Medio Ambiente

Travesía para proteger el hábitat del jaguar

La organización internacional Panthera inició un viaje por Latinoamérica que durará cuatro años.

Jaguar

La travesía va desde México hasta Argentina, para conocer el estado de conservación y las amenazas que aquejan el hábitat del felino más grande de América.

Foto:

Cortesía Panthera

01 de septiembre 2017 , 09:41 p.m.

En un intento por llamar la atención sobre la condición en la que se encuentran los jaguares, Alan Rabinowitz y Howard Quigley, directivos de la organización internacional Panthera, iniciaron una travesía que durará cuatro años, por seis millones de kilómetros cuadrados, desde México hasta Argentina, para conocer el estado de conservación y las amenazas que aquejan el hábitat del felino más grande de América y el tercero del mundo. 

De acuerdo con una investigación realizada por el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México, el continente americano alberga cerca de 64.000 jaguares, pero solo la población que habita en la Amazonia se encuentra estable, aunque no segura. El felino ha perdido el 50 por ciento de su distribución original.

El año pasado, según cifras del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), esa zona del país perdió 70.074 hectáreas de bosque, el 39 por ciento de toda la superficie deforestada en 2016, cuando se arrasaron 178.597 hectáreas; entre muchas razones, por la expansión de la frontera agrícola, la siembra de cultivos ilícitos, la extracción ilegal de minerales y madera, así como por la puesta en marcha de megaobras.

EL TIEMPO habló con Rabinowitz a su paso por Colombia sobre las condiciones en las que se encuentra esta especie, catalogada en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como casi amenazada, y sobre las alianzas que quiere hacer entre entidades del Gobierno e instituciones ambientales para promover la creación de nuevas áreas protegidas y la tolerancia de las comunidades locales con el felino.

Hasta el momento, la aventura lo ha llevado por México y Colombia. Durante los próximos años visitará Brasil, Nicaragua, Belice, Guatemala, Honduras, Panamá y Argentina, países que forman parte del llamado Corredor del Jaguar.

¿Qué lugares visitó en Colombia y en qué estado encontró el hábitat del jaguar?

He estado por Medellín, Apartadó, Bocas del Atrato, la ciénaga de Matungo, Turbo, Acandí, Capurganá, Sapzurro, cabo Tiburón, Cartagena, Santa Rosa del Sur y La Miel (Panamá).

La idea de hacer la expedición Jaguar y recorrer los países más importantes para la conservación de la especie es ilustrar y recalcar la importancia de este animal para los ecosistemas, las economías y las culturas a lo largo de su rango de distribución. Recorreremos los paisajes silvestres de América Latina en una carrera contra el tiempo para impulsar a los gobiernos, empresas y comunidades a tomar medidas decisivas para salvar al jaguar y la increíble diversidad de plantas y animales asociados a estas zonas.

La pérdida y la fragmentación del hábitat causadas por prácticas productivas insostenibles, como los monocultivos y los avances de la ganadería extensiva, son unas de las mayores amenazas que enfrentan los jaguares, junto con la cacería, como una forma de evitar la depredación del ganado. Con esta iniciativa se busca conectar y proteger el mosaico de paisajes dominados por humanos, desde México hasta Argentina.

La serranía de San Lucas, entre Antioquia y Bolívar, es un lugar estratégico del corredor. ¿En qué estado de conservación se encuentra?

Así es. San Lucas constituye el parche de bosques más importante dentro del Corredor Jaguar, ya que son los únicos que conectan a Centro y Suramérica; por lo tanto, su conservación es esencial para mantener la conectividad biológica a nivel continental. Los bosques de San Lucas y las ciénagas asociadas son de gran importancia para amortiguar los efectos del cambio climático, tales como los inviernos intensos y los veranos prolongados.

Alan Rabinowitz y Howard Quigley

Alan Rabinowitz y Howard Quigley, miembros de la organización Panthera, iniciaron una travesía por el Corredor del Jaguar.

Foto:

Panthera

Usted lleva varios años hablando sobre la necesidad de crear un parque natural en San Lucas, ¿vino a insistir en el esto?

Claro que sí. La creación de un parque nacional natural en San Lucas constituiría un paso certero para la conservación del jaguar y para mejorar la trayectoria de gestión ambiental del país frente a los múltiples compromisos y protocolos ambientales de orden nacional e internacional.

Si San Lucas no es protegido inmediatamente, la permanencia de bosques, agua y animales será arrasada como consecuencia de los usos inadecuados del suelo. Es necesario contar con un ordenamiento territorial de orden nacional donde se priorice la conservación de las áreas que proveen servicios ecosistémicos a las comunidades locales, regionales e, incluso, nacionales, creando instrumentos jurídicos que permitan frenar la deforestación y la expansión de la frontera agrícola, la cacería y demás actividades insostenibles.

¿Cómo afecta el cambio climático el comportamiento de los jaguares?

El cambio climático puede cambiar la cantidad de presas que hay en determinado ecosistema y puede crear abundancia de enfermedades. Sin duda habrá más conflicto entre humanos y jaguares frente al cambio climático y sus causas. En los frentes de deforestación, por ejemplo, es donde los jaguares empiezan a atacar el ganado tras perder sus presas naturales. En respuesta, los colonos los matan. En el futuro es de esperarse una mayor intensidad de fenómenos climáticos como aludes, inundaciones y sequias, lo que podría ocasionar la migración de ciertas poblaciones y crear nuevas áreas colonizadas de forma desordenada.

La gran oportunidad es el ecoturismo con un enfoque animal. Al visitante le gustan los paisajes, pero lo valora más si tiene animales para contemplar

¿Cree que el posconflicto será un buen escenario para los jaguares o la nueva posibilidad de acceder a estos territorios podría afectar sus hábitats?

El doctor Esteban Payán, director de Panthera Colombia y quien conoce más de cerca la situación, cree que Colombia tiene un potencial excepcional para unificar la paz con la biodiversidad. Considera que a medida que los territorios antes desocupados se empiecen a ocupar con diversas prácticas, hay oportunidades importantes para orientar el desarrollo hacia la conservación y el ecoturismo. De esta forma, con la avalancha de colonización, el Gobierno debe reforzar la implementación de los planes de zonificación y ordenamiento. Ahí está la clave.

La gran oportunidad es el ecoturismo con un enfoque animal. Al visitante le gustan los paisajes, pero lo valora más si tiene animales para contemplar. El turismo del Pantanal en Brasil es un ejemplo claro de cómo el turismo de avistamiento de jaguares ha hecho florecer la región, y en millones de dólares para la zona también. Un jaguar vivo vale mucho más que uno muerto.

¿Cómo podrían vincularse los exguerrilleros a los proyectos de Panthera?

Panthera trabaja con comunidades locales y ha estado gestionando con el Gobierno Nacional un proyecto para capacitar a excombatientes en lo relacionado con la conservación de la biodiversidad para así facilitar sus procesos de reincorporación a la sociedad civil, mientras colaboran con las metas de conservación del país.
Los excombatientes de diversos grupos armados tienen un gran conocimiento de los bosques y los ecosistemas de Colombia; no solo saben vivir en el monte sino, sino que muchos quieren seguir en zonas rurales y cerca de sus regiones de origen. Por ahora esto está en conversaciones…

¿Cuáles son los planes futuros en Colombia? Supongo que necesitamos más áreas protegidas para conectar bosques.

Así es. Uno de los principales retos es la declaratoria y el buen manejo de nuevas áreas protegidas en Colombia, en especial San Lucas. Dentro del corredor también hay que tener un área protegida en la serranía de Perijá y en algunas zonas de la Orinoquia. Sumado a esto hay un gran reto en formar a las autoridades ambientales para manejar el conflicto entre humanos y felinos, y así evitar la cacería retaliativa.

Panthera lleva varios años trabajando con las CAR y PNN en la conformación del Grupo de Respuesta al Conflicto con Felinos (Greco), con el cual se espera ayudar a las poblaciones locales cuando haya problemas de depredación. Los más participativos han sido la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) y Corpoboyacá. Es triste ver la poca respuesta de las CAR a un sistema de entrenamiento que soluciona uno de sus dolores de cabeza.

TATIANA PARDO IBARRA
Redacción Vida / Ambiente

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