Salud

La verdadera historia de hospitales y clínicas al borde de la quiebra

El 22 % de los hospitales públicos están en alto riesgo fiscal y financiero, según Minhacienda.

La verdadera historia de hospitales y clínicas al borde de la quiebra

Médicos han marchado en múltiples ocasiones para protestar por la mala gestión de la salud en el país.

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Jaime Moreno / EL TIEMPO

25 de julio 2018 , 11:22 p.m.

Ya no más, por Dios. No más abusos. No más atropellos. ¿Quieren saber ustedes cuál es la realidad de la salud en Colombia?

A los médicos del hospital público de San Juan del Cesar, en La Guajira, les están debiendo once meses de salarios. Un año, como quien dice.

Y, mientras tanto, el contralor Edgardo Maya descubre que los interventores nombrados por el Gobierno para manejar la liquidación de Saludcoop agarraron más de 80 mil millones de pesos que estaban destinados a la atención de pacientes y los invirtieron en gastos de administración y burocracia. ¿Administración? Hum… Aquí sí puede decirse que en Saludcoop resultó peor el remedio que la enfermedad.

Ya sé que me estoy volviendo cansón con tanta cantaleta. Esta es la séptima crónica que escribo en los últimos tres años sobre el sistema colombiano de salud y el precio de los medicamentos. Y, para que no se hagan muchas ilusiones, les cuento que falta lo peor. Voy a seguir machacando sobre esa herida todo el tiempo que sea necesario. Porque al país hay que decirle la verdad.


La situación, lejos de mejorar, es cada día más inquietante. Los abusos contra el ciudadano ya no tienen límite, el desprecio a los usuarios es permanente, no hay controles por ninguna parte.

Para qué hablamos del atropello criminal con el precio de los medicamentos. Una muchacha caleña que trabaja como secretaria en Miami vino de vacaciones hace un mes. Estando en Santa Marta se le acabó la caja de pastillas para la presión arterial que le recetó su médico en Estados Unidos. Fue a la farmacia. Le cobraron 415 mil pesos. En Miami paga por ella diez dólares. Aquí le costó 14 veces más. Y era la misma.

La caja tiene quince pastillas. Tomando una diaria, el paciente necesita dos cajas al mes, que en Colombia equivalen a 830 mil pesos. Nuestro salario mínimo mensual es en este momento de 780 mil pesos. ¿Entonces qué? ¿Los pobres que se mueran?

Un estudio aplicado a 163 hospitales que funcionan en las diferentes regiones del país indica que a ellos les deben en este momento $ 8,5 billones

El drama de los hospitales

Pero no solo los usuarios son víctimas de los abusos, la corrupción, la falta de controles y vigilancia. También los hospitales y clínicas están atravesando una angustiosa y desesperada situación. Las deudas del Estado y de las compañías privadas de salud (EPS) no afectan solamente a los médicos y demás trabajadores hospitalarios, como enfermeras o empleados administrativos, sino también a los propios hospitales y clínicas, que son las instituciones prestadoras de salud (IPS, en el lenguaje enredado que usa el sistema.

Juan Carlos Giraldo Valencia, médico y cirujano, es el director de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas. Le pregunto cuánto es lo que les deben a sus afiliados en este momento.

—Nuestro estudio más reciente –me responde– cubre a 163 hospitales que funcionan en las diferentes regiones del país. A ellos les deben en este momento 8,5 billones de pesos. Es 3,3 por ciento más que la deuda de hace un año. Crece todos los días.

Ocho billones y medio. Y apenas en 163 hospitales de un total de 1.800. Imagínese el resto. ¿Cómo pueden sobrevivir? ¿Cómo pagan a sus empleados? ¿Con qué cancelan la luz y el servicio de acueducto? ¿Con qué compran un paquete de algodón, una gasa o una botella de alcohol?

Los morosos y el cierre

Una investigación dirigida por el doctor Giraldo Valencia demuestra que el 61 por ciento de toda esa deuda, lo que equivale a 5,2 billones de pesos, tiene más de tres meses de haberse vencido.

Los peores deudores morosos son varias empresas de salud, el propio Estado, aseguradoras de accidentes de tránsito, departamentos y municipios.

Semejante panorama me lleva, naturalmente, a investigar cuántos hospitales y clínicas han tenido que cerrarse en Colombia por quiebra económica en los últimos años.

—Esa cifra no la tenemos calculada –me responde Giraldo– debido a que los hospitales no se cierran de un día para otro ni de un solo golpe.

La realidad demuestra que, obligados por la crisis económica que padecen desde hace más de veinte años, empiezan cerrando sus servicios especializados: se acaba la sección de cardiología, o el servicio de cancerología o la sala de pediatría.

—Más que cerrarse, los hospitales y clínicas se van extinguiendo, se van apagando poco a poco –agrega Juan Carlos Giraldo, con una voz profundamente triste.

Es entonces cuando la tragedia se duplica: con tal de no cerrar su institución, el gerente se endeuda con la banca para sobrevivir.
A él no le pagan, pero él tiene que pagar porque los bancos no perdonan. Y así se va hundiendo en un precipicio cada vez más profundo.

Y no hemos hablado hasta ahora de la tragedia que están viviendo por las mismas razones otras instituciones de salud, como las que hacen radiografías, o los laboratorios clínicos y los consultorios médicos.

Las soluciones

Varios estudios coinciden en que uno de los problemas más inquietantes es el cierre de áreas hospitalarias para pediatría, lo que afecta a los niños colombianos. Las estadísticas más recientes revelan que, hasta hace dos años, se habían cerrado más de mil camas de pediatría. De ellas, 350 solo en Bogotá. Cómo será eso con las cifras de hoy.

Ya dije que la situación empeora cada día. La Alianza Somos 14+1, que agremia los servicios hospitalarios de Antioquia, me informa que hasta ahora, 14 instituciones han cerrado todos sus servicios.

Como la situación ya se volvió insostenible, ese gremio propuso una serie de medidas con las que se busca aportar soluciones a semejante drama. Entre ellas están un verdadero control y vigilancia por parte del Estado, un régimen de multas a los morosos, sanciones a cualquier clínica u hospital que no atienda urgencias, libertad para que el empleado escoja su entidad promotora de salud sin que se la impongan.

Ni para qué les cuento que varias de estas soluciones se las han planteado ya al Congreso de la República para que las convierta en leyes, pero nunca han prosperado.

Hablan los que saben

Ante la gravedad de lo que está pasando, el procurador general, Fernando Carrillo, y los compañeros suyos que se ocupan de la salud y la protección social resolvieron convocar un “consejo asesor de la sociedad civil” en asuntos de salud.

Fue allí donde el médico Julio César Castellanos, director del Hospital Universitario San Ignacio, de Bogotá, dijo que, para empezar, se le debe respetar al ciudadano una garantía verdadera de libre elección. “Por el contrario –sostuvo–, el sistema se volvió una fórmula para que los ciudadanos no puedan elegir su servicio de salud”.

El sistema se volvió una fórmula para que los ciudadanos no puedan elegir su servicio de salud


El doctor Castellanos dijo que la Superintendencia de Salud ha demostrado ser incapaz de controlar el sistema.

Augusto Galán Sarmiento, exministro de Salud y director del observatorio Así Vamos en Salud, expresó en la misma reunión que el sistema colombiano necesita “cambiar su modelo de atención al usuario y sus mecanismos de información, que en la actualidad generan inequidad y corrupción”.

Lo que faltaba

Según los datos más recientes que suministra el Ministerio de Salud, en Colombia hay actualmente 1.800 hospitales y clínicas. Este número no ha variado en los últimos tiempos. Claro, quién se va a meter en eso si sabe que no le van a pagar su trabajo y que va perder el capital que invierta.

De ese total, se ha establecido que el 22 por ciento de los hospitales públicos, destinados a la población más pobre e indefensa, está en alto riesgo fiscal y financiero. ¿Saben quién hizo esa medición? El Ministerio de Hacienda. Como quien dice: el propio Gobierno sale a anunciar que sus propios hospitales están en peligro de desaparecer. Parece una jerigonza o una charada. Es que esto sería cómico si no fuera trágico.

Así estamos. Esa es la realidad escueta y no ganamos nada con ocultarla o disimularla. Por el contrario, hay que ponerle la cara y buscar de urgencia las soluciones, antes de que, un día de estos, el sistema colombiano de salud se reviente en pedazos.

Se acerca ya el 7 de agosto, día en que se inicia un nuevo período presidencial. Ante esa proximidad, me hice esta pregunta insoslayable: ¿qué le espera al próximo gobierno en materia de salud?

Epílogo

Buscando aquí y allá, revisando diferentes investigaciones, consultando distintas fuentes (como la Asociación de Hospitales y Clínicas, la Contraloría General, la Procuraduría y las fundaciones privadas), pude establecer que, a grandes rasgos, este es el panorama que encontrará el señor Duque:

Corrupción. Los cálculos más serios indican que, en este momento, la corrupción le roba anualmente a la salud 4,5 billones de pesos.

Recursos.
Para el sector salud, hay un faltante de 700 mil millones de pesos en el presupuesto nacional. Como los números no mienten, y son tercos, eso significa que, con solo el 16 por ciento de lo que le arrebatan a la salud en un año, podría pagarse el faltante de recursos. Así de sencillo.

Calidad. De los 1.800 hospitales y clínicas tanto públicos como privados que operan en Colombia, solo 37 están acreditados con garantía de calidad. Es el 2 por ciento, solo el 2 por ciento. ¿Es que nadie controla eso?

Desigualdad. La atención a los ciudadanos es muy desigual, dependiendo de la región del país, el sexo de la persona y sus ingresos. Campea el atropello a las mujeres y los pobres.

Incapacitación. De esas 1.800 instituciones, un poco más de 900, que son el 51 por ciento, han tenido que reducir el presupuesto destinado a capacitación del personal. Y más de 1.500 han tenido que cancelar o aplazar la adquisición de nuevos equipos médicos.

Ustedes perdonarán mi crudeza, pero, para decirlo en términos que vienen al caso, esta es la radiografía exacta de lo que nos está pasando. Aunque nos duela reconocerlo.

JUAN GOSSAIN
Especial para EL TIEMPO

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