Salud

Atletas paralímpicos dan sus secretos a los ‘runners’

Dos deportistas colombianos cuentan cómo llegaron a esta exigente disciplina y dan algunos consejos.

Atletas paralímpicos

Teo Fajardo (izq.) y Andrés Patiño (centro) entrenan con algunos compañeros en los parques de Bogotá pensando en Tokio 2020.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO

28 de abril 2018 , 10:00 p.m.

A Teo Fajardo le costó encontrar su camino. Empezó nadando, pero a los dos años se aburrió y no quería desaprovechar su juventud en una disciplina que no lo estaba llevando a ningún lado. Entonces se metió a ciclismo, pero tampoco era lo suyo. En esas andaba cuando se le atravesó el atletismo, disciplina en la que se había destacado en sus años en el Ejército.

Se acuerda perfecto y se le ilumina la cara: “Estaba en el batallón, reunido en la cancha con otros compañeros, hablando. De pronto, alguien nos gritó: ‘El que llegue primero al rancho, gana’. Yo ni lo pensé, salí rápido por puro reflejo. Éramos como 200, cinco corrimos, unos 20 trotaron, muchos más llegaron caminando o como pudieron. Me di cuenta de que podía correr, a pesar de la prótesis con pin y el miedo de que se zafara. Y me emocioné mucho porque después de una amputación lo que quieres es poder moverte”. Desde entonces no ha parado.

Si correr es exigente para cualquier persona, ¿qué demandas especiales ejerce sobre un atleta amputado? “El factor más importante está en las ganas con las que usted quiera hacer las cosas. Claro, la prótesis también influye: la de caminar no permite correr tan fácilmente, aunque se puede. Pero con una de alto rendimiento para correr a velocidades de un corredor convencional se acaba el problema”, dice el cabo tercero Teodicelo Fajardo Pardo, dueño de dos récords nacionales en 400 y 200 metros, categoría T44. Tiene el registro suramericano de 400 metros y la segunda marca panamericana. El año pasado ocupó el décimo puesto en su categoría a nivel mundial.

El factor más importante está en las ganas con las que usted quiera hacer las cosas

Pensé que no correría más

“Yo pensé que uno no podía volver a correr. Pero un día, en YouTube, me encontré con el video de Óscar Pistorius y dije ‘¡pero esto cómo es posible!’, y así me dio la idea de correr”, recuerda Andrés Patiño Luengas, soldado profesional. “Mi accidente fue en el 2006 y empecé en el deporte en el 2010, cuando nunca antes había hecho nada de atletismo y en ese momento apenas medio corría jugando micro (fútbol) con una prótesis convencional (para caminar). Pero fue con esa que gané las primeras medallas, porque la prótesis profesional solo la recibí en el 2013. Hoy soy el campeón nacional en 100 y 200 metros de la categoría T44”.

Por medio de donaciones o herencias de amigos atletas que viven en el exterior, Patiño ha logrado una carrera en el atletismo paralímpico, además de pasarles a otros que siguen sus pasos “el gancho” (la prótesis) que ya no usa.

A diferencia de Teo Fajardo, que solo entrena tres horas en las mañanas, Andrés Patiño lo hace tres horas en la mañana y otras dos en la tarde, todo con el fin de lograr la marca mínima para los próximos Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. Aunque es velocista, también le gusta correr una 10k (su récord personal está en 52 minutos), 15k y hasta 21k. Pero como Teo, las corren poco para no desgastarse, pues “el trabajo de entrenamiento es diferente. Para el fondo es más demandante y preferimos no exigirnos tanto, pues no cuentan como competencias oficiales al no existir categorías para discapacidad en esas distancias, excepto la carrera 10K de la Fundación Matamoros. Sería una gran motivación que a los discapacitados nos incluyeran en el resto de carreras que hay en el país”, asevera Patiño, quien dice que hay muchos colombianos interesados en participar.

‘No todo se corre igual’

Con la experiencia y kilómetros corridos, Teo lo tiene claro: “Hay una clave para correr maratón y otra para velocidad. No todo se corre igual; el entrenamiento debe enfocarse en la distancia y resultado que se busca. Para quien vaya a correr la Matamoros del próximo 6 de mayo o cualquier otra 10k en este año, lo fundamental es hacer cardio o trabajo aeróbico para contar con la capacidad pulmonar que le permita sostener el paso a lo largo del recorrido. Además fortalecer los abdominales”.

Hay una clave para correr maratón y otra para velocidad. No todo se corre igual; el entrenamiento debe enfocarse en la distancia y resultado que se busca

Como lo indica la récord mundial de 400 metros categoría T43, la holandesa Marlu van Rhijn, todo corredor debe fortalecer la espalda, la cadera y los abdominales pues en ambos casos –pero en especial para los ‘blade runners’, como se les dice a los atletas paralímpicos– es allí donde se absorbe el impacto. El menú: planchas y sentadillas, como eje para fortalecer el tronco. Eso significa, dice Andrés Patiño, que “todo corredor debe invertir tiempo no solo en la pista o en la calle, sino en el gimnasio, especialmente para fortalecer las piernas”. A la hora de la carrera, “un buen calentamiento es fundamental –añade Patiño– porque reduce la posibilidad de sufrir lesiones”.

Paso a paso

“A las personas que no tienen experiencia les recomiendo que arranquen despacio y aumenten la carga o distancia poco a poco. Que siempre usen ropa cómoda y no estrenen nada el día de la competencia. Mentalmente –añade Teo– el velocista no tiene tiempo de pensar; excepto en ganar, llegar primero o terminar bien. En cambio, el maratonista sí tiene tiempo de pensar en retirarse, para decirse: ‘Esto no es para mí’. La fortaleza está en dar lo mejor que pueda, en lograrlo. El fondista sabe de qué es capaz. Mi consejo, con la experiencia que tengo en distancias largas, es tener un buen ritmo, no quedarse del grupo y correr con zancada larga y buen braceo. Si la persona no puede sostener el ritmo, debe buscar uno donde se sienta bien. El punto está en aprender a medirse, cosa que solo es posible en el entrenamiento”.

Todo por sus hijas

El deporte, dice Teo Fajardo, es una opción disponible para todas las personas. Además de un espíritu competitivo y la meta de llegar a los Paralímpicos del 2020, es claro en decir que lo que lo llevó retomar el deporte y engancharse al atletismo tras cuatro años de duelo invertidos en superar el impacto que le dejó una mina antipersonal en el 2009 “fue poderles mostrar a mis hijas que tras ocho años de servicio al Ejército no me quedé ahí aplastado, de manos cruzadas, sino que seguí sirviéndole al país haciendo otras cosas, desde el deporte”.

“Esto para mí es calidad de vida”, sentencia Patiño. “Corriendo he tenido oportunidad de conocer gente, como la primera vez que me llevaron a Cali a competir y gané mi primera medalla de oro. Ya era correr algo exigente, donde me sentía rápido, con la velocidad de un corredor convencional. Eso me motivó, y el ánimo que me dio la gente. Como dicen: no hay mal que por bien no venga, y sin el accidente no hubiera conocido todo lo que he visto, gracias a los viajes de competencia”.

Y un último mensaje de Andrés Patiño para los corredores convencionales: “A veces cuando uno corre en las carreras de calle hay gente que va corriendo y de pronto se detiene a mitad de camino. Pero lo ve pasar a uno y piensan que si nosotros podemos también pueden y se le pegan a uno el resto del camino. Al final me buscan para decirme que verme correr los motivó. Eso me alegra porque también es una motivación para nosotros. Si todos nos apoyamos, sin importar las circunstancias, todos la logramos”.

‘Blade running’

Tecnología al servicio del deporte. Eso resume las famosas prótesis Flex-foot, también conocidas como Cheetah, palas, gancho o blades y que siguen maravillándonos al verlas en las competencias olímpicas y paralímpicas de atletismo. En los 70, un joven esquiador llamado Van Phillips sufrió la amputación de una pierna por debajo de la rodilla. Con la decisión de crear una alternativa para los deportistas, estudió en el Centro Ortopédico-Protésico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Northwestern (EE. UU.) y se especializó en ingeniería de diseño. Su meta: crear una prótesis que le diera impulso a la pierna y así superar los rígidos modelos arrastrados desde la II Guerra Mundial. A mediados de los 80 fundó su empresa e hizo realidad su invento: el modelo C, que copia el diseño de la pierna de un chita. Hoy es utilizado por el 90 por ciento de los atletas paralímpicos del mundo y millones de deportistas en maratones. También se prueba en triatlones y quiere derrotar los impedimentos derivados de la amputación.

Estas “cuchillas” están hechas con 80 láminas de fibra de carbono (más delgadas que un cabello humano) y que en su diseño buscan reproducir la dinámica del talón. La flexibilidad del carbono da un gran retorno (impulso), lo que obliga a los atletas a aprender a controlar las prótesis, pues van ganando impulso y zancada a medida que avanzan. Mientras un corredor convencional logra reutilizar un 41 por ciento de la energía de retorno generada al tocar el suelo, con esta prótesis un corredor paralímpico puede llegar a reutilizar hasta el 90 por ciento. Por lo general, la prótesis es unos cuatro centímetros más larga que la pierna sana; cada una pesa 512 gramos, lo que es visto por muchos como una ventaja.

POLY MARTÍNEZ
Para EL TIEMPO
En Twitter: @polymarti

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