Religión

Las hermanas que le cantan al papa Francisco a ritmo de rap

Esta joven comunidad colombiana busca evangelizar a través de los medios de comunicación.

Sesenta hermanas integran la comunidad de las Comunicadoras Eucarísticas del Padre Celestial

Con un grupo de artistas colombianos voluntarios, la hermana María Paola aparece en la grabación del video de la canción ‘Demos el primer paso’.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO

30 de junio 2017 , 12:07 p.m.

Que en su cuerpo de 17 años no quedará rastro de esteatohepatitis no alcohólica, la enfermedad por la que tenía el hígado graso –tan deteriorado como el de una persona de 80 años y que la hacía candidata a un trasplante de este órgano– fue la señal divina que llevó a Wendy Lorena Rangel a ponerse los hábitos.

Wendy Lorena ahora es María Valentina de los Ángeles y de la Santa Faz en su nueva vida como hermana de la comunidad de Comunicadoras Eucarísticas del Padre Celestial. Y hoy es el centro de las miradas porque canta a ritmo de rap apartes de la canción 'Demos el primer paso', que compite por convertirse en el himno oficial de la visita del santo padre a Colombia en septiembre próximo. La elección será en las próximas semanas.

En realidad, esta es una más de las canciones que participan en el concurso Cántale al Papa, organizado por la Conferencia Episcopal de Colombia con el apoyo del canal Cristovisión para ambientar la visita del sumo pontífice.

Es una creación colectiva en la que la hermana suma su voz a las de un grupo de laicos conocidos como Músicos Católicos Unidos de Colombia (MCU), que cantarán en el encuentro previo a la eucaristía que celebrará el papa Francisco en el parque Simón Bolívar el 7 de septiembre a las 4:30 de la tarde.

Pero la hermana María Valentina, de 28 años, recordada por su participación en el reality A otro nivel –de Caracol Televisión–, junto con las otras hermanas que integran su comunidad no pasan inadvertidas a donde quiera que van porque en su apostolado tienen como labor comunicar la palabra de Dios a través de los medios masivos de comunicación.

Y, por supuesto, no podían ser otras las elegidas para realizar el video musical de Demos el primer paso. Por eso se desplazaron desde Cali, sede de su comunidad, hasta Bogotá para grabar las imágenes de esta producción, con la cual esperan ganar el concurso.

En la plaza de Bolívar, una de las locaciones, ejecutaban con pericia su trabajo. Algunas manejaban las cámaras, otras estaban a cargo de la producción, asistencia de dirección, script, edición y, por supuesto, la difusión de lo que hacían en sus redes sociales. Este no es un trabajo desconocido ni difícil para ellas. Tienen una habilidad asombrosa en este oficio.

Bien lo enfatiza con suma humildad la hermana María Valeria, de 31 años: “Nadie da de lo que no tiene. Nuestro carisma consiste en comunicar ese amor que recibimos del Señor en la eucaristía a través de los medios”, dice.

Los mensajes que reciben de Dios en el silencio y en la profundidad de la oración diaria los comparten en medios digitales y en cuanto programa de radio y televisión las invitan. Y, dicen, aunque no ganen el concurso, la canción y el video que grabaron son su regalo al papa Francisco.

De ermitaña a comunicadora digital

Por esa combinación entre la oración y el arte de comunicar son conocidas como ‘contemplativas en acción’. Su misión y su particular estilo de vida hacen de esta comunidad, nacida hace 13 años en Bucaramanga, única en el mundo.

No improvisan en el oficio. La madre superiora y una de sus fundadoras, Gabriela del Amor Crucificado, de apenas 40 años, tiene una amplia experiencia en medios masivos de comunicación. Esta bumanguesa se dio a conocer internacionalmente a través del canal EWTN, donde conducía 'De corazón a corazón', una serie de 52 capítulos sobre la relación del hombre con Dios, hechos en un lenguaje sencillo y directo.

Auspiciadas por la madre Angélica, fundadora de este canal religioso, fue precisamente ella quien les donó los primeros equipos y las apoyó económicamente para desplegar su labor evangelizadora y así permitir que la serie se emitiera en Estados Unidos y todos los países de habla hispana.

A esta serie le siguieron otras producciones de buena factura hechas por estas hermanas, como Mendigo de amor I y II y Trazos al carbón, un cortometraje traducido al inglés y al portugués.

La comunidad de las Comunicadoras Eucarísticas del Padre Celestial nació a partir del llamado que sintió la madre Gabriela del Amor a evangelizar la palabra de Dios a través de los medios de comunicación.

Esto fue cuando ella integraba la comunidad de las Ermitañas Eucarísticas del Padre Celestial. Al poco tiempo, ella con su director espiritual, el padre belga Antonio Lootens, fundaron la comunidad. Su apostolado es claro: “Queremos comunicar nuestra propia experiencia con Dios y llegar a las almas a través del lenguaje digital, que es la tendencia”, dice la hermana María Valentina.

Es tan creciente la acogida de esta comunidad que, para conocerla más de cerca y, por qué no, pensar en formar parte de ella, viajan hasta Cali mujeres de distintas regiones de Colombia y de países como Guatemala, México y Venezuela.

En efecto, les gusta y se quedan. Entre las que han decidido “dejar la vida mundana” y vestir los hábitos se encuentran bachilleres, comunicadoras sociales, abogadas, psicólogas, ingenieras de sistemas, químicas e industriales, diseñadoras gráficas, de moda y productoras de cine y televisión.

La menor tiene 18 años y es aspirante; la mayor, 55 años y lleva 11 años en la comunidad. El primer contacto que tienen con la comunidad es por medio de un retiro espiritual de una semana o viviendo la experiencia de uno a tres meses; luego viene el aspirantado, el apostolado y el noviciado, y pueden pasar hasta 10 años para que den el sí de compromiso perpetuo.

Hábitos y tenis

Estas mujeres rompen estereotipos. No se denominan monjas ni religiosas, y, así mismo, no las rodea ese halo de solemnidad. Ellas insisten en que se las llame hermanas o consagradas y lo que menos quieren es que se las vea como monjitas aburridas, anquilosadas o distantes.

Son todo lo contrario: divertidas, bromistas, algunas con una habilidad única para reírse de sí mismas, y llenas de una inexplicable paz interior que resulta contagiosa. Y quieren, ante todo, ser testimonio de una Iglesia católica rejuvenecida y accesible.
Eso se reconoce en sus mismas historias personales, que invitan a la reflexión y a encontrarle sentido a la vida.

También están las que confiesan haber llegado a esta comunidad después de tener una vida estudiantil o profesional exitosa, pero con profundos vacíos existenciales. Otras estuvieron incluso a punto de casarse, e insisten en que, claramente, no ingresaron a la comunidad por una decepción amorosa.

Todo lo contrario, estuvieron enamoradas de hombres excepcionales, pero fue más fuerte el llamado “a convertirnos en esposas de Jesús”, agrega la hermana Fátima María del Niño Dios mientras muestra en su mano un anillo plateado que la ratifica en este compromiso.


Ella, que lleva cuatro años y medio en la comunidad, estudiaba comunicación audiovisual y estaba felizmente enamorada, incluso soñaba con casarse cuando sintió el llamado. ¿Qué pasó? “Sentía que algo me hacía falta”, recuerda esta caleña de 25 años, quien confiesa que antes de convertirse llevó una vida alocada entre los 12 y 17 años.

“No me gustaba nada que tuviera que ver con la Iglesia, no obstante tener una familia creyente. Iba a misa porque me obligaban o para que me dejaran rumbear el fin de semana. A los 12 años me sentí muy grande, empecé experimentar muchas cosas, fumé marihuana, me volaba de la casa y me echaron del colegio porque no estudiaba ni hacía tareas, pero sí llevaba trago y movía a mis compañeras a hacer cosas por el estilo”, recuerda, con pudor, esta consagrada próxima a asumir sus votos a perpetuidad.

Con sus hábitos de color blanco y azul celeste irradian un aspecto juvenil, y algunas de ellas revelan menos años de los que tienen.


Hacen votos de pobreza, castidad, obediencia y humildad, son vegetarianas, calzan zapatos deportivos que les regalan y, además de cultivar su espiritualidad, cuidan su bienestar físico.

Todos los días, en las mañanas, después de las oraciones habituales hacen ejercicio, pero también lavan, trapean y cocinan; claro, unas mejor que otras. Y se entregan con la misma humildad a las faenas domésticas y a su labor de comunicadoras celestiales.

Y ¿de qué viven? Literalmente, “de la Divina Providencia”, dice la hermana María Valeria. “Somos una programadora que surte de contenido a los canales católicos, pero estos no tienen presupuesto”, agrega María Valentina.

Por eso confiesan que además de vender sus canciones en plataformas digitales, cuentan con un plan padrino para quienes quieran hacer donaciones para su sostenimiento.

Insisten en que invertir en ellas es un buen negocio porque vale la pena seguirle apostando a que Dios salga en los medios de comunicación.
Por eso ellas, que son unas defensoras acérrimas de la misión del papa Francisco y están curtidas en el arte de sortear preguntas incisivas, van dos pasos adelante y antes de que les pidan su opinión sobre su visita pastoral a Colombia, recuerdan esta anécdota:

“Alguna vez, una periodista le preguntó al papa Juan Pablo II si no se sentía mal por los gastos que implicaban sus visitas apostólicas a distintos países. A lo que él contestó: ‘Y ¿tú tienes idea de cuánto vale un alma?’ ”

El apunte es de la hermana Fátima María. A lo que enseguida la secunda la hermana María Valentina con su chispa característica: “Salvar almas no tiene precio. Pero estoy segura de que lo del gasto de plata fue algo que nadie preguntó cuando Justin Bieber vino de concierto. Ahí sí nadie dijo nada”.

Flor Nadyne Millán M.
Redacción Revista Carrusel

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