Salud

Los orgasmos, un derecho fundamental / Sexo con Esther

La sexualidad es una función vital que al no ejercerse a plenitud desequilibra el organismo.

Sexo marital

La sequía sexual en las mujeres acarrea sentimientos de baja autoestima y problemas de sueño.

Foto:

123RF

03 de diciembre 2017 , 01:40 a.m.

La verdad, no tengo claro qué es peor. Si los malos polvos que nos dejan insatisfechas o la ausencia de ellos. Y digo esto porque los cambios físicos y psicológicos que se presentan en las mujeres por la falta de sexo están bien definidos. Y no porque la actividad sobre la cama sea algo aledaño en la vida, que al realizarse deja señales, sino porque la sexualidad es una función vital que al no ejercerse a plenitud desequilibra el organismo.

La mirada perdida, la depresión, la apatía, la rabia y hasta la tristeza que aparecen cuando el deseo no encuentra respuesta son evidencias descritas científicamente que exigen poner el catre en su lugar. Basta ver que el cuerpo produce endorfinas, como respuesta al ejercicio y mucho más, cuando hay sexo.

De igual forma, se sabe que el hipotálamo es el encargado de repartir esta sustancia, para que actúen en sitios que a la postre se manifiestan con bienestar y un estado de tranquilidad que se experimenta dentro del cuerpo.

Y no hay que ser genios para saber que la carencia de endorfinas se puede interpretar con las manifestaciones contrarias.

Desde hace tiempo se ha dicho que la sequía sexual en las mujeres acarrea sentimientos de baja autoestima y problemas de sueño, fortalecidos por la escasez de otra hormona llamada oxitocina, que se regula y se modula con el placer que dejan las caricias en las zonas participantes.

Toda esta comparsa induce a una pérdida de confianza en la mujer que incluso puede provocar incomodidad o vergüenza por el cuerpo y un rechazo a la desnudez, elementos negativos que infortunadamente son aumentados por patrones culturales en sociedades machistas que impiden que la mujer, de manera autónoma, reclame su sexualidad sin ser rechazada.

Aquí no hay nada más que decir. Los buenos polvos, los orgasmos en cantidad suficiente y la tranquilidad sobre la cama son necesidades que, en el caso de nosotras, las mujeres, deberían ser exaltadas como derechos humanos fundamentales, amparados por todas las constituciones del mundo. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Especial para EL TIEMPO

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