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Los tres carnavales más curiosos del mundo

En los días previos a la Cuaresma, el mundo se viste de color para estas fiestas basadas en ritos.

Desfile de la Primera Mascarada Ibérica de Galicia

Personaje del Entroido Ribeirao de Chantada (Lugo) en el desfile de la Primera Mascarada Ibérica de Galicia.

Foto:

Brais Lorenzo / EFE

11 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Los hay multitudinarios y muy conocidos, como el de Santa Cruz de Tenerife o el de Río, quintaesencia de los desfiles de carnaval, con el apoteósico espectáculo en el sambódromo. Otros son elegantes, como el de Venecia, paraíso de máscaras y disfraces. Hay los que representan la esencia del Caribe, como el de Trinidad y Tobago, y los que se destacan por la sátira a ritmo de canción, como el de Cádiz. 

Precisamente, el de esta ciudad del sur de España busca ser reconocido como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, una distinción que la Unesco ya ha otorgado, por su singularidad, a otros carnavales, como los de Barranquilla, El Callao (Venezuela), Oruro (Bolivia) y Recife (Brasil), este último gracias al frevo, su danza característica. Otros que aspiran a lo mismo son los europeos de Binche (Bélgica), Granville (Francia) y Basilea (Suiza).

Considerado el heredero de los ritos ancestrales de celebración del final del invierno, el carnaval es quizás el evento que con más fervor se celebra en todo el planeta. Disfraces, desfiles y fiestas en la calle caracterizan los carnavales, que se disfrutan justo antes de la Cuaresma cristiana.

El Entroido

La gran fiesta de Galicia (España)

Las mascaradas son numerosas desde el comienzo del invierno en buena parte del noroeste de la península ibérica, especialmente en la zona fronteriza de España y Portugal.

Por estos días, los cencerros están muy presentes en localidades gallegas durante el Entroido, como se conoce el carnaval, que tiene sus festejos más destacados en Laza, Xinzo de Limia y Verín, el ‘triángulo mágico’ de la provincia de Ourense, que con sus peliqueiros, pantallas y cigarróns celebra uno de los carnavales mejor conservados.

Las pantallas de Xinzo, con su típica máscara blanca, vigilan que todos vayan disfrazados el Martes de Entroido, el desfile más multitudinario de Galicia.
Esta región española tiene en el carnaval su fiesta más grande, con cinco fines de semana de celebración, que comienzan el Domingo Fareleiro y concluyen el Domingo de Piñata. Las máscaras tradicionales de Verín son los ‘cigarróns’, que recorren las calles haciendo sonar sus chocas (cencerros) y zamarras (látigos), antes de esperar a los fieles a la salida de misa para recriminar a la Iglesia que intentase prohibir el Entroido. Similares a los ‘cigarróns’ de Verín, los peliqueiros de Laza, con su atuendo de 25 kilos de peso, protagonizan el que presume de ser el Entroido “más gallego”, que comienza semanas antes con los ‘folións’, comparsas nocturnas que recorren las calles tocando diversos objetos con el fin de espantar los malos espíritus.

Batalla de naranjas

Italia se rebela contra los señores feudales

En pleno Piamonte, la ciudad italiana de Ivrea celebra uno de los carnavales más llamativos del país y totalmente opuesto al lujo del baile de máscaras veneciano: aquí, lo más destacado es la célebre batalla de naranjas, en la que dos bandos enfrentados, el del pueblo, a pie, y el de la guardia del señor feudal, desde carrozas, se lanzan las frutas. La batalla, que tiñe de pulpa de naranja las calles de esta ciudad cercana a Turín, tiene un origen reivindicativo. Se remonta a la rebelión de la hija de un molinero que, ocho siglos atrás, se negó a conceder el derecho de pernada al señor que gobernaba su feudo, hecho que se recuerda cada año en época de carnaval.

Tenosique

El más raro de todos es mexicano

El carnaval de este municipio del estado mexicano de Tabasco es conocido como el más raro del mundo. Tiene como elemento central la danza del Pochó (dios de la muerte), que se ejecuta para purificar los espíritus de hombres y mujeres, que visten hojas y máscaras de madera, y es uno de los rituales más antiguos de México.

Comienzan la danza las pochoveras, mujeres que representan el dominio de la deidad, y después entran los cojóes, “hombres de madera”, que festejan el mundo y desafían al dios Pochó. Unas y otros danzan en medio de flores, canastas y armas inofensivas para establecer el equilibrio de fuerzas, hasta que entran en escena los jaguares, habitantes de Tenosique caracterizados como el animal.

El ritual, de origen precolombino y que, como otros ritos propios de carnaval, simboliza la purificación del hombre en la lucha entre el bien y el mal, concluye con la muerte del Pochó, que es vencido y finalmente quemado.

MIRIAM SOTO
EFE Reportajes
En Twitter: @EFEnoticias

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