Salud

El músculo que martiriza al '10' de la Selección Colombia

El sóleo es silencioso y por eso los deportistas minimizan sus lesiones. 

Lesion James

James Rodríguez debe guardar reposo mientras se recupera de su lesión en la pierna derecha. Además de las seis semanas de descanso recomendadas, es fundamental que asista a terapias de rehabilitación.

Foto:

AFP.

04 de julio 2018 , 06:55 a.m.

“Me quedo silencioso y le hago creer que no lo voy a molestar. Pero cuando empieza a correr, me hago sentir y le daño el partido”, dice el músculo sóleo de James Rodríguez, el ‘10’ de la Selección Colombia, que se queja por la forma poco amigable como se ha portado últimamente.

Este músculo de la parte posterior de la pierna insiste que no lo hace de malo. Es la respuesta a lo poco que lo conocen. “Y si no fuera porque los deportistas me sobrecargan hasta lesionarme, nadie sabría de mí”, dice con cierto resentimiento. Por eso acepta esta entrevista: para darse a conocer y para que aprendan a manejarlo y eviten vituperarlo.

¿Quién es usted?

Bueno. Soy un músculo y me domicilio en la parte posterior de la pierna, por debajo de la rodilla. Y, a diferencia de otros, no soy visible, estoy cubierto por dos músculos, llamados gemelos, con los que hago un trío conocido como tríceps sural. En otras palabras, estoy en la pierna de James, pero él no me ve, pero me siente.

¿Por qué se llama sóleo?

Porque soy ancho y un poco grueso, parecido a una sandalia, que en latín se dice solea. Aunque algunos dicen que, como me encargo de llevar la planta del pie hacia abajo, me relacionan con solum, que en latín es suelo.

¿Y cuál es su función?

Soy muy potente y me encargo de flexionar la planta del pie (echarla para abajo) o extender el pie. Soy importante para caminar, saltar, correr o bailar; tanto que respondo –en gran parte– para que usted y todos se mantengan de pie. Al punto de que si no tirara hacia atrás, el cuerpo caería hacia adelante. También me encargo de bombear sangre hacia el corazón para que no se les quede en las piernas.

¿Cómo se lesiona?

Si me ha entendido, yo hago que el talón se levante del piso durante la marcha, y mucho más al correr; y para eso tengo que empujar todo el cuerpo hacia arriba, lo que me exige hacer mucha fuerza, para lo cual tengo que estar preparado y muy bien entrenado. Como los deportistas son los que más me exigen, es natural que en ellos una mala pisada, un mal apoyo, una fuerza exagerada sin calentar, una caída brusca sobre el talón o un sobreesfuerzo puedan traumatizarme de un solo jalón o lograrlo si esto se hace de manera repetida ni que me den tiempo para recuperarme. También puedo molestar si después de una acción fuerte no me estiran como debe ser o si recibo golpes de manera directa.

¿Y esas lesiones qué le provocan?

De acuerdo con la intensidad del trauma, puedo desde inflamarme hasta que se me rompan las fibras de manera parcial o total. Por supuesto: según sea el daño, así son los síntomas con los que protesto.

¿Cuáles son esos síntomas?

Pues, como lo ha visto en James, Bale y otros futbolistas, el principal síntoma es el dolor cada vez que empiezan a correr; a tal punto que si continúan forzándome, dicho dolor se hace intenso hasta que los saco del partido para protegerme. Porque, de continuar, pueden dañarme de manera irreversible. En casos extremos, cuando hay ruptura de fibras, puedo inmovilizar a la persona. Es en serio, se lo aclaro.

¿Cómo se diagnostica que usted está malito?

Aprovecho para decir que siempre estuve donde estoy, pero ahora soy más respetado que antes. El problema es que mi ubicación hace que se dificulte mucho la exploración clínica, porque no me pueden palpar con las maniobras tradicionales; tampoco me dejo ver en radiografías o ecografías con claridad, por lo que los diagnósticos certeros requieren una resonancia magnética, lo que no siempre se hace.

Dicen que usted trata siempre de confundir...

Es que muchas veces callo mis dolencias y las presento como inofensivas o menos serias de lo que en realidad son; tanto que los médicos dicen que mis lesiones nunca demuestran –de entrada– la gravedad que tienen, y ese es el principio del problema.

¿Por qué?

Porque los futbolistas creen que es algo insignificante o que después de tres días están curados, retoman su rutina deportiva, y ahí, agazapado, estoy yo para hacerme sentir con vehemencia y recordarles que tienen que ponerme en tratamiento y darme tiempo de recuperación.

¿Y cómo hay que tratarlo?

Empiezo por decir que una lesión mía requiere más tiempo de recuperación que la de cualquier otro músculo, lo cual olvidan muchos médicos que salen a especular públicamente. Se lo digo sin tapujos: yo requiero al menos seis semanas continuas de recuperación, es decir, el doble de lo que se necesita para curar otras distensiones. Durante ese tiempo no se puede jugar, ni siquiera intentarlo, porque una recaída es más difícil de recuperar. Lastimosamente, los jugadores caen en la trampa de sentirse bien y vuelven a lesionarse.

¿Y qué más?

Seis semanas de reposo. Suspender la actividad deportiva, iniciar de inmediato un programa de rehabilitación con un programa supervisado y continuo de fisioterapia con medios físicos y un plan de adecuación del músculo con ejercicios dirigidos según la evolución. Concomitantemente se administran analgésicos, y en ocasiones requiero infiltraciones dirigidas con electromiografía para relajar puntos que me generan contracción. Cada caso es diferente y debe ser seguido de manera rigurosa.

¿Cómo lo debemos cuidar?

Primero, saber que existo. Segundo, parar si hay dolor al saltar o iniciar una carrera. Tercero, calentar bien antes de cualquier actividad que requiera actividad muscular de las piernas. Cuarto, hacer estiramientos adecuados después de toda actividad.

Qué le recomienda a James?

Pues, que no sea necio y me deje descansar al menos seis semanas. Que haga caso.

​CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ 
ASESOR MÉDICO DE EL TIEMPO

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