Salud

Cabezazos en el fútbol, ¿más que simples golpes?

Estudios han asociado estos remates con la demencia senil y la pérdida de memoria.

Cabezaso

A finales del 2015, la Federación de Fútbol de Estados Unidos prohibió que los jugadores de categorías infantiles menores de 10 años cabecearan el balón.

Foto:

Albert Gea / REUTERS

22 de marzo 2017 , 11:02 a.m.

Es difícil imaginar qué sería del fútbol sin los cabezazos, esos golpes que en el juego sirven para meter goles o para despejar las amenazas en el terreno propio. Pero, ¿qué pasaría si estos son más que un recurso deportivo y pueden representar un riesgo para la salud?

La pregunta no es nueva ni descabellada si se piensa que un futbolista antes y durante su carrera puede golpear miles de veces el balón con la cabeza. Al respecto hay varios estudios que llegarían a demostrar una posible influencia de estos golpes en trastornos neurológicos, pero hay pocos casos que documenten una causal directa de muerte.

La más reciente investigación fue de médicos británicos que, en una de las etapas del estudio, practicaron exámenes post mortem a seis exjugadores que murieron por causas naturales en la tercera edad y se caracterizaron en sus años de profesionalismo por ser cabeceadores destacados.

Los investigadores de la Universidad Swansea y el Colegio Universitario de Londres publicaron sus avances en la revista Acta Neuropathologica en febrero de este año.

El estudio documentó que 4 de los 6 exdeportistas analizados sufrieron encefalopatía traumática crónica –un trastorno degenerativo– y presentaban la ruptura de una membrana cerebral a causa, posiblemente, de impactos repetitivos al jugar fútbol, con incidencias en ambos casos superiores a las personas del común.

La investigación se gestó en los años 80, cuando el Servicio de Psiquiatría para la Edad Avanzada en Swansea (Gales) comenzó a seguir a 14 pacientes de demencia que habían jugado fútbol. De estos, 13 llegaron a ser profesionales, y solo uno fue amateur durante 23 años.

Para Helen Ling, neuróloga y autora principal, este hallazgo demuestra un vínculo potencial –más no definitivo– entre jugar fútbol y el desarrollo de patologías degenerativas del cerebro. Aun así, aclara que el estudio incluyó a un número reducido de exdeportistas, y para establecer una relación directa con patologías neurológicas hacen falta más investigaciones.

No solo la demencia

Héctor Fabio Cruz, experto en medicina deportiva y quien integró varios cuerpos técnicos de la Selección Colombia de mayores, alerta que, en prácticas como el fútbol, los deportistas están expuestos al síndrome del segundo impacto, que –asegura– puede llevar a consecuencias fatales.

Cruz explica que este se produce cuando una persona sufre un trauma con una conmoción cerebral leve y luego recibe un nuevo golpe, que no tiene que ser tan severo (como cabecear), sin que se haya recuperado. Esto puede llevar a un edema cerebral.

Un ejemplo de este síndrome se vio en marzo del 2015, cuando el piloto español Fernando Alonso, excampeón de la Fórmula 1, no pudo competir a modo de precaución en el Gran Premio en Melbourne tras recibir un primer golpe en la cabeza durante los ensayos de la temporada.

El neurólogo alemán Michael Strup, del Departamento de Neurología y Centro para el Vértigo y Desórdenes del Equilibrio de su país –conferencista de la Semana de la Otología 2017–, le dijo a EL TIEMPO que los golpes en la cabeza en el fútbol pueden causar también trastornos del movimiento. Cuando se trata del sistema vestibular, que está relacionado con el equilibrio y el control espacial, el trauma en la cabeza puede desarrollar vértigo y desequilibrios posturales. Y no es todo –señala Strup–, pues también se puede dañar el oído interno, donde se regula el sentido del equilibrio y la propia audición.

En niños de EE. UU. están prohibidos

A finales del 2015, la Federación de Fútbol de Estados Unidos prohibió que los jugadores de categorías infantiles menores de 10 años cabecearan el balón.

La razón fue una cifra que calificaron como alarmante: en el 2010 se registraron al menos 50.000 conmociones cerebrales entre futbolistas de escuela secundaria, un dato superior al presentado en otros deportes como béisbol, baloncesto, softbol y lucha. Según se argumentó en su momento, a esa edad el cerebro de los niños no está desarrollado completamente y los músculos de la nuca no son tan fuertes, por lo que estos golpes, que en teoría son simples, podrían traducirse en traumas mayores.

El caso Kramer
Cristoph Kramer

Christoph Kramer, de blanco, al momento de recibir el golpe en la cabeza en la final del Mundial de Brasil.

Foto:

AFP / ADRIAN DENNIS

Christoph Kramer fue campeón con Alemania en el Mundial del 2014, estuvo en el terreno de juego de la final contra Brasil y recuerda muy poco de eso. Todo, por un fuerte golpe en la cabeza. En el partido chocó su cabeza contra el hombro de un defensa argentino. El alemán quedó tendido y luego fue sustituido. Dijo días después que no sabía con exactitud lo ocurrido en el primer tiempo ni cómo volvió al banco de suplentes.

Un estudio realizado dos años después advirtió, justamente, que la pérdida de memoria puede ser una consecuencia del cabeceo constante en un partido de fútbol. La investigación de la universidad escocesa de Stirling fue publicada en la revista ‘EbioMedicine’ y buscaba profundizar en las funciones cerebrales antes y después de jugar fútbol. Para ello, pidieron a 19 futbolistas aficionados que cabecearan 20 balones lanzados por una máquina que simulaba un tiro de esquina. Encontraron que capacidades de la memoria de los voluntarios se redujeron entre 41 y 67 por ciento durante las 24 horas posteriores al ejercicio.

Magdalena Ietswaart, una de las responsables de la investigación, señaló que, si bien estos efectos fueron temporales, “pueden ser importantes si suceden una y otra vez en los jugadores y podrían afectar al cerebro a largo plazo”, según recoge Infobae.

Elmer Ortega, neurocirujano de la Universidad del Valle, coincide con Ietswaart y dice que, si por él fuera, la cabeza en el fútbol sería “solo para pensar”. “Los impactos fuertes y movimientos bruscos pueden causar traumas que soluciona el propio cuerpo; pero cuando son repetitivos puede traer graves consecuencias”, indica.

RONNY SUÁREZ
Redactor de Salud

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