Salud

Los enemigos de un buen polvo / Sexo con Esther

Mencionar el nombre de un/una ex es apenas uno de los más odiados por los buenos amantes.

Sexo con Esther

Lo recomendable es ignorar esos pequeños incidentes o darles una dimensión real, de tal manera que se puedan convertir en anécdotas.

Foto:

123RF

29 de abril 2017 , 10:31 p.m.

Nada más agresivo en la cama que a la pareja se le escape el nombre de otra persona. Esto, valga decirlo, transforma la sensación más sublime en unas irrefrenables ganas de lanzar por la ventana el deseo con todo y la contraparte envuelta en las sabanas.

Aunque esto es imperdonable, es apenas una de las cosas que la gente califica como indeseables en medio de las tareas que se hacen en el catre y sin ropa, según una encuesta sobre lo más odiado a la hora del coito (hecha a 2.000 personas) que publicó el portal Superdrug.

Ser sorprendidos en plena función ocupó un lugar de honor, seguido por las fugas intestinales, los escapes vesicales y la acción de fuerzas contrarias a la dirección natural del asta masculina (que se lo doblen). Situaciones molestas que junto con mencionar al ex o la ex conforman el ‘top’ cinco de los aguafiestas del catre.

Por la misma senda se encuentran también el pedir grabar la faena (algo que considero más que detestable), que a alguno de los protagonistas le dé por eructar o que aparezca algún estornudo mientras se merodea por la planta baja.

Sobre los calambres

La encuesta también indagó por las situaciones que, a juicio de los buenos amantes, son las más embarazosas durante el sexo, y encontró que el 13 por ciento de ellos considera que sufrir un calambre en plena acción, además de doloroso, resulta vergonzoso porque logra frenar la acción y hasta convocar la solidaridad del otro. Terminar a la velocidad del rayo, al punto de quedar iniciados, ocupó el segundo lugar y romper algo o hacerlo caer en medio del agite, fue la tercera molestia.

Menos curioso, aunque no menos grave, es que un buen grupo de los adultos que contestaron este sondeo manifestó que un gas sonoro es un misil que derriba toda la estantería en una buena encamada. Lo anterior con el agravante de que, en la mayoría de los casos, ninguno de los involucrados sabe cómo actuar en ese momento, por lo que esa sesión, por lo general, se pierde. Y si el incidente ocurrió en el primer encuentro, lo más seguro es que no habrá un segundo.

Lo cierto es que son cosas tontas, la mayoría involuntarias y que, además, se pueden prevenir. Lo recomendable, llegado el caso, es ignorarlas o darles una dimensión real, de tal manera que se puedan convertir en anécdotas. Ahora, si me preguntan que es lo que más odio en la cama, no tengo duda al decir que no hay nada más aburrido que los polvos sin ganas o los que están medidos por la obligación. Todo porque un polvo con ganas disipa un mal olor y hasta es capaz de sacar los nombres de los ex por la ventana. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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