Salud

En el nombre del hijo

Cuando Juan Carlos escuchaba su nombre, de sus padres, su sangre se congelaba. “¿Qué hice esta vez?”

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15 de noviembre 2017 , 11:10 p.m.

Cuando supieron que estaban embarazados de un niño, Lina y Carlos empezaron a pensar en su nombre. Fueron meses de charlas y consultas.

Finalmente, decidieron ponerle el nombre del papá y el del abuelo materno. Juan Carlos, lo llamaron.

Los primeros meses les contaban con gran orgullo a familiares y amigos los adelantos de su hijo. Que Juan Carlitos ya come solo, que Juanca se disfrazó de Linterna Verde. Cuando el pequeño Jonchis cumplió 4 años, los únicos que lo llamaban por su nombre eran sus abuelos y profes. Los papás, en cambio, lo llamaban Juancho, Juanotas, Junior, Jota, Osito, Tigre, Campeón e incluso Corazón de Melón.

Solo en algunas ocasiones especiales le decían su nombre completo, como aquellas veces que lo llamaban airadamente: “¡Juan Carlos! ¿Por qué pintaste la pared con el colorete de tu mamá?”; “¡Juan Carlos, me hace el favor y me recoge esa ropa ya y la guarda en el armario!”; “¡Juan Carlos, salude a su tía!”; “¡Juan Carlos, suelte ya ese celular!”.

Cuando Juan Carlos escuchaba su nombre, de labios de sus padres, su sangre se congelaba. “¿Qué hice esta vez?”, pensaba. Su nombre era la introducción a un regaño. En cierta ocasión, la mamá leía tranquilamente un libro cuando, con el rabillo del ojo, vio a su hijo dirigirse hacia la puerta para salir. “¡Juan Carlos!”, le dijo con voz seria. El pequeño Jonchis, que ya bordeaba la adolescencia, quedó petrificado. “¿Qué hice?”, pensó. “Tendí mi cama, me bañé cortico, no me voy tirando ninguna materia...”. No encontraba una razón cuando su mamá prosiguió: “Te queda lindo ese azul”. Lo dijo de manera contundente y siguió leyendo su libro.

Juan Carlos se detuvo en seco. Quedó confundido y un poco choqueado, pero segundos después se fue dibujando en su rostro una sonrisa enorme, que se le quitó varias cuadras después. Su mamá quedó tan impactada al ver la reacción de su hijo que le contó a su pareja.

Desde aquel suceso los dos decidieron llamar a su hijo por su hermoso nombre, al menos una vez en el día, para ponderarle algo o hacerle algún comentario positivo. El muchacho, por su parte, recordó que Juan Carlos era su nombre y no un sinónimo de regaño.

FERNANDO ESCOBAR
Escritor y conferencista@ferescol

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