Salud

¿Qué hay tras los cólicos menstruales?

Conozca la dismenorrea, el término usado para describir los dolores asociados a la menstruación.

Cólico menstrual

Cuando el dolor es muy severo, requiere manejo de un especialista para que no afecte su estado anímico, físico y reproductivo.

Foto:

123rf

09 de mayo 2017 , 10:53 p.m.

La dismenorrea se define en medicina como el dolor asociado a la menstruación. Este síntoma es bastante frecuente y muy difícil de medir en cuanto a su real frecuencia, ya que muchas mujeres y culturas asumen el dolor menstrual como parte “normal” del hecho de ser mujer y no consultan o no le cuentan a su médico por temor o vergüenza, y, al final, todo se queda en una molestia genérica que la gente conoce como cólicos.

En muchas sociedades la tradición de generaciones lleva a explicaciones mágicas y aun religiosas que justifican el aguantar este dolor como castigo o prueba de fe en un Dios. Por lo anterior, muy difícilmente podemos acercarnos a conocer de forma precisa cuántas mujeres padecen esta molestia.

Sin embargo, la dismenorrea se puede clasificar de acuerdo con su origen en primarias y secundarias. Las primarias son las que comienzan con la primera menstruación, usualmente son poco severas y tienden a mejorar con el tiempo, el uso de anticonceptivos y con los embarazos. Se cree que se deben al desequilibrio de unas sustancias llamadas prostaglandinas uterinas, lo que produce contracciones musculares que se manifiestan con dolor. Sin embargo, con el paso de los años presentan mejoría.

Por el contrario, las secundarias aparecen más tarde en la vida y tienden a empeorar con el tiempo. Estas hacen que la paciente consulte, por lo que es determinante buscar sus causas para iniciar tratamientos específicos.

Se calcula que el 80 por ciento de las mujeres sufren molestias con la menstruación, que más o menos 30-40 por ciento sufre del síndrome premenstrual y que algo menos del 10 por ciento sufre de la forma más severa: el síndrome disfórico premenstrual.

Se asocian con enfermedades

Entre las causas más frecuentes de dismenorreas secundarias se encuentran la endometriosis, los miomas uterinos, los dispositivos intrauterinos (DIU), la enfermedad pélvica inflamatoria, los síndromes premenstruales y el estrés.

De ellas, la endometriosis es la más común y se calcula que entre el 5 y el 10 por ciento de las mujeres en edad reproductiva pueden presentarla. En realidad se trata de una inflamación crónica de un tejido similar al del interior del útero (endometrio) y que puede ubicarse en cualquier parte del abdomen o la pelvis, siendo el ovario, el tabique entre el recto y la vagina los más comunes, pero ocasionalmente pueden aparecer implantes de endometriosis en sitios raros como la nariz, ojos, pulmón, dedos y cicatrices.

Por lo general, las mujeres con endometriosis tienen antecedentes familiares y un dolor que coincide con los ciclos menstruales. Este puede ser leve o tan severo que llega a incapacitar a las afectadas.

Esta enfermedad es incapacitante y muchas veces se acompaña de infertilidad o dificultad para quedar en embarazo, y, por consiguiente, entre más temprano se diagnostique y se trate, mejor será el pronóstico y futuro reproductivo de la paciente.

La miomatosis uterina es una enfermedad que consiste en la aparición de tumores benignos de músculo liso y fibrosis, tejido muscular que es similar al del útero.

También tiene una incidencia familiar importante y es más frecuente en mujeres de raza negra. Los tumores o miomas van apareciendo con la edad, tienden a crecer y producen síntomas como sangrado abundante con la menstruación, dismenorrea, dolor con las relaciones, síntomas por presión de esos tumores sobre vejiga o recto (poca capacidad vesical y estreñimiento) y problemas para quedar embarazada o mantener un embarazo.

A pesar de que muchas veces el manejo de la miomatosis es quirúrgico, hoy en día existen medicamentos orales muy eficientes para su tratamiento, que son bien tolerados y controlan los síntomas que produce, mejorando así el pronóstico y evitando muchas veces la cirugía.

La enfermedad pélvica inflamatoria (EPI) es una infección del tracto genital femenino causada por múltiples bacterias, muchas de ellas de transmisión sexual, y como las anteriores, entre más temprano se diagnostique, más rápidamente se trata y mejor el pronóstico de la paciente, sobre todo en términos de su futuro reproductivo
El síndrome premenstrual y síndrome disfórico premenstrual son otros problemas que giran alrededor de la menstruación dolorosa. En ocasiones, el dolor se asocia a molestias físicas y mentales que se repiten en cada menstruación, que muchas veces tienden a ser progresivamente más severas y que impactan de forma diferente aspectos de la calidad de vida y relaciones sociales, sexuales y laborales de las pacientes.

Un 30 por ciento de las mujeres o incluso más podrían sufrir del llamado síndrome premenstrual

El diagnóstico

Se han definido de forma estandarizada los criterios diagnósticos de estos síndromes por parte de sociedades médicas mundiales, con el fin de diagnosticar de mejor forma estos problemas y, más aún, de tratarlos tempranamente y de forma adecuada, para impactar en la calidad de vida de estas pacientes.

Existen muchos estudios poblacionales realizados en varios países del mundo que han descrito la frecuencia de los trastornos de este tipo asociados al ciclo menstrual.

Sabemos hoy en día que los latinoamericanos nos diferenciamos de las poblaciones de otras latitudes. Hace unos años se realizó un estudio entre mujeres latinoamericanas y europeas (más de 4.000) que mostró que por lo menos 96 por ciento de las mujeres latinoamericanas en edad fértil experimentan al menos una molestia previa a la menstruación. De otro lado, cerca del 71 por ciento de las mujeres reportan la forma más severa de este síndrome y, por consiguiente, ven afectadas sus relaciones de pareja y familiares, así como el desempeño laboral. El 65 por ciento de las encuestadas con los síntomas de la forma más severa del síndrome premenstrual tienen ausentismo laboral o estudiantil.

Las consecuencias

Las consecuencias derivadas no solo son para las pacientes que sufren de estos cuadros clínicos, sino para el sistema económico y de salud de cada país. En Estados Unidos se ha cuantificado el impacto económico del síndrome premenstrual (SPM), determinando los costos médicos directos (demandas administrativas y honorarios) y los costos indirectos (días de ausencia laboral femenina y disminución de la productividad).

Un estudio evaluó a 374 mujeres, entre quienes el grupo con SPM aumentó los costos médicos directos en 59 dólares por mujer año, y los costos indirectos fueron de 4.333 dólares mujer/año, comparados con los de las mujeres que no tenían SPM.

Algunos expertos han afirmado que el SPM o su forma más severa, el síndrome disfórico premenstrual, ha producido pérdidas de más de 5.000 millones de dólares anuales en los Estados Unidos debido al ausentismo y la ineficiencia laboral. En Colombia podemos afirmar que las estadísticas son muy similares.

No sufra en silencio*

Aunque lo mejor es acudir al médico si las molestias son tan intensas, algunas medidas pueden ayudar a sobrellevar los cólicos.

Caliéntese. El calor relaja músculos y mejora la circulación en la pelvis. Una bolsa de agua caliente, compresas de agua tibia y hasta las mantas térmicas y duchas calientes son bienvenidas en estos días.

Hidrátese. Aunque la idea no es tomar líquidos a granel, se ha demostrado que las bebidas calientes inhiben la sensación molesta de dolor. Sopas, caldos, aguas aromáticas, preferiblemente de canela o de anís, al igual que el té son recomendables.

Dieta ligera. Una dieta suave, en la que la fibra, las frutas y las verduras estén en buenas proporciones, es la indicada. Elimine el café, merme la sal, evite el alcohol y el azúcar por el tiempo que duren los síntomas.

Relájese. Descansar, meditar o procurar sesiones de masajes o de yoga son una bendición.

Muévase. El ejercicio leve para promover la circulación y la eliminación de sustancias dañinas es recomendable. También, las caminatas cortas y estiramientos sin resistencia.

Evacúe. Procure no dejar que la vejiga se llene demasiado. Desocúpela ante la primera sensación. Eso quitará presión sobre los órganos vecinos afectados.

Por último. Use medicamentos conocidos y preferiblemente formulados. No dude en consultar y no se avergüence en caso de necesitar ayuda. Ese malestar tiene solución.

RICARDO MARTÍN
Jefe del departamento de ginecología, obstetricia y reproducción humana de la Fundación Santa Fe.
*Carlos Francisco Fernández (Asesor médico de EL TIEMPO)

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