Salud

Polvos y goles mundialistas / Sexo con Esther

El sexo en el Mundial debería ser una cuestión personal de cada jugador y no una imposición externa.

Relaciones sexuales

Eso del catre en el Mundial debería ser una cuestión personal de cada jugador y no una imposición externa y normada.

Foto:

123RF

17 de junio 2018 , 04:59 p.m.

Imposible abstraerme del ruido que genera por estos días el Mundial de Fútbol que se juega en Rusia, aunque confieso que dicho deporte me produce sentimientos encontrados.

Admiro, por un lado, su maravillosa capacidad de concentrar la atención del planeta y, por el otro, detesto la falta de control de los fanáticos energúmenos capaces de convertir los resultados en argumentos violentos; pero lo cierto es que también es una buena disculpa para meter la Copa Mundo al catre.

No puedo evitar comentar, por ejemplo, la decisión de Rodrigo Lasmar, médico de la selección de Brasil, de monitorizar las encamadas a los jugadores bajo la premisa de que es más favorable para ellos que sus polvos sean con sus esposas o novias. Eso sí, en días preestablecidos.

Al parecer, la intromisión se basa en los conceptos de Marcelo Neve, director técnico del Centro de Entrenamiento de Remo, Río de Janeiro, en los que afirma que los jugadores pueden ir al catre pero con la condición de que “no queden exhaustos”. Con esto se infiere, tontamente, que el sexo marital es de bajo gasto, algo que me resulta antipático porque cae en una generalización, quizá basada en su experiencia y no en estudios serios.

Ahora, por los lados de Alemania el asunto es peor: Joachim Löw, el seleccionador teutón, ordenó abstinencia sexual total durante el Mundial. Al parecer, porque el aquello merma el rendimiento en la cancha, un argumento que tampoco tiene ningún soporte válido.

Hay quienes aseguran que la producción de espermatozoides promueve un gasto de energía exagerado, que puede desequilibrar las necesidades de un deportista de alto rendimiento. Sugerencia que no pocos aplican a rajatabla.

Pero en el otro extremo aparecen varios estudios que demuestran que los atletas más inquietos en la cama se muestran más dispuestos, más valientes y con más fuerza que los lánguidos del asta. Yo me quedo con estos, en razón a que la sexualidad es una función tan vital como comer o respirar y que cada cuerpo impone, de manera específica, sus necesidades y sus limitaciones. De ahí que eso del catre en el Mundial debería ser una cuestión personal de cada jugador y no una imposición externa y normada.

Basta recordar, por ejemplo, a Ronaldo Nazario, quien al preguntarle por la clave que le permitió ser campeón mundial con su selección, Brasil, en el 2002, respondió: “Tener un buen sexo antes de jugar es la clave del éxito”. Vale anotar que Ronaldo es el máximo goleador de todos los mundiales de fútbol. Esos son verdaderos ídolos. Los demás son figuritas para pegar en el álbum.

Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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