Salud

Defensa de la masturbación femenina / Sexo con Esther

Si alguien piensa que esta columna es una apología a la paja femenina, pues está en lo cierto.

Sexualidad femenina

Hay que derrumbar pudores y eliminar miedos con respecto al cuerpo.

Foto:

123RF

24 de febrero 2018 , 11:45 p.m.

La masturbación es una práctica placentera, pero con muy mala publicidad. Tanto, que es vergonzante en extremo. Sobre todo en las mujeres, que difícilmente reconocen que echan mano de ella para darse gusto.

Lo cierto es que la autosatisfacción es el primer brote que aparece en el desarrollo sexual en todo el mundo, porque es la base del autoconocimiento, la activación de las fantasías y el mejor entrenamiento para el orgasmo. Y no sobra decir que, si bien suele ser una tarea en solitario, también se puede hacer en pareja.

El placer que deja una buena manipulación personal no es ni mejor ni peor: es un goce diferente y más que remplazar algo, es la vía más expedita para una conexión más íntima con nosotras mismas. Y sus ventajas son múltiples. Para comenzar, baja la incómoda ansiedad que produce la necesidad de estar sincronizadas con la contraparte en todas las fases del aquello.

Además, a partir de las fantasías, se puede cambiar el escenario, las condiciones y hasta los personajes que nos estimulan.

Por si fuera poco, en tiempos en que campea la anorgasmia, los socorridos toques permiten descartar problemas orgánicos o mentales que puedan causar esta apatía y abrir una puerta plena al goce con más seguridad.

Derrumbar pudores y eliminar miedos con respecto al cuerpo, además de aliviar algunos dolores que rondan en la planta baja, también son efectos de la generosa masturbación. Y a lo anterior se le agrega la facilidad y la inmediatez con las que se pueden poner manos a la obra en estos nobles objetivos.

Todo lo anterior, sin contar las maravillosas sensaciones de placidez y bienestar que aparecen después de que se reciben atenciones propias, en razón a que es la forma más divertida de liberar en el cerebro las hormonas amigables e infalibles a la hora de pasarla bueno, como son la dopamina y la oxitocina. Y como es natural, eso, de paso, nos mejora el sueño, a la par que ayuda a relajar el útero y otros músculos aledaños, con lo que salen en estampida los odiosos cólicos.

¿Les parece poco? Pues dicen los que saben que cuanto más frecuentes sean los orgasmos autónomos que se desprenden de esta práctica, más se elevan las defensas y ayudan a poner a raya, principalmente, las infecciones leves del sector pélvico.

Y déjenme decirles, sin vergüenza, que lo que más me gusta de autoquererme es que es una rica variante cuando los señores no están a la altura de las ganas y las expectativas con las que llegamos a la cama.

Y para terminar, si alguien piensa que esta columna es una apología a la paja femenina, pues tengo que decirle que está en lo cierto.

Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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