Salud

Los ojos saltones y su relación con la tiroides

El ataque a la tiroides puede llegar a afectar los ojos. Hay mejoría si se trata rápidamente.

Ojos saltones

Se ha encontrado que las mujeres entre 25 y 50 años es la población que más suele sufrir por estos males.

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123RF

23 de mayo 2018 , 09:38 p.m.

En la semana que el mundo dedica a hablar de la glándula tiroides –que dirige el ritmo de todo el organismo– resulta pertinente recordar una afectación de los ojos, específicamente, de la órbita que acompaña a algunos males de este amigable órgano.

Se trata, dice el oftalmólogo Alberto Calle, de un cuadro que se conoce con nombres diversos que en realidad describen los cambios asociados a la enfermedad autoinmune (ocurrida cuando el cuerpo se ataca a sí mismo) de la glándula.

Las estadísticas dicen que este cuadro está asociado con hipertiroidismo (cuando la glándula tiroides produce un exceso de hormonas tiroideas) en el 90 por ciento de los casos, con tiroiditis de Hashimoto en el 3 por ciento y con tiroides equilibrada (eutiroidismo) en el 6 por ciento.

Los cambios en los ojos suelen aparecer, normalmente, unos meses después de la afectación tiroidea, “aunque pueden aparecer más tarde o incluso no aparecer”, dice Calle.

Anticuerpos que inflaman

En el hipertiroidismo, por razones todavía no esclarecidas, el organismo produce unos autoanticuerpos que atacan a la glándula tiroides, haciendo que aumente su actividad.

Estos autoanticuerpos también pueden afectar los tejidos blandos de la órbita ocular y de las áreas aledañas, incluidos los músculos que mueven a los ojos (músculos extraoculares), y la grasa, lo que termina por inflamar todas estas estructuras.

Para Calle, lo que se observa en detalle es que la grasa orbitaria y los músculos del ojo se infiltran de glicosaminoglicanos –unos elementos que se producen en mayor cantidad por la acción de los anticuerpos– y les aumentan el volumen.

Ojos saltones, lo más llamativo

Los primeros síntomas en los ojos de esta afectación son leves y pueden incluir resequedad, enrojecimiento, hinchazón de los párpados y dificultad para usar lentes de contacto, dice Ángela María Gutiérrez, oftalmóloga de la Clínica Barraquer en Bogotá.

En la noche, dice la especialista, estos síntomas empeoran, pero también por factores como el aire acondicionado, la calefacción y el viento.

Se ha demostrado que la inflamación y el edema afectan la órbita, causan una retracción de los párpados, que se tensan y se ven más abiertos; por otro lado, la inflamación empuja los ojos hacia afuera, lo que termina por darles a las personas esa “mirada de susto” (exoftalmos), que es lo más característico.

De igual forma, cuando los músculos extrínsecos del ojo se inflaman, aunque no exista exoftalmos (no estén saltones), pueden perder movimiento, por lo cual el afectado podría ver doble (diplopía) y desarrollar estrabismo.

El problema, dice Gutiérrez, es que en casos graves esta inflamación puede apretar los vasos que llevan la sangre al ojo, y si llega a limitar la oxigenación del nervio óptico, se producen problemas serios en la visión.

No sobra decir que la mayoría de personas que padecen enfermedad de Graves–Basedow no presentan alteraciones en la órbita.

Equilibrar la tiroides es lo primero

Para la Clínica Barraquer, el tratamiento se inicia con el manejo de la alteración de la glándula por parte del endocrinólogo. Gutiérrez dice que esto se realiza con fármacos y, según la evolución, con radioterapia o cirugía.

Calle, por su parte, asegura que los síntomas oculares más leves se pueden tratar con lubricantes, filtros para la luz solar para atenuar la irritación, cubrir los ojos en la noche y usar humidificadores de aire, para evitar la resequedad.

En los casos más severos, que se acompañan con alteraciones de la visión, se formulan antiinflamatorios con base en esteroides por vía venosa a dosis elevadas durante un corto período de tiempo, bajo estricto control médico.

Hay cirugía

Hay algunos casos en los que se requiere cirugía. “Se puede actuar sobre los párpados y en áreas aledañas para devolverlos a su posición natural, liberando tejido cicatrizal, exceso de tejido graso y piel para mejorar la apariencia”, dice Calle. Esta cirugía se realiza de forma ambulatoria y es bien aceptada por la mayoría de pacientes.

Si el problema es la diplopía por la inflamación y cicatrización de los músculos que mueven el ojo, se pueden probar correcciones con prismas o reposicionar los músculos mediante cirugía para mejorar la alineación y la visión doble.

La descompresión orbitaria está indicada en pacientes con protrusión (salida) grave de los ojos, pérdida de visión, o exposición de la córnea por imposibilidad para cerrar los ojos con riesgo de perforación.

Según Calle, esto consiste en la eliminación de parte de los huesos de la órbita que rodean el globo ocular para permitir que el exceso de presión que existe en el interior de la cavidad orbitaria se transmita a los senos que rodean a la órbita.

Ángela María Gutiérrez asegura que si los primeros síntomas de la orbitopatía se identifican tempranamente y se inicia el tratamiento con corticoides, el resultado puede ser muy efectivo. En el caso de la cirugía descompresiva y rehabilitadora, los resultados suelen ser satisfactorios, dice Calle.

Unos apuntes sobre la prevención

Los especialistas de la Clínica Barraquer manifiestan que el efecto del hipertiroidismo no es garantía de que la enfermedad de los ojos mejorará y que ningún tratamiento de la tiroides puede garantizar que los ojos no van a continuar deteriorándose.

“Una vez iniciada la enfermedad de la órbita puede permanecer activa durante varios meses y hasta años”, dice un artículo de Barraquer sobre el tema. Sin embargo, Gutiérrez dice que posteriormente, por lo general, el cuadro mejora de manera gradual.

“Se ha demostrado que si estas alteraciones en la órbita se mantienen inactivas por seis meses, la probabilidad de que vuelvan a aparecer es casi nula”, agrega.

No sobra recordar que esto afecta con más frecuencia y gravedad a las personas que fuman, lo mismo en aquellas afectadas por el estrés. Si bien es más frecuente en mujeres entre 25 y 50 años, en los hombres mayores de 50 es más agresivo.

CARLOS F. FERNÁNDEZ

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