Medio Ambiente

‘Disminuir la deforestación, la meta que me faltó por cumplir’: Santos

El mandatario de Colombia habla sobre los retos ambientales que le esperan al próximo gobierno.

'Disminuir la deforestación, la meta que me faltó por cumplir': Santos'Disminuir la deforestación, la meta que me faltó por cumplir': Santos
Juan Manuel Santos

Foto: Claudia Rubio

26 de marzo 2018 , 12:13 p.m.

Tras más de medio siglo de confrontación armada y casi cinco años de negociaciones, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos firmó a finales del 2016 un acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), la guerrilla más grande y antigua del continente.

Con este nuevo capítulo no solo se abre un abanico de oportunidades para la investigación científica o el turismo de naturaleza, sino un cerrojo que mantuvo inaccesibles muchas áreas del país, algunas apetecidas por multinacionales y altamente biodiversas.

El control territorial por parte de grupos armados ilegales impidió la presencia efectiva del Estado en varias zonas, lo que dio rienda suelta a economías como la coca, la minería ilegal, el tráfico de especies maderables o animales silvestres. La guerra fue determinante desde cualquier punto de vista, especialmente en las formas de entender, ocupar y usar el territorio.

Según cálculos del Departamento Nacional de Planeación (DNP), en un escenario optimista, por cada año de paz el país ahorrará 7,1 billones de pesos (2,4 mil millones de dólares) en costos evitados de degradación ambiental asociada al conflicto.

Y es que, por ejemplo, se estima que entre 1985 y 2016 los atentados contra la infraestructura petrolera en el contexto de la guerra causaron el derrame de 4,1 millones de barriles de crudo en suelos y ríos, lo que equivale a 16 veces el accidente de Exxon Valdez en Alaska. También, calcula el gobierno, entre 1994 y 2014, más de 1’750.000 hectáreas fueron fumigadas con glifosato.

EL TIEMPO habló con Santos, ad portas de terminar su segundo gobierno, sobre los retos ambientales que le quedan al próximo mandatario de Colombia. En el salón dorado de la Casa de Nariño, en una fría noche bogotana, Santos recuerda que recibió un país con 13,7 millones de hectáreas protegidas pero que entregará uno con 30 millones, con 37 páramos delimitados (van 30), con 10 humedales Ramsar (van 9) y 610.000 hectáreas restauradas de ecosistemas degradados (van 590.000).

También habla de su pupilo favorito, las expediciones Colombia Bio, un proyecto en alianza con Colciencias que pretende promover el conocimiento y el valor de la biodiversidad. A la fecha se han realizado 11 expediciones (cuatro marinas y siete continentales en zonas de posconflicto), que han arrojado 93 posibles nuevas especies para la ciencia, 131 endémicas y cuatro redescubiertas.

El próximo presidente, además, recibe un país con cerca de 179.000 hectáreas de bosque natural deforestadas, casi 1’500.000 hectáreas de ecosistemas degradados, todos los municipios vulnerables al cambio climático y un centenar de retos.

Páramo de Chingaza.

Páramo de Chingaza.

Foto:

Antonio Castañeda

La deforestación es un fenómeno que se está dando de manera acelerada e intensa. ¿Usted cree que el Estado ha hecho la suficiente presencia en zonas antes ocupadas por las Farc?

Está comenzando a tener esa presencia. Eso no se da de manera espontánea, requiere de una logística y ya hay un plan específico para ir ocupando esas zonas y, sobre todo, para ir impidiendo la deforestación, que tiene diferentes orígenes: gente que quiere apropiarse de las tierras y las deforesta, pero esa especulación no será titulada; y por otro lado, la sustitución de cultivos ilícitos que ha generado un efecto perverso de incentivar en algunas zonas la siembra de coca. Ahí también estamos actuando.

Tenemos que tener mayor vigilancia y control. Los fiscales, que antes no estaban presentes ya están empezando a estar ahí. Esperamos que el resultado neto entre lo que estamos reforestando y lo que se está deforestando comience a hacer positivo y no negativo.

¿Pero es una proyección hacia cuándo?

Para ya. Ahorita mismo hay un plan para combatir la deforestación. El ministerio de Ambiente lo presentó y todas las entidades que tienen que ver, de una u otra manera con este fenómeno, como el Ideam o las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR), se tendrán que articular. Además ya definimos la frontera agrícola, que es parte de los acuerdos y es una añoranza que teníamos los colombianos. Esa frontera agrícola nos permite comenzar a tener unas políticas específicas, focalizadas en esas zonas que serán un colchón de protección.

Laguna El Silencio

La laguna El Silencio, en el PNN La Macarena. Meta.

Foto:

Antonio Castañeda

¿Quiénes están deforestando masivamente esas zonas?

Hay unas mafias de tierras que se están generando y eso es exactamente lo que estamos persiguiendo. Efectivamente hay unas organizaciones que están dedicadas a deforestar.

¿Pero quiénes son? La gente habla de guerrilleros que no se desmovilizaron...

Es posible que existan parte de las disidencias, y es posible que tengan vínculos con narcotraficantes. Son mafias, son criminales. Las disidencias en este momento son criminales y así es como los estamos atacando. Por eso estamos siendo cada vez más efectivos en combatir un problema que antes no teníamos en el radar porque estábamos en plena guerra.

¿Usted cree que el conflicto terminó salvaguardando algunos ecosistemas del país?

Hay tanto de largo como de ancho. Es posible que la guerra haya impedido que la gente entrara a ciertos sitios y por eso se puede aducir que la guerra fue conveniente para el medio ambiente pero, por otro lado, los daños ambientales de la guerra son enormes. No creo que la guerra tenga un efecto benéfico, más bien el efecto neto es muy negativo. Por eso, creo que una de las reconciliaciones que tenemos que hacer en este país es con el medio ambiente.

Creo que una de las reconciliaciones que tenemos que hacer en este país es con el medio ambiente

¿La presencia de las Farc no pudo haber ayudado, de cierta manera?

Yo no les daría ese crédito. Puede ser posible que por la presencia de las Farc algunas actividades no se hayan desarrollado, aunque hay que tener en cuenta que fueron ellos mismos quienes propiciaron actividades que destruyen el medio ambiente, como el narcotráfico, la minería ilegal o la voladura de oleoductos.

¿Cómo los procesos de reintegración van a ayudar en procesos de conservación?

Hay unos objetivos específicos de utilizar una parte importante de los reinsertados en actividades de conservación de bosques y área protegidas. Ya se están capacitando, pero la reintegración es un proceso. El 70 por ciento de las personas que están ahí no saben leer ni escribir. Así que tenemos que ir poco a poco, capacitándolos, y ellos mismos eligiendo las actividades que quieran hacer.

Unos quieren ser panaderos, otros quieren estudiar, otros quieren quedarse en el campo y aprender sobre agroindustria; en fin, es una discusión interna que también ellos tienen. Nosotros lo que hemos hecho es facilitar para que escojan y se adapten de la mejor forma posible a esta nueva vida.

¿Cuál sería el reto ambiental más importante para el próximo gobierno?

Concientizar y articular a todas las entidades y colombianos sobre la importancia de nuestro medio ambiente y biodiversidad, seguir protegiendo lo que ya está declarado como área protegida porque una cosa es declararla y otra distinta protegerla en la realidad, lograr una verdadera política de crecimiento verde y reforestar más. También combatir la minería ilegal con igual o más contundencia que el narcotráfico pues es una fuente de recursos para la violencia pero además es muy contaminante.

¿Qué meta ambiental le faltó por cumplir?


Disminuir la deforestación, las demás creo que las hemos venido cumpliendo. Me hubiera gustado tener una menor deforestación pero si uno analiza lo que ha sucedido, el ritmo de deforestación anterior era mucho más alto. Ojalá podamos lograr ese objetivo de cero deforestación, especialmente en la Amazonía.

De hecho ahí hay una controversial carretera que está quebrando el bosque, la Marginal de la Selva…

Que no se va a hacer porque desde el punto de vista ambiental me parece que sería totalmente contraproducente. Estamos destruyendo algunas de las carreteras que construyeron las Farc en su momento y que están siendo utilizadas por muchas personas para ver si valorizan la tierra, y luego quemarla para ver si así las titulan. Eso no va a suceder y vamos a destruir muchas de las carreteras ilegales y clandestinas que hay.

¿Le parece que la economía de Colombia es coherente con el hecho de que seamos el segundo país más biodiverso del mundo?


Pues estamos avanzando como nunca antes, pero soy el primero en reconocer que nos falta muchísimo por hacer y por concientizar. Todavía hay demasiados colombianos a los que el medio ambiente no les preocupa, pero lo que hemos estado avanzando en los últimos años ha sido muy importante.

En el Plan de Desarrollo tenemos un plan de crecimiento verde, que ha sido una política transversal, y que no se hace de la noche a la mañana sino que poco a poco vamos migrando hacia allá. Fuimos el primer país en poner un impuesto al carbono, un impuesto a las bolsas plásticas, propusimos los Objetivos de Desarrollo Sostenible en la Cumbre Rio 2012, tuvimos una activa participación en el Acuerdo de París (COP 21), tenemos un Plan Nacional de Cambio Climático, y otras medidas que nos hacen acercarnos a una economía verde, o por lo menos de desarrollo sostenible.

TATIANA PARDO IBARRA
tatpar@eltiempo.com@Tatipardo2

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