Religión

En la lista de santos y beatos colombianos, la mayoría son paisas

Personas que inspiran a los seres humanos a ser mejores personas, a tener fe y coraje.

Laura Montoya

La antioqueña Laura Montoya (1874-1949) es la única santa de Colombia. Fue canonizada en mayo del 2013.

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Guillermo Ossa

01 de noviembre 2017 , 01:37 a.m.

Los santos, según el papa Francisco, inspiran a los seres humanos a ser mejores personas, a tener fe y coraje.

"No son superhombres, ni han nacido perfectos. Son personas que antes de alcanzar la gloria del cielo han vivido una vida normal, con alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Son hombres y mujeres que tienen la alegría en el corazón y la transmiten a los demás”, ha dicho el pontífice argentino al referirse a esos miles de santos que la Iglesia católica ha atesorado en sus más de 2.000 años de historia. No hay cifras oficiales en el Vaticano, pero varios portales católicos calculan que son más de 7.000 en todo el mundo.

Este primero de noviembre, los países de tradición católica celebran el Día de Todos los Santos. Y la fecha sirve para recordar cómo queda Colombia en el santoral.

Nuestro país, el séptimo más católico del mundo según el Anuario Pontificio 2017 y el de Estadísticas de la Iglesia 2015, con un 70 por ciento de población que profesa este credo, solo tiene una santa (la antioqueña Laura Montoya) y once beatos; estos últimos están a un paso de la canonización, que podría demorarse varios años o varios siglos. Porque, aunque han existido casos excepcionales que transcurren con tal agilidad como el del papa Juan Pablo II –fallecido en el 2005 y canonizado en el 2014– hay otros como el de la heroína francesa Juana de Arco, quien murió a los 19 años en 1431 y fue elevada a los altares casi cinco siglos después: en 1920.

Los santos, que en los inicios del cristianismo eran proclamados como tales por el pueblo gracias a sus buenas obras o al martirio del que fueron víctimas por no negar su fe en Cristo, en tiempos modernos deben pasar por serios trámites en la Congregación para la Causa de los Santos, en el Vaticano. Allí deben tener un postulador que se encargue de esas ‘santas’ gestiones; entre esas, demostrar que intercedieron antes Dios para que ocurriera un milagro sin sustento –casi siempre– en la medicina. La sanación a una enfermedad terminal, por ejemplo.

Una característica de los santos y beatos colombianos es la conciencia social y la vida con los pobres. El amor a Dios se traduce en una dedicación total al prójimo”, explica monseñor Pedro Mercado, presidente del Tribunal Eclesiástico de Colombia.

Vocación pura

En el caso de la santa Laura Montoya, canonizada por el papa Francisco en mayo del 2013 –es la primera santa de su pontificado–, se destacan su lucha por los derechos de las comunidades indígenas asentadas en las selvas del Urabá antioqueño, a comienzos del siglo pasado, y la vocación de sus más de 1.000 discípulas, que hoy siguen su obra en 21 países: son misioneras que evangelizan mientras ayudan a las comunidades más vulnerables: desde el Chocó hasta Haití y África.

“Los santos y beatos colombianos, adelantándose un poco al enfoque del papa Francisco, supieron ir a donde los más necesitados, a las periferias”, sigue monseñor Mercado.

Javier Darío Restrepo, periodista experto en temas religiosos y director de la revista Vida Nueva, destaca otra particularidad del santoral colombiano: casi todos fueron víctimas de la violencia en diferentes etapas del país. Se refiere, inicialmente, a los siete mártires de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que fueron torturados y asesinados en medio de la guerra civil española, el 9 de agosto de 1936.

¿Y por qué los mataron? Porque se resistieron a negar su fe en Cristo. La Iglesia católica reconoció su martirio, y el 25 de octubre de 1992 fueron beatificados por el hoy san Juan Pablo II. A ellos se les suma el seminarista Jesús Aníbal Gómez, quien murió en condiciones similares –también en España y en el mismo año de 1936–, pero fue beatificado hace poco: en 2013.

Y los dos nuevos beatos, proclamados así por el papa Francisco en su reciente visita a Colombia –en Villavicencio el pasado 8 de septiembre– también murieron de manera violenta: monseñor Jesús Emilio Jaramillo, asesinado por el Eln el 2 de octubre de 1989 cuando era obispo de Arauca, y el padre Pedro María Ramos, torturado y asesinado a machetazos en las revueltas posteriores al asesinato del caudillo Jorge Eliécer Gaitán, el 10 de abril de 1948; lo acusaban de ‘proteger’ a los conservadores.

Y otro dato que llama la atención: el santoral colombiano es, en su mayoría, paisa: además de la santa Laura Montoya, siete de los once beatos nacieron en tierras antioqueñas.

¿Y cuál será el próximo santo colombiano? Se prevé que podría ser el beato Marianito, oriundo de Yarumal y a quien le tienen tanto fervor en Antioquia como a la misma madre Laura. Pero no se sabe nada al respecto. Para que el país tenga un nuevo santo pueden pasar varios años. O varios siglos.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO 
Subeditor de Vida@JoseaMojicaP

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