Salud

La vacunación y los temores populares

Científicamente no está comprobado que las vacunas causen efectos negativos en los seres humanos.

Vacunación

Una vacuna debe proteger a más del 90 por ciento de la población vacunada.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

05 de octubre 2017 , 11:55 p.m.

Las creencias populares nos están llevando a dudar si las vacunas que les ponemos a los niños generan en ellos complicaciones de tipo inmunológico hasta producir enfermedades autoinmunes.

Hemos escuchado que el síndrome de Guillan Barre les da a las niñas que se vacunan contra el virus del papiloma; también hemos llegado a tener historias que relacionan la vacunación con la esclerosis múltiple.

Personalmente no comparto esa creencia, y científicamente nada de eso está comprobado.

La vacuna es un producto biológico constituido por un microorganismo o una parte de él y cuyo objeto es producir una respuesta inmunológica similar a la infección natural, pero sin peligro para el vacunado.

En su proceso de producción cumple con medidas estrictas de control, entre las cuales están las pruebas de esterilidad, inocuidad, potencia y pirógenos (demostrar que no va a producir fiebre elevada).

Además, cuando una vacuna sale al mercado es porque se conoce su efectividad, lo que significa que protege a más del 90 por ciento de la población vacunada; porque es segura y causa mínimos efectos secundarios; porque se puede administrar –ojalá en los primeros meses de vida–, es de protección persistente y a largo plazo; porque es compatible con otras vacunas, requiere el menor número de dosis posibles y es estable a temperatura ambiente.

Tanto la FDA en Estados Unidos como el Invima en nuestro país son muy exigentes con estos productos, pues es evidente que van a entrar en nuestro cuerpo y si no cumplen rigurosamente con todos los requisitos, podrían generarnos problemas importantes. En general, esto no sucede.

La vacunación, además de ser una excelente estrategia para protegernos como sociedad, nos protege como individuos. Si ya estamos protegidos contra alguno de esos patógenos, la vacunación estimula nuestra respuesta inmune, fortaleciéndonos contra otros patógenos que pueden estar rondando nuestro medio. Son múltiples sus bondades. No permitamos que nuestros niños se enfermen por cuenta de nuestros temores populares.

MARÍA FERNANDA GUTIÉRREZ
Bacterióloga y doctora en Ciencias Biológicas

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