Salud

Lubricación para señores / Sexo con Esther

Ya está bueno de que tomen las cosas con tanta ligereza y que en la cama solo cuenten sus ganas.

Sexo con Esther

Hay señales que emite el cuerpo femenino y que, al pasarlas por alto, logran arruinar hasta la 'faena' más planificada.

Foto:

123RF

07 de abril 2018 , 10:35 p.m.

Los señores deberían entender, de una vez por todas, que las mujeres, a diferencia de ellos, no siempre estamos dispuestas o en condiciones de deslizarnos bajo las sábanas sin que medie ningún preámbulo.

Ya está bueno de que tomen las cosas con tanta ligereza y que en la cama solo cuenten sus ganas y la necesidad de satisfacerlas a como dé lugar, para después darse la vuelta y a dormir. Están equivocados.

Aclaro que no se trata, en modo alguno, de una diatriba feminista o de una exaltación de los derechos de igualdad en el catre, ni cosa que se les parezca, porque doy por descontado que a la cama no hay que ir con cavernícolas.

Aquí, lo que quiero es llamar la atención del arraigado despiste masculino que les impide identificar las señales que emite nuestro cuerpo y que, al pasarlas por alto, logran arruinar hasta la faena más planificada.

Me refiero a factores tan elementales como la necesaria lubricación de la zona principal que, valga decir, no es un capricho de la naturaleza, sino un factor determinante para evitar que las ganas salgan en estampida en el primer acto y los protagonistas prefieran vestirse lo más rápido posible.

Porque nada es más traumático –lo sabemos por experiencia– que la áspera sensación de un polvo en seco. Sí, de esos que solo se diluyen en silencio mutuo y en la esperanza de que no se vuelvan a repetir.

Frustrante y mucho más, si esto se adoba con dolores, erosiones y hasta lesiones mayores en la planta baja de los participantes, porque hay que decirlo sin ambages: las molestias también son para ellos, pero –tontamente– callan y regresan por lo mismo.

Tontamente, repito, porque esto se alivia si se toma el tiempo en los previos, si preguntan, si aprenden a conocer un área preparada y si, en lugar de arrancar sin freno, se ilustran un poco en la mágica “hidrología” femenina que bien utilizada es la mejor aliada para que en conjunto la pasemos bien.

Hablen.

Claro, aquí también hay hormonas y emociones, de las que hablaremos otro día. Por ahora, señores, solo quédense con esto: polvo sin lubricación se vuelve arena.

Hasta luego.

ESTHER BALAC
Especial para EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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