Medio Ambiente

La ciencia alza la voz por la Tierra

Más de 500 marchas en el mundo a favor de la investigación conmemoran el Día de la Tierra.

Planeta Tierra

Una de las manifestaciones más significativas contra Trump fue la marcha de las mujeres en marzo pasado. Como candidato a la presidencia, dijo que el cambio climático es un invento de China.

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EL TIEMPO

22 de abril 2017 , 11:37 a.m.

Este sábado, cuando el planeta enfrenta una de sus peores crisis por el cambio climático, la tradicional celebración del Día de la Tierra se tiñe con un tono político.

Ese tono lo pondrá Marcha de la Ciencia, manifestaciones alrededor del mundo a favor de la investigación, en especial en relación con el cambio climático, una de las evidencias de la transformación ambiental global que está viviendo el planeta.

El activismo se roba la atención en esta fecha por los recientes hechos en Estados Unidos, la gran potencia económica y el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero, que desde enero de este año, con la llegada a la presidencia de Donald Trump, ha tomado decisiones para apoyar las fuentes de energías fósiles, recortar los presupuestos de las agencias científicas y, prácticamente, desaparecer de las autoridades ambientales los conceptos de ciencia climática y calentamiento global.

El escenario de amenaza pone en riesgo incluso al Acuerdo de París, el primer tratado global que acordaron 195 países en el 2015, para hacerle frente al aumento de la temperatura promedio de la Tierra.

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Pero no solo se trata de la temperatura; a propósito de la conmemoración, otras organizaciones no gubernamentales lanzaron esta semana alertas por otras problemáticas igual de críticas: el tráfico ilegal de especies, la urbanización desmedida, la contaminación de las fuentes hídricas y la vulnerabilidad de las poblaciones más pobres.

“Mientras enfrentamos las realidades del cambio climático (temperaturas impredecibles, especies en peligro y un aumento en el número de eventos meteorológicos severos), es más que esencial asegurar que nuestros niños estén preparados para ser ciudadanos con una alfabetización ambiental”, aseguró Dan Abrams, director de la red Earth Day, que está apoyando la Marcha de la Ciencia.

La resistencia a Trump

En el sector ambiental, una de las frases más recordadas del negacionismo al cambio climático proviene de Donald Trump. Él, como candidato a la presidencia de Estados Unidos, señaló que este fenómeno era un invento de China –el mayor emisor de gases efecto invernadero– para frenar el desarrollo industrial de la potencia estadounidense.

Sin embargo, desde que se posicionó como presidente, esta frase empezó a materializarse en medidas que escalaron desde prohibir que la Agencia de Protección del Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés) emitiera información a los medios de comunicación hasta nombrar a Scott Pruitt, un reconocido político en contra la ciencia climática, como el director de esa misma agencia.

(Además: Trump revoca políticas de Obama contra el cambio climático)

Precisamente, hace una semana Pruitt revivió el debate sobre su escepticismo ante la evidencia científica sobre calentamiento global al señalar, desde Washington, que su país debe retirarse del Acuerdo de París. La salida de Estados Unidos significa para algunos analistas un gran golpe al planeta, puesto que una de las grandes potencias no cumpliría con los acuerdos, lo que desanimaría a países como China e India a cumplir con sus propias tareas.

Actores ambientales y científicos están a la expectativa de que Estados Unidos, a finales de mayo –antes de la reunión del Grupo de los Siete (G7)–, defina si se mantendrá o no en el tratado. Este pacto acuerda como objetivo mantener la temperatura del planeta por debajo de los 2 grados centígrados y perseguir esfuerzos para que no exceda los 1,5 °C respecto a lo que medía antes de 1880, cuando empezó la industrialización de las sociedades.

Estados Unidos, bajo el liderazgo del expresidente Barack Obama, se comprometió en París a reducir sus emisiones de CO2 de 26 a 28 por ciento hacia 2025, en relación con los niveles que presentaba el país en el 2005.

(También: ¿Por qué es histórico el plan de Obama para el cambio climático?)

Con esta meta fijada, Obama dio a la EPA la autoridad para obligar a las fábricas eléctricas de carbón a reducir sus emisiones de dióxido de carbono, un elemento que mantiene la temperatura del planeta, pero que al exceder su concentración en la atmósfera es peligroso. Sin embargo, Trump tumbó la apuesta más arriesgada por renovar la matriz energética del país. El pasado 28 de marzo firmó un decreto con el que busca la independencia energética del país y crear empleos, particularmente en la deprimida industria del carbón.

Tal decisión, incluso, va en contra de las mismas tendencias del mercado. En un análisis del Instituto de Recursos Mundiales se destaca, por ejemplo, que durante el 2016, 800.000 estadounidenses fueron empleados en el sector de las energías renovables, mientras que las empresas del carbón solo les dieron trabajo a 160.000 personas.

A eso se le suma que, de manera sorpresiva, las grandes compañías de energía como ExxonMobil y ConocoPhilips han manifestado que Estados Unidos debe quedarse en el acuerdo y que, según recientes encuestas, siete de cada diez ciudadanos consideran que el país del norte no debe abandonar los esfuerzos por proteger al planeta.

La regulación de Trump también deja sin efecto la prohibición de arriendo de minas de carbón en tierras federales, deroga las reglas para reducir las emisiones de metano procedentes de la producción de crudo y gas, y disminuye la ponderación del cambio climático en la evaluación sobre las nuevas regulaciones de las agencias federales.

Las preocupaciones de los investigadores, que comenzaron a planear las manifestaciones de hoy desde enero, cuando asumió su cargo, también empeoraron cuando, en marzo de este año, Pruitt desafió el consenso científico mundial al estimar que las emisiones de CO2 no son un factor determinante del cambio climático.

Con esas afirmaciones desestimó el hecho de que, según la Organización Meteorológica Mundial, en el 2016 la humanidad batió un récord que no le representa ningún orgullo: la concentración de dióxido de carbono superó la meta de las 400 partes por millón, una cifra simbólica que la ciencia había creado para ponerles límite a las emisiones.

Al sobrepasar esta cifra, el sistema climático y meteorológico del planeta entra en tal desequilibrio que se agudizan fenómenos como el deshielo de los polos, el aumento del nivel del mar, el incremento de los eventos extremos de sequía y lluvia y los cambios en la acidificación del océano.

Las desafiantes declaraciones, el recorte presupuestal de 31 por ciento a la EPA y otras reducciones a la financiación del Instituto de Salud Pública detonaron el ambiente de confrontación entre la administración Trump y las comunidades científicas, que hoy salen a las calles a defender el valor de la investigación.

Algo de optimismo

No obstante una celebración tan política como la de este año, el Día de la Tierra también ha dado pie para que otros científicos encabecen manifestaciones más esperanzadoras sobre el estado del planeta.

Esta semana se llevaron a cabo una serie de acciones conocidas como la Cumbre del Optimismo sobre la Tierra (Earth Optimism Summits), que convoca a más de 253 científicos y líderes de 24 países en Washington (Estados Unidos) para compartir historias de éxito en la conservación de ecosistemas terrestres y marinos. Detrás de esa movilización está la reconocida bióloga marina Nancy Knowlton, quien comenzó hace un par de décadas una estrategia similar para hablar de la recuperación de los océanos.

En una columna publicada esta semana por la revista Nature en su portal web, Knowlton exaltó que “los científicos sociales han sabido por varias décadas que los problemas más críticos sin soluciones llevan a la apatía a la no-acción”, anotó.

Sobre esas acciones posibles para evitar una mayor degradación, la ciencia también sigue señalando su pertinencia. En la última edición de Nature Communications, una investigación del Instituto Internacional de Análisis Aplicado de Sistemas fue enfática en que no solo se debe frenar el uso de energías fósiles en los próximos 15 años, sino que reducir el mal manejo de la tierra y frenar la deforestación son también urgentes acciones para darle respiro al planeta. Las acciones son posibles, según el instituto de investigación, a pesar del reto de generar cambios tan rápidos en la economía global.

Marchas por la ciencia en Colombia

Tres de las más de 500 marchas a favor de la ciencia que se van a realizar en el mundo tendrán lugar este sábado en Bogotá, Medellín y Bucaramanga.

En la capital, la iniciativa la lidera el Grupo de Ciencias Planetarias y Astrobiología de la Universidad Nacional.


(Vea también: El clima nos cambió para siempre)

La marcha partirá a las 11 de la mañana de la plaza Che de la universidad, avanzará por la calle 45 hasta la carrera séptima y se dirigirá hacia la plaza de Bolívar.

En Medellín, la concentración será en el parque de los Deseos (2 p. m.) y en Bucaramanga partirá desde la Universidad Industrial de Santander hacia la plaza cívica Luis Carlos galán (11 a. m.).

Redacción Medio Ambiente*
* Con información de Efe y AFP

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