Medio Ambiente

Delfines de río, la otra cara del Putumayo

Expedición científica, liderada por las ONG Omacha y WWF, recorrerá en los próximos 10 días el río.

Río Putumayo

Delfín rosado, amenazado por la minería ilegal.

Foto:

Fernando Trujillo / Fundación Omacha

11 de abril 2017 , 12:28 p.m.

A dos horas de la tragedia por el desbordamiento de tres ríos en Mocoa, Putumayo, en Puerto Asís, embarcarse por las aguas de este departamento tiene un significado completamente diferente. No hay miedo y sí mucha expectativa.

Lejos del dolor que causó la avenida torrencial, un equipo de expedicionarios se alista para recorrer el río Putumayo, para conocer y luego relatar la faceta biodiversa de este departamento, hoy afligido por la falta de conservación de su riqueza natural. Van tras las huellas de dos animales a los que se da nombres distintos a lado y lado del río: bufeo, tonina, tucuxi o delfín.

Son rosados o grises. Corpulentos o ágiles. Saltarines o nadadores entre árboles. Las dos especies de delfines viven en el río y son los dos grandes predadores de las aguas de la cuenca amazónica. Los investigadores se preparan para saber cuántos y en dónde habitan en el río Putumayo, que se despliega entre Colombia, Brasil, Perú y Ecuador, y que del lado colombiano no fue del todo investigado por las limitantes del histórico conflicto armado.
(Además: Bosques y peces, los más afectados por delitos ambientales en Putumayo)

“Estas expediciones se convirtieron en una oportunidad de conocer cómo están los ríos. Investigar al delfín ha sido una doble vía para entender qué pasa con la deforestación, la concentración de mercurio, las hidroeléctricas, la sobrepesca. Los delfines nos permiten monitorear eso. Son los embajadores de la cuenca”, comenta Fernando Trujillo durante el primer zarpe en Puerto Asís, Putumayo, en la primera semana de abril.

Además de este experto en delfines de río en la región y director de la Fundación
Omacha, van biólogos de los otros cuatro países de la zona. Su meta es alcanzar los 2.000 kilómetros entre esa población de Putumayo y unos poblados en Brasil, cuando el río pasa a llamarse Iça. Sus ojos están fijos en las aguas para identificar dos de las siete especies de delfines de río que habitan el mundo, y que nadan desde los 240 metros de altitud hasta los 60, bajando por las aguas cafés del afluente. Se trata de Sotalia fluviatilis e Inia geoffrensis, o como son más conocidos: el delfín gris y el rosado, respectivamente.

En la embarcación Anaconda, un barco de tres pisos aportado por Corpoamazonia, recorrerán este río que nace en el macizo de los Andes y alcanza la selva amazónica brasileña. Es la primera gran expedición por el Putumayo, pero la número 26 que desde hace 11 años ha hecho la Fundación Omacha y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), con aliados, por la cuenca amazónica.

Empieza el viaje

A la altura de Puerto Asís, el paisaje de la cuenca alta del río pone en evidencia los peligros que se ciernen de lado y lado del Putumayo: la deforestación y la ganadería le van restando árboles frondosos a las márgenes. Mientras el barco desciende sobre las aguas, alcaravanes vuelan en grupo hacia la copa de un árbol de pomas, que sobresale por sus formas redondas y su color verde claro.

Metros más adelante se ve una serie de más de 20 árboles de capirona, que usan los indígenas para hacer leña. Platanillos, palmas de chontaduro y flores de heliconias, también se observan al paso lento del barco Anaconda, que no excede los 14 kilómetros por hora.

Tras cuatro horas, durante el primer día de la expedición, cerca del caño Guembí, el capitán dice en voz alta que ya del lado derecho es tierra ecuatoriana. Las fronteras están solo en el papel.

Cámara de fotografía en mano, Fernando Trujillo es el primero en advertir que los delfines acompañan la expedición. Tres toninas rosadas nadan en diagonal hacia la embarcación. “¡Empezamos!”, grita.

Para observar a los delfines se dividen en dos grupos: uno a la proa y otro a la popa. Cada uno conformado por un anotador, que lleva el registro de los datos del trayecto, la distancia del río, el animal que fue observado, los datos de longitud y latitud, y hasta el ángulo donde encontraron al delfín. Dos observadores se hacen a lado y lado del anotador. Una persona adicional anuncia, con un distanciador en mano, el cálculo entre el borde del río y el barco. Estos datos luego serán digitalizados para que un software los administre.

Los observadores tienen que identificar con cuidado los bordes del río. En las zonas donde se ven casas y ganado, se les nombra como tierras firmes antropizadas: hay cortes de tierras rojizas, se marcan como barrancos; la vegetación se desborda naturalmente sobre las aguas, se le llama tierra firme; y si hay bancos de arena que dejan entrever las aguas cuando bajan, se les nombra playa. Esto es clave para saber cuáles son los lugares predilectos de los delfines. También tienen que describir los vientos, la visibilidad y el brillo de las aguas.

Hacia las 10:40 de la mañana inicia el primer esfuerzo de observación como los biólogos llaman a cada jornada. Cada hora, rotan los equipos que están adelante y atrás del barco. En las aguas anchas, que hacia un borde puede tener hasta 300 m de longitud, ¿cómo es posible identificar la presencia de un delfín?

Primero, se deben localizar los lugares donde posiblemente está, como los meandros, esas curvas pronunciadas del río que desde el cielo le dan forma de serpiente. Luego, hay que aprender a leer sus huellas sobre el agua: suelen ser más largas y pronunciadas que las de los peces que son varias burbujitas pequeñas o las de las tortugas que generan una onda circular definida en la superficie.

Mariana Paschoalini Frías, investigadora en tercer año de doctorado de la Universidad Federal de Juiz de Fora, también integrante de la ONG de Aqualie, tiene la responsabilidad de anotar los primeros datos.

Paschoalini está revisando –como parte de su investigación de doctorado– una base de datos del 2006 a la actualidad, que construyó Omacha sobre la abundancia y densidad de delfines de río en Suramérica.


“El continente aún no tiene una cifra total de cuántos delfines posee, porque es una especie que tiene una distribución por siete países. Se han recorrido 26.000 km, de los siete millones que se estiman para esta red hídrica”, anota.

Por ahora, dice, se puede estimar que la Amazonia central en Brasil es una de las zonas que más concentra poblaciones de delfines, porque es un área que recibe las aguas de la Orinoquia y la parte alta del río Amazonas, lo que le permite tener una productividad muy alta, muchos sedimentos y una gran variedad de plantas y peces.
Saber el número de delfines parecería una tarea científica o de simple interés académico, pero los delfines son predadores topes (están en los primeros puestos de la cadena alimenticia) y su presencia permite saber cuáles son las áreas que se deben conservar y cuáles no.

“Se pueden proponer medidas de conservación para cada área y dirigir esfuerzos en los lugares indicados. Hay medidas locales, pero como es una especie que recorre largos trayectos entonces necesita que haya información de todos los países”, asegura.

En eso coincide Enrique Crespo, reconocido investigador de cetáceos de Argentina y director del grupo de especialistas en cetáceos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. “El objetivo es la estimación de delfines de río, pero está detrás una tarea de todo el ecosistema, que está en riesgo. Los problemas son de tal magnitud con la pesca, la extracción del oro y las hidroeléctricas, que es necesario encararlos desde la mirada de diferentes países”, anota.

Río Putumayo

Atardecer en el Putumayo con un paisaje espectacular.

Foto:

Hector Fabio Zamora / EL TIEMPO

Muy vulnerables

Tras cuatro horas, se han observado cuatro delfines. “Es un indicador de que hay peces, cuando ellos no están se evidencia posible sobrepesca”, comenta Trujillo.
La expedición también va en búsqueda de amenazas como la minería de oro, la deforestación y la pesca desorganizada. Paschoalini anota: “Los niveles de mercurio hallados en los delfines exceden los niveles de concentración permitidos por la Organización Mundial de la Salud”.

De camino a Puerto Ospina, Putumayo, han pasado embarcaciones de pescadores. Hace unos años, los delfines, por su carne con altos contenidos de grasa, eran los más apetecidos para pescar al pez mota. Muchos murieron mutilados para llenar las barcas de los pescadores ilegales. “En Asia están por desaparecer, en América Latina tenemos que entender que eso puede suceder en el Amazonas. Hay 34 millones de personas que viven en la región”, apunta Trujillo.

El destino de toda la cuenca pone en vilo a estos mamíferos. Se estima que cerca de 22 hidroeléctricas fragmentarán su hábitat. En el río Tocantis en Brasil, ya se determinó que una represa separó a dos comunidades y se planea construir otras seis más en el mismo río. “Después de separadas, no se reconocen entre sí –anota la brasileña–, y tampoco se reproducen. Al copular entre una sola comunidad se generan malformaciones y enfermedades”.

Al final de la primera observación - luego de un impase con la
embarcación de más de 5 horas y una tormenta que dejó al cielo de gris
oscuro- el atardecer es rosado.

Las ceibas amazónicas se destacan por sus 30 metros de altura sobre las orillas y su copa parece abrazar el final del día con el viento. La bruma tiñe el fondo de la selva, mientras en la vegetación más cercana despunta las últimas tonalidades de verde oscuro. Solo se escucha el sonido de los insectos y el oleaje del agua, luego de que los motores de las lanchas se apagan.

La bruma vuelve en la mañana. Se expande por las copas de los árboles movida por el viento. Una hora después, a las 7 de la mañana, el sol marca el firmamento que hace pocos minutos era gris. El Putumayo es un río que a medida de que va descendiendo, se ensancha, y la vegetación emerge como islas frondosas, con especies de más de 15 m.

Pasan las primeras horas de observación y la embarcación llega a jurisdicción de Perú. El puesto de infantería de Gueppi se ve al lado izquierdo de la frontera. Cedric Gilman, de origen belga, reside hace varios años en Iquitos, donde creó la fundación Solinia, a favor de la conservación de los delfines de río.


Gillman hace la observación de delfines junto con Michel Vela, bióloga ecuatoriana que trabaja con la fundación Ecuador Mundo Ecológico. Por el radio, Michel y Cedric se comunican con Federico Mosquera, investigador de Omacha, anotador en la proa del barco. Esa misma tarea también se quiere hacer en Arauca, de donde es Kelly Valencia, bióloga de la ONG Neotropical Cuencas, quien también observará los delfines del Putumayo.

Al preguntarle por la expedición, Mosquera no duda en responder que lo que está ocurriendo en este presente es un viaje en el tiempo, un viaje al nacimiento (hace 10 millones de años) del mar epicontinental, que luego se drenaría para dar paso a la formación de la cadena de los Andes y de la Amazonia.

“El delfín rosado –anota– quedó atrapado en ese mar y lleva 2.000 años de adaptación a las aguas dulces. Su nariz ha cambiado. De tenerla en frente del rostro, empezó a trasladársela, durante decenios, hasta arriba de la cabeza como los cetáceos”.

También ha adaptado sus dientes para consumir las distintas texturas y especies de peces. Y sus vértebras cervicales se acomodaron de tal manera que puede rotar su cabeza para atrapar, entre las raíces de los árboles, las presas.

“Aquí –dice– vemos la evolución aún viva. Se ve la historia de la Tierra en una especie, en este delfín”.

LAURA BETANCUR ALARCÓN
​Periodista de EL TIEMPO

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA