Salud

Mejor cada uno en lo suyo / De tu lado con Alex

Los humanos no crecemos ni vivimos sin estar pendientes y comparándonos con los demás. 

Consejos para jóvenes emprendedores

"Si la energía que usamos para velar lo ajeno la usáramos para agradecer lo propio, seríamos imbatibles.", Alexandra Pumarejo. 

Foto:

123RF

05 de junio 2018 , 09:52 p.m.

Se han dado cuenta cómo los árboles crecen majestuosamente “hombro a hombro” sin percatarse de si el de al lado es más imponente. Una flor jamás está mirando si la de al lado es más colorida o tiene más o menos pétalos. A menos que el león vaya a cazar, poco o nada le importa lo que estén haciendo los demás animales de la selva. Las ballenas van nadando en toda su grandeza sin preguntarse si los tiburones están comiendo mejor que ellas.

La naturaleza es bella porque cada árbol, cada hoja, cada insecto, cada animal va por la vida haciendo lo que debe hacer: creciendo, cazando, pariendo. Cada uno evolucionando a su propio ritmo con certeza y máximo esplendor.

Como seres humanos hacemos exactamente lo contrario.
No crecemos, no disfrutamos y definitivamente no vivimos sin estar constantemente pendientes y comparándonos con todos los demás.

Nuestras vidas no fluyen como podrían y no las aprovechamos a plenitud porque nos dejemos distraer constantemente por querer tener lo que el otro tiene o querer ser como el otro es.

Nuestras vidas no fluyen como podrían y no las aprovechamos a plenitud porque nos dejemos distraer constantemente por querer tener lo que el otro tiene o querer ser como el otro es

Cuántas horas no nos gastamos al día estalkeando en redes sociales a personas que ni siquiera conocemos. En gran parte, creo que lo hacemos por puro masoquismo. De alguna manera sentimos un placer morboso saber que todo el mundo es más lindo, más feliz, más rico, más divertido, más exitoso y, definitivamente, más suertudo que uno.

Ojalá por lo menos esta comparación nos sirviera como fuente de inspiración para hacer cambios positivos en nuestras vidas, pero sucede todo lo contrario: lo único que hace es bajarnos la autoestima y llenarnos de rabia, envidia y malestar.

Literalmente, nos estancamos en nuestra propia evolución por no centrarnos en entender que es mejor ser una versión auténtica de uno mismo que una falsa copia de alguien más. Si la energía que usamos para velar lo ajeno la usáramos para agradecer lo propio, seríamos imbatibles. Creceríamos como el cedro más imponente, rugiríamos como el león más hermoso y seríamos verdaderamente felices


ALEXANDRA PUMAREJO@Detuladoconalex

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