más movidito, con algún avance. Por eso puya.

Deben cuidarse las partes de que este proceso -insisto, persisto y no desisto-, el mejor camino para la paz, no se politice. Porque se viene la campaña electoral, con Uribe y sus precandidatos, e inevitablemente la negociación será el caballo de batalla todos los días. Y si se lo ensillan desde La Habana, Uribe, que es muy buen chalán, monta sin tocar el estribo. Y eso le sirve políticamente. Cada pelea son 10.000 votos para el uribismo. Así que el reto es blindar el proceso, defender la credibilidad de la opinión "púbica", como dicen los de las pensiones obscenas. Porque si este intento fracasa, lo que viene es "sangre, sudor y lágrimas", como dijo Churchill. Es un desafío no solo de las Farc. Pero sí más de ellas. ¿Estuve lúcido?

luioch@eltiempo.com.co