Religión

‘En Colombia hay mucho odio todavía’: Provincial de los Jesuitas

Dice que el próximo gobernante debe estar comprometido con los logros de las negociaciones.

Carlos Eduardo Correa, sacerdote jesuita

El sacerdote Carlos Eduardo Correa, S. J. comenta que las Farc realmente están comprometidas con la paz.

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Néstor Gómez / EL TIEMPO

09 de septiembre 2017 , 09:09 p.m.

Durante la visita al país que culmina este domingo, el papa Francisco dedicó su mensaje a desarrollar tres palabras: ‘paz’, ‘perdón’ y ‘reconciliación’. Para el provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, el sacerdote Carlos Eduardo Correa, el mensaje pontificio supuso una expresión de apoyo al proceso de paz que firmaron el presidente Santos y las Farc, aun cuando no los haya mencionado expresamente. El prelado consideró, además, que el próximo gobierno debe estar comprometido con la continuación del proceso de paz.

El padre Correa, jesuita como el Papa, asumió como provincial de esa comunidad religiosa hace tres años. Conoció la guerra y la pobreza, pues, durante sus primeros siete años como sacerdote, trabajó como párroco en un barrio de invasión en Barrancabermeja. Fue superior de la residencia San Pedro Claver, en Cartagena, donde trabajó con comunidades afrocolombianas y luego, en Bogotá, fue rector del colegio San Bartolomé La Merced.

¿Por qué cree que el Papa reiteró, una y otra vez, su llamado a la reconciliación?

Porque el Papa, a mi manera de ver, considera que Dios no está atento a hundir ni a castigar, sino a dar la mano, a levantar al otro. Se trata de que veamos cómo podemos generar procesos para retejer las relaciones entre los colombianos y cómo podemos avanzar en ponernos de acuerdo para sacar adelante este país, pero no con las armas. El Papa considera que con reconciliación, este país será maravilloso en garantizar vida digna y equidad. Creo que ese es el sueño del Papa.

En su discurso ante los jóvenes en la plaza de Bolívar, el Papa dijo que ellos “son capaces de algo muy difícil en la vida: perdonar. Perdonar a quienes nos han herido”. ¿Ese es un claro mensaje sobre la situación actual que vive el país?


Sí, pero yo quiero aclarar que el perdón es una invitación que se hace, pero no se impone. El perdón tiene que surgir de una experiencia muy profunda de que si yo no perdono, mi manera de estar en el mundo siempre va a estar movida por el rencor, por la rabia o por el deseo de venganza, de acabar con el que me hizo daño. Y lo que dice el Papa es: “Si tú crees que el otro te hizo daño, pero conoces su historia, te pones en su sitio y reconoces qué lo condujo a hacer eso, más fácilmente podrás comprender y acabar con ese rencor y ese odio en tu corazón, y eso te dará tranquilidad y paz”. Pero eso no se puede imponer.

¿Le parece que es una invitación a perdonar a la guerrilla y a quienes fueron actores en uno u otro sector de la guerra?

Yo sí creo. Y es la mejor inversión que podemos hacer para el futuro del país, porque si no perdonamos nos radicalizamos, y usted mejor que yo conoce lo que ocurre con estas polarizaciones de la sociedad, que hoy le hacen tanto daño al país.

¿Tanto daño que merece la atención del Papa?

Sí, porque el problema de esta polarización es que no es cuál es el bien común de la ciudadanía, sino quién se toma el poder en las siguientes elecciones.

¿Qué quiere usted decir?


El problema de las polarizaciones es que empiezan a manejar a la gente a punta de miedo y rabia: miedo frente a lo diferente, miedo frente al guerrillero que se amnistió y está ahora trabajando, miedo frente a un paramilitar que se reinsertó y rabia frente a cualquier cosa. A mí me ha impresionado mucho ver cómo llegan mensajes diciendo frente al presidente Santos: “¡Miren al guerrillero con el Papa!”, simplemente porque logró acuerdos de paz con las Farc. Eso es aterrador.

Dijo el Papa que hay que mirar sin el lastre del odio... ¿hoy hay odio en Colombia?

Mucho. Mire: trabajé en una zona de conflicto como Barrancabermeja y siento que los que han sufrido más la guerra no tienen tanto odio, son capaces de entender, y por eso ha sido bellísimo ver a las víctimas participando en el proceso... Conmovieron en la negociación. Yo creo que mucha gente que no ha vivido realmente el conflicto se mueve más desde una ideología del odio, pero no son las víctimas; eso me llama mucho la atención a mí, porque el que ha sufrido reconoce que no vale la pena que eso lo sufra otra persona; a él le tocó muy difícil.

¿Cómo vamos a garantizar que no nos vamos a seguir matando?

Fue usted testigo presencial de una zona despedazada por la violencia...

Me tocaron masacres en Barrancabermeja; mataron a mi mejor amigo, que era el mejor catequista que teníamos en la parroquia, y cuando uno ha vivido eso comprende que eso no puede seguir, que es una atrocidad frente a la humanidad. Por eso, el que más ha sufrido tiene más capacidad de perdón. Ante el deseo de venganza, la única cura es el perdón, y es la única salida humana, o sea: no es ni siquiera una experiencia religiosa, es humana. Si ahora no nos perdonamos, si ahora no nos reconciliamos, ¿cómo vamos a proyectar un país distinto? ¿Cómo vamos a garantizar que no nos vamos a seguir matando?

¿Y usted cree que la gente que hoy no perdona está dispuesta a hacerlo?


Yo creo que lo que dijo el Papa tocó el corazón de la gente, pero tenemos que hacer un ejercicio mucho más prolongado de acompañamiento.

Pero ¿es posible que el mensaje del Papa se olvide mañana?

No, yo creo que mucha gente quedó tocada profundamente con el mensaje; pero de ahí a que haya una real transformación es difícil; esto de transformar una manera de ver no es fácil, no se logra de un día para otro.

¿Entonces teme que la polarización que existe hoy en Colombia persista?


Yo creo que sí. Las palabras del Papa no son lo único que va a garantizar el cambio. Todos tenemos que trabajar más constante y permanentemente.

Usted mencionó antes el proceso electoral que vamos a vivir. ¿La persona a la que el país escoja, sea quien sea, debe estar comprometida con la paz?


Yo espero que sea una persona comprometida con la paz porque el esfuerzo que se ha hecho en estas negociaciones, con todas las dificultades que se conocen, necesita más tiempo; no se trata solamente de que dejaron las armas los guerrilleros. Hay que hacer programas de desarrollo con enfoque territorial. Los acuerdos pueden ser criticados, y una de las críticas más de fondo es que se sacrificó la justicia por la paz. Yo creo que sí, pero por la vida y el futuro.

En su opinión, ¿cuál cree usted que fue el mensaje general del Papa?

La reconciliación, la paz y el perdón. Yo quiero ser claro: el Papa dio su apoyo a un proceso de paz que todavía es incipiente. Él conoce muy bien que el proceso de paz está en un punto en donde si lo detenemos, podemos retornar nuevamente a una violencia tremenda en este país; yo creo que el afán del Papa es decir ‘esto hay que continuarlo’, y por eso dice que ese deseo de venganza no puede ser nuestra opción de vida. Yo creo que dio su apoyo al proceso paz.

¿Si en las próximas elecciones no gana el proceso de paz, estaremos condenados a volver a la guerra?


No puedo profetizar, pero habría un riesgo: ¿qué harán 10.000 hombres de las Farc que entregaron sus armas, que están tratando de rehacer su vida en el campo de muchas maneras, a quienes de un momento a otro se les dice que los acuerdos a los que se llegaron se frenan?

Pero ¿usted no cree que la paz ya es un hecho irreversible?

No, yo creo que es algo que tenemos que seguir cultivando. La visita del Papa significó dar un empujón para que esto que se ha logrado no se vaya a devolver.

¿Y el riesgo de que no lo hagamos?

Sería porque nos enceguecemos y buscamos lo que no nos conviene, y sería fatal.

El Papa criticó la riqueza de la Iglesia e invitó a la pobreza, ha dicho que no quiere príncipes sino pastores. ¿La Compañía de Jesús es una comunidad rica?


Yo creo que rica en instituciones; le voy a poner un ejemplo: la Universidad Javeriana tiene instalaciones extraordinarias, y cada vez con más nuevos edificios, pero eso no es propiamente de nosotros, la Universidad Javeriana es una fundación que no nos puede dar un peso de regalo. Los que trabajan en la universidad se ganan un sueldo, como cualquier profesor, y de eso vivimos; entonces, tenemos instituciones ricas, pero son instituciones al servicio de lo que nosotros queremos, que es la educación, la formación. En Colombia tenemos parroquias en zonas muy pobres y subsidiamos a esos sacerdotes para que puedan estar allá; trabajamos con los desplazados en Colombia.

¿Qué enseñanza le dejó su paso por Barrancabermeja?

Aprender a ver la vida de los pobres. Es increíble: en medio de la pobreza, del hambre, de no tener nada, son capaces de ser alegres, tienen una perspectiva de querer la vida, de luchar por la vida.

Usted vivió la violencia. ¿Cree en la vocación de paz de la guerrilla?

Por lo que ha ido ocurriendo en estos últimos meses, por la dejación de armas, se puede decir: ¡están en la perspectiva de la paz! Yo sí creo. Tenemos evidencias muy claras para decir que están realmente comprometidos.

Usted sufrió la violencia. ¿Perdonó?

Yo perdoné.

Es una cuestión de sensibilidad, no es de ideas

¿De dónde se saca valor para perdonar?

No fue mi valor, fue la gente pobre la que me enseñó a perdonar. Cuando mataron a mi mejor amigo catequista, su mamá me dijo: “Yo no tengo deseos de vengarme de los que mataron a mi hijo, yo ya estoy en paz”. Es una cuestión de sensibilidad, no es de ideas; eso no funciona. Por eso insisto en que el proceso de paz cambió mucho cuando las víctimas aparecieron de verdad y se visibilizaron. No olvide que el proceso de paz fue inspirado y apoyado por las víctimas.

¿En Colombia, la Iglesia es de príncipes o de pastores?

Yo creo que es muy difícil emitir un juicio tajante; creo que en cada uno de nosotros, los miembros de la Iglesia, puede haber de las dos cosas, pero yo sí creo que las palabras del Papa buscan que tomemos conciencia de lo que él llama el “carrerismo”, hacer carrera. Él dice: “Mire a Jesucristo, que se dedicó a servir, y el servicio produce vida; el carrerismo no produce sino poder”. Entonces, el Papa nos llama la atención, nos pide que tomemos conciencia de que tenemos tentaciones.

¿Algunos sectores de la Iglesia no deberían seguir el ejemplo de humildad del Papa?

Yo creo que sí. Él, con su ejemplo, nos está llamando a que sigamos ese camino.

¿Qué debe hacer de ahora en adelante la Compañía de Jesús en Colombia luego de conocer este mensaje del Papa?

Que nos toca trabajar mucho más comprometidamente en este país: no desde el juicio a las personas, sino desde la seducción por una vida distinta. Debemos sensibilizar a todo el mundo para que no nos cerremos y terminemos en cosas que destruyen la vida y las relaciones.

¿Qué es la reconciliación?

Construir un país más equitativo y más justo, pero sin armas.

¿Qué es el perdón?

Es dejar a un lado el odio y el deseo de venganza y reconocer que con el adversario de ayer se puede construir algo bueno y nuevo.

¿Qué es la paz?

Poder vivir no solamente sin violencia, sino con las perspectivas de construir un país justo y equitativo.

YAMID AMAT
Especial para EL TIEMPO

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