Salud

Las palabras que se enredan en la lengua

Dislalia es la condición que convierte en suplicio la pronunciación de fonemas con la ere o la ese.

Lenguaje

Es vital el diálogo entre padres e hijos.

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123RF

10 de octubre 2017 , 06:36 p.m.

Nada más emocionante para los papás que ver a sus hijos comenzar a hablar. La primera palabra es, sin duda, un recuerdo eterno dentro de un proceso de aprendizaje que abarca los primeros años de vida y generalmente se extiende hasta el primer lustro. Y aunque todos los pequeños se desarrollan de forma diferente, expertos coinciden en que a los 6 años un niño debería haber incorporado a su lenguaje la mayoría del repertorio fonético y fonológico de la lengua española.

Cuando, por el contrario, los menores ya están en esta edad y siguen evidenciando problemas de lenguaje y pronunciación, puede tratarse de una dislalia, como se conoce la alteración del habla que sufren algunos menores.

La fonoaudióloga Adiela Marín explica que esta situación se produce cuando se altera algún sonido porque no hubo articulación entre el órgano que produce el fonema y el modo en que sale el aire de la boca.

Se conoce como sigmatismo el problema con los fonemas que contienen ese; deltacismo, a los de la de, y rotacismo, a los de la ere. Marín afirma que este último es el más común porque la ere y la erre son los fonemas que necesitan más vibración de parte de la lengua.

En Colombia, valga decir, no hay cifras oficiales sobre el alcance de esta condición, pero se calcula que de cada 100 colombianos con limitaciones, 13 muestran obstáculos permanentes al hablar, según el Dane.

Las causas

Las dislalias pueden producirse por tres causas, según explica Juan Guillermo Ávila, psicólogo clínico y director del diplomado de neurodesarrollo de la Universidad El Bosque.

La primera de ellas son los problemas funcionales, que se refieren concretamente a las dificultades físicas de los niños para producir los fonemas, ya sea por falta de coordinación, resistencia, debilidad de las estructuras musculares o por fallas en la respiración; y se traducen en una mala colocación de la lengua o en los propios movimientos de la boca.

La segunda causa puede ser de tipo orgánico, ya sea por malformación en órganos o por un problema de origen neurológico que es necesario identificar. Y la tercera, a un origen audiógeno; es decir, cuando los niños no son capaces de pronunciar bien por limitaciones en la audición.

En cualquiera de los casos, manifiesta Ávila, hay que consultar para identificar rápidamente la causa y evitar que no repercuta tanto en el desarrollo del menor como en su desenvolvimiento social, pues –asegura el experto– esta condición puede ser fuente de matoneo en los escenarios escolares.

Ávila lo asegura enfáticamente, ya que él mismo tuvo problemas para pronunciar la erre cuando era niño. Y si bien hoy día no da muestras de secuelas de ese trastorno, sí reconoce que le ocasionó malestar en su círculo social cuando era pequeño.

“En mi familia les parecía tierno, pero en el colegio mis compañeros se daban cuenta de que no hablaba bien. La dislalia también tiene efecto social y emocional, y, hay que decirlo, puede ser causa de matoneo”, afirma.

Puede ser superable

El ejemplo de Ávila sirve para destacar, no obstante, que la dislalia de tipo funcional puede ser superable, incluso, en un 100 por ciento si se trata con especialistas y terapeutas del lenguaje. En su caso, recuerda, solo bastaron cuatro sesiones para superar el problema que tenía con ese fonema.

Pero no todos cuentan con la misma suerte o con la posibilidad de acceder a especialistas. Janeth Celemín es auxiliar administrativa, tiene 48 años y, no obstante su edad, sigue con problemas al decir palabras con la letra ere. Ella reconoce que de pequeña nunca consultó por esta situación, dejó pasar el tiempo y se resignó “a morir así”.

Sin embargo, Marisol Cifuentes, fonoaudióloga, especialista en neurodesarrollo y coordinadora del programa de aprendizaje Ceentir, responde que nunca es tarde para corregir una dislalia de tipo funcional, así cueste más trabajo.

Desde su experiencia, afirma que los fonemas que más representan dificultades para las personas con esta condición son los que tienen la ese y la ere y los sinfones, los cuales son palabras con consonantes seguidas, como grapa, clavo, blanco o planta.

De acuerdo con Alexandra Medaglia, fonoaudióloga de la Universidad del Rosario con especialización en lenguaje de niños, en el tratamiento de una dislalia funcional se deben realizar ejercicios de fuerza del soplo, para la base y la punta de la lengua, y, en general, trabajar toda la función del órgano muscular.

Fonemas y articulación de los órganos

Los movimientos bilinguales se usan para la producir la be, la pe y la eme.
Los linguoapicales (con la punta de la lengua detrás de los dientes), para la de, la te, la ele y la ene.

Los palatales (la lengua con el paladar), para la che, la elle y la ye.
Guturales (parte posterior de la lengua con el paladar blando), la ka; la qu; la ce combinada con la a, la o y la u; la ere y la erre (vibrante simple y vibrante múltiple).

Consejos para los padres

La fonoaudióloga Alexandra Medaglia indica que el tiempo de una intervención es muy difícil de determinar, pues cada caso es individual, pero los tiempos generalmente van de cuatro a 12 meses.

Pero esas terapias, en las que se ejercitan lengua y labios, entre otros órganos, deben acompañarse de un trabajo en casa.

“Básicamente hay que ser para los niños un buen modelo de lenguaje: no hablarles a media lengua, sino con palabras apropiadas, con frases de adultos, sin omitir partículas importantes, y leerles cuentos”, señala.

Otro consejo es fortalecer los órganos responsables de la alimentación, pues son estos mismos los encargados de la fonación. En ese sentido, afirma que hay que evitar el tetero después de un año de edad, no usar chupones de entretención y darles a los pequeños alimentos sólidos para favorecer la masticación.

RONNY SUÁREZ
Redactor de Salud

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