Salud

Redes que matan polvos / Sexo con Esther

Las parejas heterosexuales y las personas sin una relación estable van cada vez menos a la cama.

Control de datos móviles

Hoy en día, los polvos son más escasos en la cotidianidad de la gente.

Foto:

123RF

18 de febrero 2018 , 01:45 p.m.

Las parejas heterosexuales y las personas sin una relación estable van cada vez menos a la cama. Un declive que, a decir verdad, inquieta a los expertos.

Esto, que no es cuento mío, lo comprobó el estudio cuantitativo más relevante en asuntos de catre, que recogió datos durante más de 30 años y fue publicado en la encopetada ‘Archives of Sexual Behavior’. Algo, sin duda, serio.

El asunto es que, según estos magos, en tiempos en los que la sociedad está cada vez más sexualizada –en razón a que el tema está por todos lados y con menos prejuicios– los polvos son más escasos en la cotidianidad de la gente.

Este descenso sostenido en la frecuencia del aquello –dice el estudio– se presenta desde los 80, con una cavidad significativa en los 90, lo que coincide con la irrupción masiva de la era tecnológica, lo que no deja de llamar la atención.

Pues resulta que, a finales del siglo pasado, la proporción de encamadas de una persona normal era diez veces más de las que se tienen ahora. Y eso se achaca a la invasión de distractores en las alcobas disfrazados de pantallas, teléfonos inteligentes, aplicaciones de cine y televisión pagas, y las inefables redes sociales.

Demasiadas actividades

En otras palabras, el tiempo que antes se destinaba para el goce infraumbilical hoy tiene que repartirse en un sinnúmero de actividades –todas llamativas– que, además, minan las ganas de los protagonistas, que apenas alcanzan a apagar los aparatos, dar la espalda a la contraparte y empezar a roncar.

Basta con ver, por ejemplo, la adicción que despiertan las series de Netflix. Muchos, desde la cama y en piyama, pretenden devorarse toda una temporada en un solo envión, sin que el tiempo importe y menos la levantada del día siguiente.

Y por la misma vía se desliza la inmersión en Twitter, Facebook, Instagram y demás primos tecnológicos, que termina por arrebatar las ganas y convertir los polvos en un insulso aledaño en los días de aniversarios o de celebraciones especiales.

Qué pereza saber que tanta tecnología mata polvos y confirmar que hoy estamos más conectados, pero menos orgásmicos.

Hasta luego.

ESTHER BALAC
Especial para EL TIEMPO

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