¿Cómo es ser vocera de la igualdad a los 15 años?

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¿Cómo es ser vocera de la igualdad
a los 15 años?


Yuliana Salcedo (15 años) busca liderar la igualdad entre hombres y mujeres en Clemencia, Bolívar.

Apenas escucha cómo el niño se ríe de ella, reacciona: “Luisito, respete. ¡No sabrá jugar su mamá, ah!”. Supuse que era lógico: el niño acababa de decirle a Yuliana Salcedo (15 años) que ella no sabe jugar fútbol. Lógico ver que un niño le diga a una niña que no puede hacer algo.

En el municipio de Clemencia (Bolívar), como en la mayor parte del país, todavía lo es.

Es viernes, 23 de marzo del 2018; de los 12.500 habitantes del municipio, quienes tienen televisión están cumpliendo la tarea de ver a la Selección Colombia recuperarse ante Francia; en una cancha clemenciera, cinco niñas y cinco niños entre los diez y dieciséis años organizan su propio juego amistoso. Ningún vecino los mira.

Yuliana, que se ve menuda al lado de sus compañeras de colegio, tiene su camiseta verde de fútbol verde puesta y se sabe las reglas del Fútbol 3 de memoria: ayuda a dividir los equipos que, por reglamento, deben ser mixtos, no como en el fútbol tradicional. Hay otra regla fundamental: el primer gol del partido, para que cuente como un punto, debe ser hecho por una niña.

Y, sí, sobre la cancha de tierra, Yuliana hace el primero. Minutos antes, Colombia empató con Francia y después le ganó. El de la tele es un partido amistoso; no significa nada ‘real’ para el Mundial que se viene en junio.

“El fútbol no cambia (el mundo) pero nos reúne a todos cuando se supone que las niñas no jugamos fútbol. Eso es cambio”, me dijo Yuliana, horas antes de su partido. “Desde el momento que a una niña se le prohíbe hacer algo por ser niña (como jugar al fútbol), nosotras entramos en frustración, en baja autoestima. Llegamos a sentir que no tenemos oportunidad de hacer nada. Tenemos que involucrarnos niños y niñas, hombres y mujeres para cambiar”. Ella está aprendiendo de eso, del cambio. De cómo hacerlo, de cómo generarlo, de cómo motivar a otros a entender la igualdad. Se perfila como una líder de su comunidad y la Fundación le permitió ser directora de publicaciones Semana por un día el año pasado justamente por eso.

Para ella, desde que es parte del proyecto ‘Campeones y campeonas del cambio’ de la Fundación Plan, que comenzó hace dos años, el plural masculino del español ya no es ley porque excluye a niñas y mujeres. En Bolívar, la iniciativa trabaja con 1.052 niños de los municipios de Clemencia, Arjona y Cartagena. Entre otros talleres y cursos sobre igualdad de género, la fundación organiza partidos de Fútbol 3 para promover interacciones de igual a igual entre niños y niñas.

Las necesidades que deben suplirse en Clemencia no ayudan a pensar que la mujer y el hombre son iguales. A diferencia de la Cartagena turística, que queda a solo 45 minutos de distancia en carro, los clemencieros suelen esperar la llegada de carrotanques para usar agua en sus casas. Consecuencia: deben caminar con cinco galones al hombro hasta los pozos naturales que estén cercanos al casco urbano, volver a cargar los galones, llenos, sobre sus espaldas. Sí, es, quizás, lógico: en general, es una labor que hacen los hombres.

Yuliana Salcedo juega fútbol en Clemencia, Bolívar

En Clemencia, la Fundación Plan organiza partidos mixtos.

Juan Manuel Vargas
Yuliana Salcedo juega fútbol en Clemencia, Bolívar

En Clemencia, la Fundación Plan organiza partidos mixtos.

Juan Manuel Vargas
Yuliana Salcedo juega fútbol en Clemencia, Bolívar

En Clemencia, la Fundación Plan organiza partidos mixtos.

Juan Manuel Vargas
Yuliana Salcedo juega fútbol en Clemencia, Bolívar

En Clemencia, la Fundación Plan organiza partidos mixtos.

Juan Manuel Vargas

Lógico, entonces, que las mujeres y las niñas se encarguen de otras actividades en Clemencia. En general, las adultas, como Liliana Ortiz Guardo, madre de Yuliana, se dedican al hogar. Las menores de edad, como Yuliana y sus compañeras, van al colegio; también hacen los oficios de la casa, como sus madres. Las mujeres cuidan a sus hijos sin importar la edad de los pequeños.

No importa, tampoco, la edad que tengan ellas.
En el Bolívar, el 10,9 por ciento de la población entre 13 y 19 años ya eran madres en el 2015, como mostraba la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de ese año, y 4,7 por ciento ya estaba embarazadas de su primer hijo o hija; es una cifra que aumentó 0,2 con respecto al 2010.

La situación las obliga a hacer un sacrificio: dejan de lado su autonomía económica y personal. Tres de cada diez madres adolescentes en Colombia tienen entre seis y veinte años menos que los padres de sus hijos, informa la ENDS 2015. Su poder adquisitivo y su educación, en ese caso, suele ser menor al de los padres. La mujer, entonces, adquiere ‘su lugar’ de siempre: la casa.

“Ha sido muy duro porque eso parte desde la casa, desde las familias”, me dice Lina Suárez, secretaria de salud de la alcaldía de Clemencia. “Los padres están como muy reacios a esta situación”. Afirma que la alcaldía ha hecho jornadas de sensibilización con respecto al embarazo adolescente pero el problema estructural está lejos de arreglarse.

Por eso, Marcela Henao, asesora técnica de género de Plan, afirma que los niños y las niñas deben conocer las desigualdades que hay en sus entornos para enfrentarlas y construir sus propios proyectos de vida.

Mientras aprende a entender esa realidad, Yuliana Salcedo aprende también que no es lógico que alguien le diga a qué sabe y a qué no sabe jugar, ni con el fútbol ni con su cuerpo. Eso sí: se dio cuenta de que sueña con otro futuro.

Siente, también, que es afortunada por no haber vivido de primera mano algo como el embarazo adolescente o el maltrato de pareja. Según la Fiscalía municipal, las denuncias escasean porque solo hay un policía judicial en el municipio para atenderlas.

Es miércoles, 22 de marzo. Mientras vamos al Instituto Educativo Técnico San José de Clemencia, donde va a recibir una capacitación del SENA, los vecinos saludan a Yuliana. La conocen. Ella devuelve el saludo, despacio, en voz baja, aunque sus amigas la consideran extrovertida. Yuliana me dice que siente, también, que es afortunada por no haber sufrido embarazo adolescente o maltrato de pareja. Resume una fórmula para no llegar a esas circunstancias: “Si una mujer supiera desde el principio que tiene derechos y oportunidades, podría evitar tener un embarazo no deseado, depender de otra persona y no cumplir sus sueños”.

Sabe de lo que habla.

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Champeta en el colegio San José de Clemencia

En Clemencia, Bolívar, la champeta es uno de los géneros más escuchados y bailados por todos. Cada vez que se escucha en cualquier espacio público o privado, casi todos se ponen a bailarla.

Juan Manuel Vargas
Champeta en el colegio San José de Clemencia

En Clemencia, Bolívar, la champeta es uno de los géneros más escuchados y bailados por todos. Cada vez que se escucha en cualquier espacio público o privado, casi todos se ponen a bailarla.

Juan Manuel Vargas
Champeta en el colegio San José de Clemencia

En Clemencia, Bolívar, la champeta es uno de los géneros más escuchados y bailados por todos. Cada vez que se escucha en cualquier espacio público o privado, casi todos se ponen a bailarla.

Juan Manuel Vargas

El año pasado, Yuliana tenía las tardes libres y, por lo tanto, más tiempo para dedicarse a preparar su programa radial, ‘Yuliana la que tal’. Su tema central: una champeta ‘alternativa’, alejada de la tradicional que “pone a la mujer como un objeto sexual”, como explica ella.

Tener un equipo de solamente mujeres en la radio es la forma de Yuliana de contribuir a esa igualdad: abriendo espacios para ellas que, en su contexto, no existirían. Todos los sábados se reunían en la sede de Clemencia Estéreo, en el parque central de Clemencia, para hacer sus transmisiones.

Cuando fuimos a ver la sede, la luz eléctrica no servía.

Allí me presentó a sus compañeras de locución, Ranyelys Anyola y María Isabel Muñoz, compañeras de colegio. Las tres planean abrir un espacio en su programa para hablar de la igualdad de género en la champeta porque es necesario y Yuliana lo demuestra con un ejemplo: “En Clemencia, estar con un short en los ‘picós’ (fiestas de champeta) puede hacer que a ella le echen la culpa de lo que un hombre la violente sexualmente”.

Según la fiscalía municipal, en Clemencia las denuncias de violencia intrafamiliar y sexual de cualquier tipo son escasas porque solo hay un policía judicial para atenderlas. Aún así, en un municipio donde la champeta se respira con o sin sol, instar a la comunidad a que abandone los ‘picós’ no parece ser una opción. Hacen sonreír a los clemencianos, como a Yuliana: “Eso mueve fibras, el sonido es demasiado fuerte y transmite alegría, sí. No debería transmitir violencia”.

“Soy terrible bailándola”, añade, siempre que puede”. No es un problema. Después de todo, para las niñas es difícil que sus padres las dejan estar en la calle hasta que anochezca.

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Champeta en el colegio San José de Clemencia

En Clemencia, Bolívar, la champeta es uno de los géneros más escuchados y bailados por todos. Cada vez que se escucha en cualquier espacio público o privado, casi todos se ponen a bailarla.

Juan Manuel Vargas
Champeta en el colegio San José de Clemencia

En Clemencia, Bolívar, la champeta es uno de los géneros más escuchados y bailados por todos. Cada vez que se escucha en cualquier espacio público o privado, casi todos se ponen a bailarla.

Juan Manuel Vargas
Champeta en el colegio San José de Clemencia

En Clemencia, Bolívar, la champeta es uno de los géneros más escuchados y bailados por todos. Cada vez que se escucha en cualquier espacio público o privado, casi todos se ponen a bailarla.

Juan Manuel Vargas
Champeta en el colegio San José de Clemencia

En Clemencia, Bolívar, la champeta es uno de los géneros más escuchados y bailados por todos. Cada vez que se escucha en cualquier espacio público o privado, casi todos se ponen a bailarla.

Juan Manuel Vargas

Poco a poco, la participación de Yuliana afecta lo que su comunidad percibe de las mujeres. “En la costa somos machistas, claro”, dice José Alfredo Jiménez, uno de los coordinadores de la emisora Clemencia Estéreo. “Y de pronto el ver una mujer en la radio sorprende a la gente”, añade.

Cambiar esa manera de pensar implica un cambio emocional, como lo describe Viviana Limpias, representante de Unicef Colombia; por eso, los resultados no se ven de un día para el otro. Genera resistencia pero también frutos. Como dice Liliana Ortiz Guardo, madre de Yuliana: “Quizás nunca me hubiera puesto a pensar en buscar un trabajo propio si Yuliana no me lo hubiera planteado (pero la igualdad de género) es un tema del que hay que hablar de a poco, sin tener conflicto con los demás. Hay que hacerlo con sabiduría, no terquedad”. ¿Y después de eso?

Es 24 de marzo. El colegio local continúa siendo la sede de los talleres de la Fundación Plan, donde por primera vez Yuliana aprendió sobre las desigualdades entre hombres y mujeres. María Morales, coordinadora del colegio, me comenta que probablemente la institución no tendrá recursos para continuar con los talleres de igualdad de género. “No tendríamos refrigerios”, aclara.

Y Yuliana está creciendo. No sabe qué estudiar en la universidad aún y me lo comenta mirando el mar de la playa de Marbella, en la Cartagena de las fotos, la de los turistas. Piensa en su colegio, donde los profesores “casi no hablan de sexo y de explotación sexual infantil”. Lo ilustra con un gesto: el de la pelvis hacia adelante y hacia atrás, movimiento con el que los profesores hombres omiten la palabra ‘sexo’, según ella.

“Es frustrante ver ese tipo de gestos, claro. Pero poco a poco he ido viendo cambios”, insiste. “Veo a niños que no les dicen a otras niñas que no pueden levantar sillas porque ‘no son lo suficientemente fuertes’”.

Frente al mar, agarra un poco de arena, juega con ella. La representante de Unicef Colombia me explicó que, en su experiencia, para que los adolescentes continúen siendo líderes en cualquier ámbito hay que acompañarlos en su construcción como líderes para que no se desmotiven “porque el camino es largo”. No todos se entusiasman tanto con el liderzago, me dijo.

Por ahora, Yuliana tiene dos convicciones. “Lo que sea que haga como trabajo en el futuro, me veo siempre promoviendo la igualdad de género. Siempre”, dice. La otra es vivir en la playa.

MARU LOMBARDO
Enviada especial de EL TIEMPO
Clemencia, Bolívar
​Twitter: @puntoyseacabo

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