Salud

Penes lacerados y vergonzantes / Sexo con Esther

Los señores son dados a callar –por vergüenza o por machismo– situaciones propias de la anatomía.

Sexo con animales podría producir cáncer de pene

Hany descritos 106 tipos de virus del papiloma en 54 especies diferentes, que producen lesiones benignas y malignas.

Foto:

123rf

19 de mayo 2018 , 11:21 p.m.

Nosotras, insisto, tenemos parte activa en todo lo que ocurre sobre la cama, al punto de que los resultados, buenos o malos, son responsabilidad compartida de los participantes y no solo de quienes más hablan, que por lo general son ellos.

Digo esto porque los señores son dados a callar –por vergüenza o por machismo– situaciones propias de la anatomía y la función femeninas que les resultan poco placenteras y hasta frustrantes durante el aquello. Y no me refiero a nuestra tonta costumbre de fingir con exageración orgasmos esquivos, ni a que demos muestras excesivas de falta de ganas ni a creer que arriesgamos la integridad si demostramos de manera genuina lo que queremos, todas tonterías que, valga decir, los sacan de quicio.

Hablo de las lesiones penianas, grandes o mínimas, que se producen por un mal movimiento o por una inadecuada preparación de la planta baja. Aunque ya me he referido a esto, no sobra retomarlo con la intención de que lo tengamos en cuenta para evitarles daños y, a su vez, para que les demostremos solidaridad, en medio del silencio que los invade cuando se afectan.

Así que cuidado con la dinámica de las posturas en las que tomamos el mando porque se ha demostrado que responden por más de la mitad de las fracturas de la dotación varonil, solo por sacudirnos imprudentemente en contra de su anatomía. Riesgo que nos obliga a entrenar hasta manejar bien la técnica y dejar de lado la idea de que nacimos aprendidas. Cuidado.

Y reservo para el final las laceraciones y excoriaciones que deja la falta de lubricación vaginal en el extremo de las astas masculinas, que son tan frecuentes y calladas como dolorosas. Está demostrado que el roce excesivo aniquila hasta la erección más férrea, con el agravante de que el contacto de los tejidos expuestos con el contenido del área induce ardores capaces de invocar alaridos que por vergüenza no se emiten, pero que se canjean por lágrimas furtivas. Así de serio es el asunto.

Ahora, si bien he insistido en que la generosidad con el tiempo y las caricias durante los previos son tareas que muchas veces dependen de ellos, tenemos la obligación de exponer las advertencias y de impedir el ingreso en caso de que aún no estén dadas las condiciones adecuadas. Y si llegamos a sospechar de su sufrimiento –lo cual es fácil, porque frenan literalmente en seco y se muestran renuentes a que les toque–, ofrecer ayuda y comprensión serán cosas que ellos, en medio de su machismo, agradecerán de corazón. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO
Twitter: @SaludET

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