Viajar

Misiones: una utopía del turismo sustentable en Argentina

Crónica de un recorrido por esta provincia, un ejemplo de que viajar de forma sostenible es posible.

Misiones, la utopía del turismo sustentable | VIAJARCrónica de un viaje por la provincia de Misiones, hogar de las cataratas de Iguazú en Argentina.
La Garganta del Diablo

Foto: 123RF

21 de enero 2018 , 01:00 a.m.

Respiramos hondo y damos un paso hacia el abismo. Nos rodea tanta niebla que parecemos dentro de una nube. Aparecen de repente cientos de aves de alas puntiagudas que permanecen unos segundos suspendidas en el aire cálido y húmedo, antes de lanzarse cual kamikaze hacia las cataratas de Iguazú. Somos solo seis periodistas manteniendo el equilibrio sobre la Garganta del Diablo, el salto de agua más alto –82 metros– de los 275 que tiene el parque nacional Iguazú, en el nordeste de Argentina.

Esta maravilla –declarada patrimonio natural de la humanidad por la Unesco en 1984– es el sistema de cascadas más caudaloso del mundo, incluso supera a las del río Niágara, entre Estados Unidos y Canadá.

En un año, al parque nacional Iguazú ingresan más de un millón de personas. El promedio diario es de cuatro mil. Pero este ir y venir de multitudes se ha convertido en un riesgo para la provincia de Misiones, hogar de las cataratas. En esta zona se producen 521 toneladas de desperdicios al día.

¿Cómo proteger los recursos naturales y al mismo tiempo impulsar el desarrollo del turismo?

Conocimos a quienes han dedicado sus vidas a hacer que este sea un destino que, ojalá, los hijos de nuestros hijos lleguen a disfrutar.

Río y selva: fuentes de vida

La provincia de Misiones, en el nororiente de Argentina, es un rincón de tierra gaucha entre Brasil y Paraguay. Allí viven los guardianes del último remanente de selva paranaense.

El agua rodea casi toda la provincia. Por el occidente pasa el río Paraná, que la separa de Paraguay, y por el norte, el Iguazú crea una frontera natural con Brasil. En el suroriente está el río Uruguay, responsable de nutrir las porciones de selva paranaense concentradas en esta parte de Misiones.

En 1999, el Gobierno argentino sancionó la ley del Corredor verde, que pretendía unir más de un millón de hectáreas de selva para conservar sus ejemplares de flora y fauna.

Sin embargo, detener la tala de árboles no es un objetivo realista. “Nuestra misión no es guardar los bosques, sino que no se acaben”, dice Saúl Blanco, especialista en turismo sostenible de Rainforest Alliance, una ONG internacional que trabaja desde hace cuatro años con empresas locales.

La idea no es dejar de usar, sino reponer. “Nuestro objetivo es la reforestación”, dice Alejandra Pautasso, empresaria de Tacuapí Lodge, un alojamiento en medio de la selva.

Las cabañas, construidas cerca de la copa de los árboles, están conectadas por circuitos de madera elevados que permiten la circulación de animales.
El tacuapí, una planta parecida al bambú que se encuentra en peligro de extinción, rodea las habitaciones construidas con madera reciclada y hojas de tabaco.

Además, los residuos forestales tales como el aserrín o la viruta, elementos que antes era considerados basura, se han convertido en fuentes de energía alternativa. En Misiones son cada vez más los hoteles que reemplazan el gas, el petróleo y la energía eléctrica por el pellet, una suerte de palillo del grosor de un pretzel que en grandes proporciones puede calentar el agua de un hotel completo.

Contra el turismo sexual

213 kilómetros hacia el norte de la provincia está Puerto Iguazú, ciudad fronteriza de 70.000 habitantes. Es pequeña si se compara con su vecina, la ciudad brasileña de Foz do Iguaçu, de 300.000 habitantes, y con la paraguaya Ciudad del Este, de 200.000. El lugar más emblemático de la ciudad es el Hito de las Tres Fronteras, en donde solo la confluencia del río Paraná y el Iguazú divide a estos países.

Por su condición fronteriza y su cercanía a las cataratas –a solo 20 minutos en carro–, esta ciudad recibe miles de visitantes al año, lo cual ha sido un reto para su conservación.

Cuidar el destino no es solo cerrar la llave del agua o separar la basura. El componente social es igual de importante. “La adopción de políticas para prever situaciones que puedan implicar la explotación sexual de menores es uno de los indicadores críticos para conseguir la certificación en turismo sostenible”, explica Saúl Blanco.

Desde 2014 se han establecido protocolos para que un menor de edad no pueda alojarse junto a un adulto que no muestre filiación o tenga la autorización de sus padres. “A nadie le gusta hablar del turismo sexual”, explica Lisandro Lozina, supervisor de reservas del hotel Saint George, uno de los primeros de Puerto Iguazú, “pero es un flagelo que debemos combatir”.

Más de diez mil niños han sido alcanzados por estas medidas. En 19 casos rechazaron reservas. “No queremos que se asocie el destino con estas prácticas –explica Lisandro–, es nuestra forma de protegerlo”.

Educar para conservar

Los ‘originarios’ es el apelativo dado a los indígenas descendientes de los guaraníes, una cultura prehispánica, en Misiones. Desde los años 1600 hasta su expulsión, un siglo después, los jesuitas convivieron con los guaraníes en el litoral argentino. El mate, la famosa infusión, es un legado jesuítico-guaraní.

Hoy, casi medio siglo después de las misiones de la Compañía de Jesús, la única reserva donde los ‘originarios’ conviven otra vez con una empresa de “habladores” –como se refieren al hombre blanco– es la selva Iryapú, ubicada a la vera de Puerto Iguazú.

Hace siete años llegó a estos parajes Roberto Morella, cacique de la aldea Jasy Porá, de la comunidad Mbya guaraní. En ese entonces la escuela más cercana quedaba a kilómetros de distancia.

En 2014, el cantante Semino Rossi hizo una donación para construir una escuela. “Yo solo pedí –dice el cacique Roberto–. Me preguntó qué era lo que más quería, y yo dije que una escuela”.

Comenzaron con 52 niños, hoy son 83 estudiantes de los 6 a los 11 años, divididos en nueve grados.

“El Estado nos envía 6,6 pesos argentinos –poco más de mil pesos colombianos– por niño al día”, dice Álex Rodas, director de la escuela, y agrega: “Los programas de La Aldea de la Selva nos ayudan mucho”. A cambio de compartir su conocimiento ancestral, los huéspedes de este hotel, certificado en turismo sustentable, compran sus artesanías y promueven su economía.

Estas comunidades de milenarios saberes creen que mientras un pueblo tenga niños gozará de la protección de los dioses. Es posible que tengan la razón.

Si usted va

Hay vuelos desde Bogotá a Foz do Iguaçu con escala en São Paulo. De ahí a Puerto Iguazú (Argentina), cruzar la frontera en un día tranquilo le tomará menos de una hora.

Mucho, pero mucho repelente. Hay cientos de especies diferentes de mosquitos en esta zona.

Aliste la certificación de la vacuna contra la fiebre amarilla. Si no la tiene, póngasela por lo menos 10 días antes de viajar. Pueden retenerlo en el aeropuerto.

Pregunte por las certificaciones con las que cuenta el hotel y por los programas de turismo sostenible.

Si visita una comunidad originaria, sea respetuoso. No entre a sus casas sin permiso ni tome fotos sin previa autorización de una persona mayor de la comunidad.

MARCELA HAN
Enviada especial de ELTIEMPO*
En Twitter: @Han_Acero
* Invitación de Rainforest Alliance y operadores turísticos de la región

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