Viajar

Confesiones del heredero del trono en Aviatur

Samy Bessudo tiene el reto de consolidar a la agencia de viajes más importante del país.

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Samy Bessudo tiene 37 años y es politólogo de profesión.

Foto:

Abel Cárdenas

12 de febrero 2017 , 01:54 a.m.

Samy Bessudo ya está grande. Tiene 37 años, se casó en junio del año pasado en la isla mexicana de Holbox y tiene dos hijas de su primera relación: Shenoa y Alana. El colombofrancesito que creció entre viajes y cocteles, personaje infaltable en las páginas sociales de los periódicos y revistas del país, ha crecido. Y ahora está empoderado del imperio levantado por su padre: Aviatur, la agencia de viajes más grande e importante del país que esta semana cumplió sus primeros sesenta años.

Y aunque no muchos lo sepan, es desde hace dos años el presidente de la compañía. El viejo, entusiasta y exitoso Jean Claude se retira lentamente –aunque le cueste–, pero sigue a la cabeza de la organización (26 empresas, 4.500 empleados).

Pero su consentida, la agencia de viajes, está en manos de su heredero. Y él se declara feliz. Dice que no se mete, que Samy ya está grandecito y tiene la preparación, el talento y el compromiso para consolidar a Aviatur, en un momento en el que el turismo se vislumbra como la gran industria del país.

Una agencia especializada en turismo gay (GayTravel), otra que se dedica al avistamiento de aves y una fundación en la que apoya a madres cabeza de hogar y donde emplea a un grupo de exguerrilleros de las Farc –como guías y en logística– hacen parte de su propia cosecha.

En esta entrevista, Samy deja claro que está listo para hacer su propio reinado.

Usted estudió ciencias políticas y trabajó en la Cancillería, pero finalmente terminó en el turismo. ¿No era más fácil empezar de una vez en la empresa familiar?

No veía al turismo como una opción. Yo había empezado mi carrera en la Cancillería, donde estuve dos años, pero finalmente le pedí a mi viejo que me dejara trabajar con él.

¿Qué pasó en la Cancillería?

Fue una experiencia muy linda, pero no me veía trabajando en lo público. Necesitaba un poco más de velocidad y en el Estado, a veces, eso no se da; se requiere de mucha paciencia. Y me pregunté: ¿Trabajo para alguien más o trabajo para mi viejo?

¿Y él qué le dijo?

Claro que me recibió, pero en la oficina de cobranzas, como cualquier otro, sin ningún privilegio. Pasé por varios puestos más, operativos y administrativos. Fui asistente de la secretaría general y asistente de mi viejo, que fue la etapa más dura.

¿Por qué?

Porque él es 24/7. Nunca para. Parece que nunca descansara.

Cualquiera pensaría que tenía el camino muy fácil…

Sí, pero no fue así. Cuando no estaba de acuerdo, pues no estaba de acuerdo. Y cuando yo no estaba de acuerdo se lo hacía saber, pero quien mandaba era él.

¿Qué le decía?

Cosas como esta: “Cuando se gane el respeto de la gente y lo quieran, cuando aprenda bien, llegará el momento. Pero por ahora, trabaje y haga lo que le estoy pidiendo”. Y después de 14 años en la empresa, de ir conociéndola, de involucrarme, hace dos años estoy en la presidencia.

¿Y hoy como es su relación con él?

Es muy buena. Él es el presidente del grupo Aviatur y yo soy el presidente de la agencia: él sigue en la cabeza de todo el grupo empresarial, que son 26 empresas. Claro está, la agencia es la empresa más grande.

¿Pero qué tan pendiente está de lo que usted hace?

No se mete en mis decisiones, aunque yo pensé que se iba a meter. Pensé que iba ser superdifícil porque evidentemente he cambiado cosas, pero sorprendentemente no se ha metido.

Conociendo a su papá, como el país lo conoce, ¿qué tanto cree que le ha costado dejar las riendas de la agencia en sus manos?

Creo que le gusta, primero, por los resultados. Y segundo, porque creo que es el mundo ideal para cualquier padre: que el hijo se encargue del negocio que construyó con tanto sudor. Y viéndolo así creo que está feliz.

¿Y como presidente de toda la organización sigue igual de intenso que siempre? ¿O ya se relajó un poco?

No, creo que nunca se va a relajar. Ahora está metido de lleno en un proyecto enorme para Aviatur, en una estrategia que hace parte de la diversificación. Aparte de todo, está íntegro, y le gusta lo que hace y se lo goza. Yo no lo veo jubilado y tampoco lo quisiera.

(También: Estos son los destinos favoritos de los colombianos)

¿En qué consiste ese proyecto?

Es un hotel de lujo que se llama Las Islas, en Barú, Cartagena. Unas son cabañas en los árboles y otras, bungalós, en el mar. Todas, con su piscina privada. Son 53 en total.

¿Bungalós en el mar como en la Polinesia Francesa?

Sí, será espectacular.

¿Y cuándo estará listo?

Esperamos que en noviembre, o de pronto antes.

Y bueno, ya son 60 años de Aviatur…

Gracias a Dios, porque no hay otra palabra, ya cumplimos 60 años liderando el mercado de los viajes y turismo. Ojalá sean muchos más. Hay que seguir trabajando duro. Y ojalá los colombianos nos sigan viendo como la opción más responsable, más económica y más acertada para sus viajes.

De los paquetes de viajes que vende Aviatur, ¿qué tantos son para el exterior y qué tantos son para viajar dentro de Colombia?

Es muchísimo más lo que vendemos a los colombianos para viajar dentro de Colombia o al exterior, que lo que les vendemos a los extranjeros para que viajen en nuestro país. El porcentaje es 95/5. Claro que ha crecido, pero no es una cifra muy significativa. Pero creemos que es el futuro y esa es la apuesta, porque lo que se viene para el turismo en Colombia es muy, muy grande.

Claro. El Gobierno calcula que con el posconflicto el turismo internacional se incrementará en un 30 por ciento. ¿Qué opina?

Es una oportunidad única y obviamente la paz nos puso de moda en el mundo y llegarán muchos turistas y eso va a ser muy bueno para la economía del país, para las agencias de viajes, los hoteleros, los restaurantes, los transportadores. Va a haber un ‘boom’ que tenemos que aprovechar. Pero tenemos que ser muy cuidadosos porque podemos convertirnos en una potencia turística en América Latina, pero las cosas también podrían salir muy mal.

¿En qué hay que tener cuidado?

En las políticas de desarrollo hotelero, en el tema ambiental, en las políticas públicas y sobre todo debemos procurar que el turismo sea una prioridad de Estado. Las grandes potencias del mundo se mueven en gran parte gracias al turismo y viven de eso.

¿Y qué recomendaría?

Yo quisiera para Colombia un modelo como el de Costa Rica, que es una potencia en turismo de naturaleza y de conservación. No creo que Colombia se merezca un modelo como el de Cancún, que aunque es válido, no me imagino a las selvas y playas del Chocó llenas de edificios. Ya cometimos un error con San Andrés. Tenemos un país virgen.

¿Qué no le gusta de San Andrés?

Tengo muchas quejas respecto a la hotelería. Tengo quejas de hacinamiento en la oferta turística, de los servicios públicos. Y pues tantos edificios, incluso muchos sin terminar, en una isla donde se perdió la esencia de la arquitectura nativa. Edificios en una isla, donde las construcciones no deberían ser más altas que una palmera.

¿En qué otros aspectos hay que mejorar?

En muchas cosas. Necesitamos hoteles en las regiones más apartadas que son las que tienen potencial para el ecoturismo. Necesitamos que se hable inglés, como en Perú o Argentina donde, incluso, los taxistas hablan inglés. Pero aquí no. Aquí no conocemos las bondades del turismo porque es una industria reciente y no estamos preparados para todo lo que se nos viene con los visitantes extranjeros.

‘Queremos reproducir el modelo de Barú’

Samy Bessudo es un convencido de que en turismo Colombia es un país virgen y con potencial.

¿Y ustedes están dispuestos a desarrollar proyectos en esas regiones apartadas?

Me gustaría. La idea es poder reproducir el modelo de lo que estamos haciendo en Barú, en lugares apartados, en regiones a donde antes no se podía ir por el conflicto armado y que tienen mucho potencial.

¿Cuáles son esos lugares con tanto potencial?

Todo el país, tenemos un país virgen. Toda la Amazonia, los Llanos, el Vichada. El Chocó tiene toda una costa virgen. En todo el país tenemos lugares que si se desarrollan de la manera adecuada, pueden ser el sueño de cualquier nación y eso es lo más lindo de todo el momento en el que estamos. Es como cuando usted tiene un lego y lo empieza armar como quiere, sin errores.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Subeditor de Vida

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