Salud

Intrusos que arruinan los polvos / Sexo con Esther

Estudios dicen que la dispersión cognitiva es incompatible con la excitación, el gusto y el placer.

Sexo con Esther

Tanto hombres como mujeres tienen pensamientos intrusos durante el aquello que, no pocas veces, son causa de reclamos e insatisfacciones.

Foto:

123RF

03 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

Si las cuentas por pagar, los rollos de la panza, la rabias del día y hasta el ex se aparecen en sus polvos de tanto en tanto –al punto de que terminan por ponerles la mente fuera del catre–, sepan, señoras: no están solas. Esas faltas de concentración que espantan los orgasmos son más comunes de lo que parecen.

Resulta que muchos estudios confirman que la dispersión cognitiva es incompatible con la excitación, el gusto y el placer, y que esta antipatía mutua crece como una espiral como consecuencia del agite del mundo de hoy; tanto que podría decirse que pocos se escapan de esta molesta tendencia.

Para la muestra, una investigación publicada hace poco en ‘Archives of sexual behavior’, la cual reveló que tanto los señores como nosotras tenemos pensamientos intrusos durante el aquello que, no pocas veces, son causa de reclamos e insatisfacciones.

De acuerdo con el estudio, la mayoría de esas ideas ‘mataganas’ están relacionadas con asuntos de la cotidianidad y la búsqueda de maneras para enfrentarlos. Sin embargo, las más recurrentes se relacionan con las emociones generadas en disgustos y roces ocurridos fuera de la alcoba, lo que incluye percepciones con los ex sin que esto signifique que se continúe ligadas a ellos.

Claro, dicen estos magos, las expectativas que se tienen con la encamada y la realidad que se experimenta en ese momento son quizás los principales enemigos del sexo; esto, simplemente, porque de eso siempre se desprenden frustraciones que terminan por apagar cualquier buen intento.

Por la misma vía se deslizan la preocupación por el cuerpo y la baja autoestima que nos deja sentir que ellos ponen la mano sobre el rollo más prominente que tenemos, o la simple angustia de que el tipo fije la mirada en alguna parte de nuestro cuerpo desnudo. ¿Así quién disfruta?

Aunque el artículo dice que estos pensamientos difieren entre hombres y mujeres, y que mientras que a ellos lo que más los saca de ruta es aquello de las expectativas y a nosotras nos aniquila el asunto del cuerpo, lo cierto es que el desenlace termina siendo, por igual, un fiasco sobre la cama. Por eso sugieren que esta situación se aborde de manera urgente, antes de que pase a mayores y degenere en un aborrecimiento por las faenas bajo las sábanas.

En ese contexto recomiendan algunas herramientas que, según ellos, han sido probadas para que el aquello concentre la mente de los protagonistas y que todos esos intrusos se queden debajo de la cama.

Control contextual, yoga, contacto visual con la pareja, fantasear y abrirle caminos a la mente para que privilegie lo que le llega de la planta baja en forma de sensaciones son parte de ese listado de instrumentos, el cual ampliaremos y desarrollaremos en la próxima entrega.

Por ahora, solo les digo que no hay placer más grande que ir al catre solo a lo que hay que hacer y lejos de intrusos que arruinan los polvos; algo que se puede aprender. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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