Medio Ambiente

Cinco perros que salvaron sus vidas gracias a la adopción

Adoptar es una opción llena de satisfacciones, como  muestran estas historias de nuestros lectores.

La historia de mi mascota

Casos de adopción

Foto:

Fotocomposición EL TIEMPO

04 de abril 2018 , 09:15 a.m.

¿Cuántos perros y gatos hay abandonados en Bogotá? No es fácil saberlo, porque no hay un censo. Pero cifras de la Secretaría de Salud estimaban que, a 2016, la población de perros en la calle superaba los 90.000. Es decir, el 10% de la población canina de la ciudad, que ronda los 903.573 ejemplares.

La cifra es significativa y, lo más preocupante,  viene en crecimiento. Por eso, el llamado de las autoridades es a adoptar en lugar de comprar. Y hacerlo es cada vez más fácil. En el Centro de Zoonosis o a través de fundaciones en internet, se puede dar una mano para bajar las cifras de abandono. Para la muestra, estas cinco historias exitosas de adopción que presentamos hoy en 'La historia de mi mascota'. Y si luego de leer se anima a la adopción, siga estos consejos 

El amigo que llegó para aliviar un duelo
Nerón, para la historia de mi mascota

Nerón

Foto:

Cortesía Claudia Altimora

Por Claudia Altimora

Yo vivía con mi papá y mi hijo de 8 años. Y hace poco mi padre falleció. Fue una pérdida muy dura para ambos Y por eso decidí, 8 días después, irme al Neusa, con el ánimo de estar sola y aliviar en algo mi dolor. Allí, en el Jardín de la Virgen, que queda antes de llegar al embalse, le suplique a mi papá que me dejara saber que siempre estaría a mi lado.

Quiso el destino que, en un negocio cercano al embalse, hubiera una gran cantidad de perros rodeando a dos cachorritos. Me acerqué para coger a uno de ellos, y de manera providencial, todos los perros se alejaron como abriendo camino. “¿Por qué no se lo lleva? Acá vienen turistas y los dejan botados”, me dijo una voz de mujer que salía de la tienda. "¿Por qué no los cogen ustedes?", contesté  y la respuesta me dejó sin palabras: “Porque ya tengo tres, y todos llegaron porque las personas los abandonan". Y aunque ese día dudé y no me lo llevé, no puede olvidar ese  primer contacto con Nerón.

A partir de ese momento  no pude estar tranquila. Algo me decía que ese perro me lo estaba enviando mi papá, que no había sido casualidad. Por eso, no aguanté y me devolví. Al llegar, supe que el cachorrito ya estaba en manos de un celador del lugar. Pero no me rendí y el vigilante aceptó entregármelo. De regreso a Bogotá, no pude evitar llorar. Pensaba en que, una semana antes, tenía a mi papá enfermo en brazos y ahora estaba Nerón conmigo.

“Es un regalo de don ‘Papi’”, dijo mi hijo aludiendo al apodo que le tenía a su abuelo. Y yo lo recibí con la certeza que mi papá cumplió su promesa de estar siempre a mi lado. Hoy Nerón tiene cuatro meses y vive feliz con nosotros dos.

Moisés, el perrito perrito salvado de las aguas
Moises para La historia de mi mascota

Moisés

Foto:

Cortesía Jeffrey Fuentes

Por Jeffrey Fuentes

Vivo en Piedecuesta, Santander y hace cuatro años llegó a mi vida Moisés. Un perrito blanco, de raza criolla. Su mamá, que vivía en una finca, lo tuvo a él y sus ocho hermanos en un solo parto. Y los dueños a ver la cantidad de cachorritos, tomaron una decisión muy cruel: arrojarlos al río ante la imposibilidad de mantenerlos.

Por fortuna, se corrió la voz de lo que estas personas estaban haciendo. Y fue mi mamá quien de inmediato acudió al lugar para rescatar a los perritos. Infortunadamente, sólo pudo salvar a cuatro.

Los otros cinco ya habían sido arrojados al agua. Pero los sobrevivientes se pudieron salvar. Mi madre los llevó a vacunar y a que les trataran posibles enfermedades. Hoy, tres de ellos están felices con familias que decidieron adoptarlos y yo me quedé con uno: le pusimos Moisés, porque fue rescatado de las aguas como el personaje bíblico.

Hoy, Moises es muy privilegiado. Mi mamá y yo lo consentimos mucho. Come muy bien y tiene permiso de dormir en las camas que quiera. Es un perrito que nos da mucho amor y nos agradece haberlo salvado de ser arrojado a un río.

Una segunda oportunidad para Malú
Malú, para la historia de mi mascota

Malú

Foto:

Cortesía Wilson López

Por Wilson López

Malú estaba casi muerta cuando la encontramos. Fue hace casi tres años en el barrio Suba Rincón (norte de Bogotá). Ese día, mientras llevaba a su casa de mi novia, que hoy es mi esposa, vi un bulto que se movía en medio de una calle donde pasaban buses y camiones.

Me acerque y me di cuenta que era una perrita muy viejita. Me impactó ver que no podía caminar, sino que se arrastraba y dejaba un rastro de sangre a su paso. De inmediato, la subimos al carro y nos fuimos para una veterinaria.

Después de un largo camino, llegamos a una clínica 24 horas en el barrio Santa Isabel, al otro lado de la ciudad. Allí la recibieron y empezó esta historia de vida. Malú tenia displasia de cadera debido a un atropellamiento, una infección severa en sus órganos reproductores, sus colmillos habían habían sido cortados por la mano humana y no tenia dientes delanteros. Pero luego de 3 cirugías, muchos antibióticos y 10 días hospitalizada, ¡sobrevivió!

Su vida no había sido fácil. El médico veterinario nos dijo que era usada para explotarla. ¿Cómo? Haciéndola tener tener muchas crías para luego venderlas. Pero luego había sido dejada a su suerte, debido a su edad y a sus enfermedades.

Los médicos me dijeron que era un milagro que siguiera viva. Hoy, Malú hace parte de esta ‘familia perruna’ y es feliz junto con los otros 3 perritos rescatados con los que convivimos. Es una valiente.

Lupe y Lex, una pareja nacida gracias a la adopción
Lupe y Lex para la historia de mi mascota

Lupe, Karen y Lex

Foto:

Cortesía Karen Andrade

Por Karen Andrade

Lupe es una criollita de tres años, negra y con una mancha blanca en el pecho. Llegó a nuestro hogar a través de la adopción. Cuando la tomamos, junto a mi novio Nicolás Suárez, estaba muy delgada y no sabíamos cuánto tiempo había pasado en la calle. Quizá toda su vida. Es una perrita muy dulce, protectora  y su proceso de adaptación fue muy sencillo. Tiene una personalidad muy linda y nos da muchos besos.

Cuando mi novio y yo decidimos vivir juntos, nos llevamos a Lupe. Queríamos que tuviera un compañero para evitar que pasara mucho tiempo sola, debido a que ambos trabajamos. Luego de buscar por muchas páginas de adopciones, encontramos a un bello husky siberiano y Nicolás de enamoró de el.

Concertamos la cita para que la nueva pareja de perritos se conociera, pero ese día Lupe no quiso nada con Lex. Sin embargo, decidimos llevarlo a casa. Lex estaba en muy malas condiciones. Tenía problemas intestinales, estaba muy delgado y no sabíamos tampoco cuanto tiempo había estado en la calle. Pero no solo eso. A diferencia de Lupe, Lex no se adaptó tan fácil. Los primeros meses fueron muy difíciles porque el perro se comía todo lo que veía a su paso y hacía miles de destrozos en la casa.

Además, es inteligente. Sabe abrir los cajones, las gavetas de la cocina y la nevera. Y muy activo. Tanto, que un día se nos perdió y aunque por fortuna lo recuperamos, ya le da temor irse lejos de casa. Pero hoy, con mucho amor y paciencia, su personalidad cambió completamente. Su relación con Lupe es increíble, ella lo protege de todo y él la adora.

Suara y un largo tratamiento para curar sus traumas
Suara, para la historia de mi mascota

Suara

Foto:

Ginna Alexandra Guzmán

Por Ginna Alexandra Guzmán

A Suara y a su hermanita las botaron a la calle cuando estaban recién nacidas. Cuando las encontraron, estaban dentro de una bolsa y todavía tenían el cordón umbilical. A los dos meses, fue adoptada por una persona que las maltrató todavía más. Por fortuna una patrulla de rescate animal la encontró y la salvó. Estaba desnutrida y sus orejas estaban pegadas una con la otra con silicona.

Así llegó a nuestra casa. La conocimos en un hogar de paso y decidimos adoptarla. Al principio era un manojo de traumas y de miedos. Le temía a todas las personas y no confiaba en nadie. Al fin y al cabo, los humanos habían sido su desgracia. De hecho, a los 11 meses, se le despertó la agresividad. Atacaba a todos, niños, perros, personas, incluso a nosotros.

Por fortuna, en medio de la impotencia, encontramos a una etóloga llamada Carolina Alaguna, quien llegó como un ángel caído del cielo y nos ayudo a moderar el comportamiento de nuestra perrita. Hoy, ya con tres años, Suara es muchísimo más equilibrada. Obviamente, hay cosas que no se superan pero ya es más sociable y feliz.

Creemos que Suara llegó para enseñarnos lo que significan el amor,  la paciencia y la tolerancia. Todos los perritos llegan a nuestra vida a enseñarnos algo.

Quiere que su mascota aparezca en EL TIEMPO? Escríbanos a mascotaseltiempo@gmail.com Todas las historias son valiosas para este espacio.

Gracias a Claudia Altimora, Jeffrey Fuentes, Wilson López, Karen Andrade y Ginna Alexandra Guzmán por contarnos hoy sus historias.

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